Mila, de contable a trabajar en la última lencería de un pueblo de Navarra: “Me reinventé y aquí sigo”
Cambiar una mesa de contabilidad por un mostrador no suele estar en los planes de cualquiera. Pero Mila Juanena Juanena lo hizo. Con 58 años y después de trabajar como administrativa y contable, dio un giro a su vida laboral en Navarra y se puso al frente de un negocio de los de toda la vida. “Me reinventé y ya está”, resume, sin dramatismos.
Hoy atiende la mercería lencería Mila en Zizur Mayor, en el parque Erreniega 21, a apenas tres kilómetros de Pamplona. Lleva diez años en la tienda y lo hace prácticamente todo: abrir, vender, aconsejar, coser, gestionar encargos y, en muchas ocasiones, sacar una sonrisa al otro lado del mostrador.
“Vivo en Zizur. Estoy contenta. La gente responde y tengo un público muy fiel. La gente viene, responde y todo va muy bien. Trabajo yo sola en la tienda. Da para vivir y no me puedo quejar”, cuenta. El secreto, dice, está en el trato cercano y en que la clientela repite. Y eso, en un comercio pequeño, lo es todo.
La historia de Mila no empieza entre hilos y botones, sino entre números. Durante años trabajó como contable, hasta que la vida le puso delante una oportunidad inesperada. “Yo nunca había hecho esto”, reconoce. El empujón llegó cuando cerró una mercería de la zona: “Se cerró una mercería (Olga) que estaba más arriba. Me cambié de local y aquí estamos”. Y ahí fue cuando su “reinventarse” dejó de ser una frase bonita para convertirse en rutina diaria.
En Zizur Mayor, además, la tienda ha ganado un papel especial con el paso del tiempo. “No hay más tiendas de este tipo en Zizur. Es la única que vende ropa, cosas de pijamas interiores, batas. No sé si soy imprescindible, pero es la única tienda que queda de este tipo”, explica. Lo dice sin dar lecciones, pero con la sensación clara de que algo se está perdiendo en muchos pueblos.
Lo ha visto de cerca también en su lugar de origen. Mila, natural de Santesteban, recuerda el cierre reciente de la centenaria tienda de Maite Ibarrola, dedicada a lo mismo. “Cerró después de muchos años porque no había relevo”, relata. Una frase que se repite demasiado en el pequeño comercio.
En su establecimiento hay más que lencería. Se venden interiores, pijamería, batas y también hay un rincón para la mercería y los hilos. “Tengo un poco de todo para caballero con interiores y pijamería. Para mujeres tenemos moda con casas muy conocidas como Chantelle, Selene, Triumph o Egatex de Estella. Hay cosas que se venden solas porque son buenas marcas y la gente repite”, señala.
Y, como en las tiendas de antes, se hace de todo lo que la gente necesita: arreglos, trabajos de costura y también tintorería. “Un poco de todo. Las batas de colegio cuando es la temporada, trabajos de ropa de Olentzero en Navidad. Mucho regalo de interiores, guantes… A gusto”, enumera, como quien repasa un día normal de trabajo.
El horario de invierno también está bien marcado: abre de 9.30 a 13.30 horas y de 16.30 a 19.30, y los sábados de 10 a 13.30 horas, aunque no siempre es fácil predecir cómo irá la mañana. “Es más incierto, hay sábados con más trabajo y otros con menos”, admite.
Ser autónoma, añade, tiene su letra pequeña. “Es lo que tiene un autónomo. Hay que trabajar”, suelta, con ese tono práctico de quien no necesita adornar demasiado las cosas. Y pese a que la tienda la lleva ella sola, no está completamente sola en el proyecto: su familia también empuja cuando toca. “Mi hija Andrea, de 28 años, me ayuda en la época de Navidades y conoce el negocio”. Y en la parte más numérica, vuelve a aparecer su vida anterior: “Mi marido, Alberto, me ayuda con la contabilidad. Hay que estar”.
Sobre el futuro, Mila no vende humo. “No sabemos. Queda mucho, pero es difícil. Nadie quiere meterse en esto. Arriesgas dinero”, explica cuando se le pregunta por un posible relevo. La frase no suena a queja, suena a realidad.
Y mientras tanto, la clientela sigue entrando por la puerta y dejando constancia de lo que se encuentra. Las reseñas en redes sociales son un buen termómetro. Una persona escribe: “La mejor Mercería en trato personal y variedad de género de ropa, tanto de ropa interior y de vestir”. Otra destaca: “Trato amable y muy rápido y unas excelentes personas en el trato personal”. Y una tercera lo resume con sencillez: “Muy buen género y muy buena atención, una sonrisa siempre se agradece”.