Marta, la navarra que cumple 40 años en su pescadería de Pamplona: “Me quiero jubilar aquí”
Marta Alday Merino lleva 40 años con las manos en el oficio y la vista entrenada para distinguir, a primera vista, lo que está “para hoy” y lo que merece esperar en su tienda de la capital navarra. Tiene 58 años y ha pasado media vida detrás de un mostrador que conoce como la palma de su mano. Lo dice sin postureos y con una sonrisa que se intuye aunque no la veas: “Me quiero jubilar aquí”.
Su historia está pegada a una esquina muy concreta de Pamplona. La pescadería Alday, en la calle Monasterio de Aberin 1, sigue siendo un clásico del barrio de San Juan, a un paso de otros comercios de toda la vida como la ferretería Gárate. Un local amplio, con mucha luz, donde la gente entra con prisa… y sale con el pescado pensado, limpio y listo.
Marta empezó en esto con 17 años, cuando aún no sabía ni por dónde se cogía el oficio. Su padre, Jesús Alday Pérez de Arrilucea, era mayorista de pescado y tenía un puesto en Mercairuña. Surgió una pescadería en traspaso, él la cogió y ella se encontró de golpe aprendiendo a toda velocidad. “Tuve la facilidad de que mi padre me mandaba el pescado. Cogí aquí un empleado que me enseñó a trabajar el pescado porque yo no sabía nada. Gracias a él y a mi padre he aprendido todo lo que sé del pescado”, rememora.
Han pasado cuatro décadas y la frase que mejor resume la travesía es simple: “Seguimos funcionando”. Marta no idealiza nada. Habla de la marcha del negocio “con sus crisis”, pero también de una constancia que se nota en la clientela y en el ritmo diario. Y ahí entra otra pieza clave: desde hace casi siete años trabaja con Eliana Arias, ecuatoriana, de 37 años, con la que comparte el día a día. Las dos aseguran estar contentas con cómo va la pescadería.
Entre las dos han visto cambiar el barrio, los horarios y hasta la forma de comprar. “El barrio ha cambiado mucho en todos estos años. Empecé trabajando con familias jóvenes que se han hecho mayores y ahora se está renovando otra vez. Tengo hijas de clientas que vienen para cumpleaños y Navidades”, cuenta Marta, que se queda con lo que no falla: “El servicio y la atención… Mantengo toda la clientela”.
La pescadería también se ha adaptado a las nuevas costumbres. Atienden encargos por WhatsApp y han notado cómo el pescado ha dejado de ser “territorio exclusivo” del comercio pequeño. “Ahora se reparte el trabajo porque las grandes superficies tienen pescado y antes no”, explica. Hubo épocas con más personal: “Hemos tenido hasta tres empleadas conmigo, pero estamos contentas”, resume.
El negocio, además, no se queda solo en el mostrador de San Juan. La familia Alday —los hermanos Carlos e Isabel— tiene un almacén de distribución de congelado con marisco vivo en el polígono Talluntxe, lo que les permite ampliar género. Marta lo detalla sin rodeos: vende pescado fresco “de muy buena calidad”, bastante congelado y marisco vivo. Y añade un extra que muchos clientes agradecen: “El marisco lo puedo vender cocido también porque me lo proporcionan en el mismo almacén”.
Quien compra aquí suele repetir, y también por eso el surtido se ha ido abriendo. Además del pescado, ofrecen conservas, bacalao, pulpo, miel y arroz. En cuanto a lo que más sale, Marta lo tiene medido al milímetro: “Lo que más se vende es el gallo, la merluza, la anchoa y el salmón”. Y cuando llega diciembre, el marisco sube el listón: “La Navidad ha ido muy bien con el marisco y es un empujoncito que ayuda mucho. En invierno es cuando más vendemos”.
En casa no hay relevo claro. “Yo no tengo hijos y los sobrinos no pinta que sean relevo, salvo que se la quede Eliana dentro de unos años”, comenta. Mientras tanto, la pescadería sigue sumando pequeños detalles que sorprenden: también venden barras de helado de nata y vainilla, y sorbetes de limón y mandarina.
El horario se mantiene sin letra pequeña: abren de martes a sábado, de 9 a 14 horas, y por la tarde está cerrado. Y en redes, las reseñas han dejado mensajes que se repiten con facilidad. “Producto fresco y gente amable y cordial”, escribe un cliente. Otro destaca: “Muy buena atención y producto de 10”. Y una tercera opinión pone el foco en el escaparate más tentador: “Impresionante el marisco que tienen. Centollo, gambas, gambones, bogavante... Si eres fan del marisco, esta es tu pescadería”.
Marta, a sus 58, no habla de grandes planes ni de cambios radicales. Habla de trabajo, de barrio y de seguir. “Yo estoy contenta. Me gusta mucho mi trabajo”, dice, y lo remata con la frase que le sale casi automática, como cuando se afila un cuchillo sin mirar: “Quiero jubilarme aquí”.