Comercio Local

Los hermanos de Pamplona que arreglan en su tienda lo que muchos tiran: “Hay gente buena y aguantas por eso”

Los hermanos Elena y Manolo Aristu Vitas en la tienda Larvit de Pamplona. Navarra.com
El comercio familiar suma 77 años de historia en Pamplona y sigue arreglando aspiradoras, cafeteras, planchas y máquinas de afeitar.

Los hermanos Elena y Manolo Aristu Vitas, de 62 y 60 años, siguen sacando adelante uno de esos negocios que ya casi no quedan. Son la tercera generación de una familia dedicada a arreglar aparatos en Pamplona y mantienen vivo un oficio que ha sobrevivido al paso del tiempo, a los cambios de consumo y a esa costumbre cada vez más extendida de tirar antes que reparar.

Al frente de Larvit, en la calle Amaya 26 del segundo Ensanche de Pamplona, ambos continúan con una pequeña tienda familiar de reparación de electrodomésticos que acumula ya 77 años de historia. El nombre del local sale de sus dos apellidos y el establecimiento forma parte de ese comercio de toda la vida que todavía resiste en el centro de la ciudad, muy cerca de otros negocios conocidos como Trofeos Sago, de Conchi Gómez, o la lencería paragüería Aremar.

En la fachada del local hay una frase que resume su trayectoria: “Casa fundada en 1949”. Detrás de esa fecha hay una historia familiar que ha ido pasando de unas manos a otras. “Somos tercera generación con el abuelo Félix primero y nuestro padre Luis después”, cuentan los hermanos, que hoy siguen detrás del mostrador y en el taller con la experiencia de quien ha crecido entre piezas, motores y aparatos desmontados.

Según explican, el abuelo empezó rebobinando motores de ascensores y, con el tiempo, el padre fue ampliando el trabajo hacia la reparación de pequeños aparatos. Más tarde también arreglaba lavadoras y frigoríficos, en pleno boom de los electrodomésticos en las casas durante los años 70. Ahora, detallan, lo que más entra en el taller son aspiradoras, cafeteras, planchas, máquinas de afeitar y otros aparatos de casa.

Además, Larvit trabaja como servicio técnico oficial de marcas muy conocidas como Bosch, Siemens, Braun, Moulinex, Taurus, Rowenta y Miele, entre otras. Esa especialización les ha permitido mantenerse durante décadas en un sector que ha ido reduciendo su presencia en la ciudad.

Manolo lleva casi 40 años en la tienda y su hermana, explican, un tiempo parecido. Los dos han estado ligados al negocio desde pequeños. “Desde pequeños siempre estamos vinculados a esto, siempre fisgoneando. Mi madre también trabajaba en el taller”, recuerdan, al hablar de una infancia marcada por el ambiente del trabajo familiar.

La posibilidad de que haya una cuarta generación al frente del negocio existe, pero de momento no está nada clara. “Se lo están pensando. Han estudiado de esto pero es duro”, admiten. Los hermanos no esconden que el oficio ha cambiado mucho y que hoy cuesta más mantenerlo que hace años. “No hay tanto cliente como antes. Ahora no se repara tanto como antes, sino de comprar y tirar. No hay tanta concienciación de reparar. Antes se compraba más en tiendas y ahora en las grandes superficies”, lamentan.

Pese a todo, siguen en el local y aseguran que están contentos “a ratos”. A Manolo le gusta mucho su trabajo, aunque reconoce que una de las partes más ingratas llega cuando entra por la puerta alguien enfadado porque se le ha roto un aparato y quiere una solución inmediata. “Lo que no me gusta es que la gente venga enfadada porque se le ha roto el aparato o que te metan mucha prisa para que lo repares cuanto antes. Lo que me molesta es la presión”, señala.

Esa presión forma parte del día a día en un taller como el suyo. “Tenemos que torear con la presión y con el humor de la gente”, comentan. Aun así, no todo es desgaste. También hablan de esos clientes de siempre que les conocen desde hace años y que siguen confiando en ellos por el trato y por el servicio que reciben cada vez que dejan allí un aparato averiado.

Los hermanos son conscientes de que su tienda forma parte de una especie en extinción. Larvit es uno de los pocos establecimientos especializados en pequeños electrodomésticos que siguen abiertos en Pamplona. “Queda alguna en la calle Monasterio de Irache, pero ya pocos. Cada vez menos e iremos desapareciendo”, advierten, con la naturalidad de quien conoce bien cómo ha cambiado el sector.

También han adaptado el negocio a su propia forma de vida. El horario actual es de 7 de la mañana a 14 horas, una franja que, explican, viene bien a quienes empiezan a trabajar a las 8 y pueden acercarse antes. “Hace años abríamos también por la tarde, pero era estar todo el día y decidimos cambiar para tener más calidad de vida”, explican.

Ni siquiera las vacaciones son largas. “La semanica de San Fermín”, responden cuando se les pregunta por el descanso. Recuerdan que cuando su hermano Carlos se jubiló hace casi cuatro años en la tienda era más fácil organizarse por turnos. Ahora, en cambio, apenas cierran cuando es fiesta. “Uno solo no se puede quedar, pero estamos a gusto. Hay gente buena y aguantas por eso. Uno aprende aquí solo. Somos autodidactas”, relatan.

La buena imagen del negocio también se ha colado en las reseñas que dejan algunos clientes en redes sociales. Una de ellas destaca: “Me habían hablado muy bien de Larvit, y tengo que decir que el servicio ha sido increíble, me han ayudado con mi cafetera rota. Tengo que destacar la atención de Helena, gracias por estar tan atenta!!!!. Volveré sin duda”.

Otra reseña insiste en la misma idea: “Excelente atención y servicio. He llevado a reparar la plancha y la experiencia ha sido muy buena. La atención recibida ha sido estupenda, con un personal muy amable y empático que te hace sentir en buenas manos desde el primer momento. Sin duda, volveré si lo necesito. ¡Muy recomendable!”.