Los hermanos de Pamplona que mantienen la tienda familiar de fotos que abrió su padre: “Está volviendo el carrete"
Laura y Óscar Turrillas Lacabe llevan toda una vida rodeados de cámaras, carretes y fotos recién reveladas. Son hermanos, son de Pamplona y están al frente de un negocio familiar que ha visto pasar modas, tecnologías y generaciones enteras. Y ahora, en plena era del móvil y las pantallas, se encuentran con una frase que les sale casi sin pensar: “Está volviendo el carrete”.
La escena ocurre cada día en Fotografía Turgel, en la calle Felipe Gorriti 26, en pleno Segundo Ensanche de la capital navarra. Muy cerca de otros establecimientos que hemos conocido. Allí siguen atendiendo detrás del mostrador, entre álbumes, marcos y material fotográfico, mientras comprueban que lo analógico vuelve a tener tirón, sobre todo entre gente joven.
El estudio abrió sus puertas en 1962, hace ya casi 64 años, y desde entonces ha sido un lugar de referencia para quienes buscan algo más que una imagen en el teléfono. “Somos una segunda generación. Comenzó mi padre, Ángel Turrillas Irigoyen, hace más de 60 años”, explica Laura, hija del fundador.
El negocio no siempre estuvo en el mismo sitio. “Primero estábamos en la avenida de Carlos III y luego pasamos al local actual, donde pusimos el estudio y el laboratorio. Nos hemos quedado aquí por centralizar un poco todo”, relata. En ese traslado también se fue consolidando la manera de trabajar: concentrarlo todo en un mismo punto y no perder el contacto directo con la gente.
En el caso de los dos hermanos, la fotografía no fue una decisión puntual, sino algo que venía “de serie”. “Llevamos aquí de siempre. Yo estudié decoración, pero al final estás siempre ayudando en casa y nos gustaba la fotografía. La hemos vivido desde siempre. Nada más acabar de estudiar nos pusimos a ello y aquí seguimos”, cuenta Laura.
Hoy, Laura tiene 60 años y Óscar, 58. Y aunque ambos mantienen el negocio con ganas, no esconden una realidad que se repite en muchos comercios tradicionales. “Aún nos queda un poquito todavía. No hay relevo en la familia. Nuestros hijos se han ido por otros derroteros, como sucede en casi todos los comercios. No tiene relevo, pero nosotros seguimos con ilusión, de momento”, afirma.
En ese “seguir” también ha habido que adaptarse, y mucho. La irrupción del digital lo cambió todo, pero en Turgel nunca dejaron del todo el revelado. “La fotografía ha cambiado mucho… primero con el tema digital, pero seguimos revelando. Pusimos la primera máquina de revelado en una hora hace muchos años y seguimos revelando”, explica Laura.
Lo curioso es que, después de años de pantallas, empieza a volver el gusto por tocar la foto, guardarla y regalarla. “Ahora en general a la gente le gusta otra vez tener la foto en papel, aunque sea para regalar a la familia”, apunta. Y a partir de ahí, el abanico se amplía: “Hacemos también personalizaciones, álbumes digitales, lienzos, ampliaciones…”.
Pero el detalle que más les llama la atención llega por la puerta con aire joven y una cámara que parecía olvidada en un cajón. “Está volviendo la moda de la foto en papel. La gente joven ha recuperado las cámaras de rollo y hace fotos analógicas con rollos de 135. Es una cosa como los vinilos, que están volviendo”, describe.
A lo largo de los años, el negocio también ha ido sumando servicios para sobrevivir y seguir siendo útil. Ofrecen fotógrafos para bodas, cuentan con fotomatón propio para eventos y realizan “todo tipo de reportajes”. También mantienen la fotografía de estudio, además de venta de cámaras, videocámaras, accesorios, material fotográfico y ofertas.
El tamaño de la empresa también refleja la evolución del sector. “Esto empezó con un matrimonio, luego con más empleados hasta llegar a 11 personas en los años 80. Creció hasta el año 2000 y ahora estamos tres y medio. Toca adaptarse”, explica Laura, con la naturalidad de quien ha vivido todas esas etapas desde dentro.
En el día a día, además del revelado y la impresión, hay productos y trabajos que siguen sosteniendo el negocio. “Ahora se demanda también el álbum, el portarretrato, la enmarcación a medida y seguimos haciendo reportajes, fotos de estudio…”, enumera. Y hay un clásico que no falla, con temporadas especialmente intensas: “La foto de carné tiene épocas de trabajo muy fuertes con los colegios en agosto y septiembre con niños pequeños. Navidad ha sido un buen momento”, añade.
Las reseñas que dejan los clientes en redes sociales suelen reforzar esa idea de trato cercano y oficio. Una de ellas destaca: “Una maravilla de sitio para hacer fotos de carnet a los niños… he estado esta mañana con mi hijo de 4 años y la mujer que nos ha atendido ha sido encantadora”.
Otra subraya “excelente atención al cliente y calidad en el trabajo”. Y también hay quien recuerda su experiencia en una fecha especial: “Nos hicieron las fotos de la boda y estamos encantados… el fotógrafo Ander es encantador y muy agradable”.