Ha durado menos de dos meses en el centro de Pamplona. La cafetería abrió sus puertas el 30 de enero en la calle Comedias 21, en pleno Casco Viejo, y ya ha cerrado para los clientes, pese a que la previsión era resistir las semanas de mal tiempo hasta llegar a Semana Santa y afrontar entonces el negocio con una meteorología más favorable y más movimiento en la calle.
El local ocupaba el mismo espacio en el que antes estuvo El Rincón del Pana, en una zona de paso constante, con vecinos, personas que entran y salen del centro y también curiosos que se detienen a descubrir qué hay de nuevo en una de las calles más conocidas de la ciudad.
Detrás del proyecto estaba Alexandra Yela Pulgarín, de Ecuador, que decidió ponerse al frente del negocio, El KapI, después de toda una vida ligada a la hostelería. “Llevo 30 años en España. Los cuatro primeros en Madrid y el resto en Pamplona”, relató en su momento a Navarra.com.
La propuesta de El KapI llegaba con una fórmula sencilla, pero muy apetecible: café de calidad, bollería casera y una carta pensada para quienes van con prisa, pero no quieren renunciar a desayunar bien. La parte dulce tenía mucho peso desde el principio, con una oferta muy enfocada al desayuno y a los primeros pinchos del día.
“Pastelería casera con pinchos a la mañana, con tostadas, churros con chocolate”, detalló Alexandra al explicar una carta que buscaba combinar producto casero y opciones reconocibles para el cliente habitual. El horario matinal iba de 9.30 a 14.00 horas.
Por la tarde, el establecimiento reabría desde las 17.30 horas con una propuesta más pensada para la merienda o el picoteo rápido. En esa segunda franja aparecían batidos, zumos naturales y una parte salada que no quería dejar fuera algunos clásicos con tirón. “Que no falte la tortilla de patata, tostadas con jamón, con tomate”, enumeró.
La dueña también quiso dar espacio a una mezcla de sabores que reflejaba su propia trayectoria y su manera de entender el negocio. “Hay cosas latinas y españolas”, explicó sobre una carta diseñada para conectar con públicos distintos en una zona muy transitada de la ciudad.
Hasta el nombre del local tenía una historia familiar detrás. Alexandra contó que la idea nació de su hijo pequeño, de ocho años, un apasionado de las capibaras. “El nombre de El KapI fue una idea de mi hijo menor, que tiene ocho años. Le encantan las capivaras, que son gorditos, y fue idea de él”, recordó.
La propuesta le encajó desde el primer momento. “Me dijo que le pongamos El KapI, que es fácil de recordar”, relató. Después llegó también la carga simbólica que ella quiso darle al negocio: “Es bonito porque es un animal sociable y tranquilo”. Y remató con un detalle muy personal sobre la grafía elegida: “Le puse con K para que no parezca como de capitán”.