Madre e hija en la última mercería que resiste en un pueblo de Navarra: “Lo veo más como un servicio”
María Ángeles Pueyo Remón levanta cada día la persiana con una idea clara: mantener viva una tienda que muchas vecinas consideran imprescindible y que hoy es la última del sector en un pueblo de Navarra.
Mercería María Ángeles, en Sangüesa, queda como la única mercería que sigue abierta. El local es pequeño, pero está repleto de género, con ese aire de las tiendas antiguas que guardan de todo y donde el consejo vale casi tanto como el producto.
La dueña, de Sangüesa, atiende a las clientas desde el mostrador. Explica que se ha quedado sola al frente desde 2007, aunque recuerda que la mercería ha cumplido 52 años. “Llevo yo sola en la tienda desde el 2007 pero esta mercería tiene 52 años. A mí me queda todavía”, ha dicho.
El origen está a Singer. La mercería empezó siendo una tienda de máquinas de coser y su madre, Sagrario Remón Compains, vendía esas máquinas y enseñaba a bordar. “Empezó a traer cositas y a partir de ahí se convirtió en lo que es ahora”, cuenta María Ángeles.
Sagrario, también natural de Sangüesa,recuerda cómo dio el primer paso: “Primero abrí la tienda con máquinas de coser. Sabía bordar y me compré una máquina automática”. Fue entonces cuando el viajante que se la vendió le propuso venderlas allí y que, además, ella tenía que enseñar a usarlas.
La tienda también ha sido escuela. Sagrario explica que enseñaba el manejo de las máquinas y que daba clases a chicas jóvenes de 18 a 20 horas, cuando salían del trabajo. Y, poco a poco, la necesidad fue ampliando el negocio: “Para bordar hacían falta hilos y tuve que comprar. Me fui metiendo y se llegó a esto”.
El relevo ha llegado con realismo. Sagrario se ha jubilado y su hija ha tomado el testigo. María Ángeles señala que su madre tiene 85 años y que el negocio “va aguantando”, aunque admite que no ha sido especialmente rentable.
María Ángeles asegura que la tienda ha seguido abierta porque el local es de su madre y que, con un alquiler, “no daría”. Por eso remata con la frase que resume su manera de entender el trabajo: “Yo más lo veo como un servicio al pueblo”.
La clientela pasa por allí casi por costumbre y necesidad. La propietaria subraya que es la única mercería y que “todas las señoras” terminan entrando, muchas veces a por algo concreto y otras a pedir orientación. Y reconoce que le llena de orgullo orgullo escuchar aquellos de: “Más vale que estás tú, adónde íbamos a ir”.
La tienda ha sido también punto de paso para gente de fuera. María Ángeles presume de conocer a todo el pueblo, pero también a muchos de pueblos de los alrededores. Además, el hecho de estar junto a un supermercado ha servido para que las mañanas sean más movidas. "Las tardes van a otro ritmo, marcadas por el tiempo. Dependen del tiempo que haga. En invierno se nota más actividad porque se compra lana y muchas personas se animan con labores", dice. Y es que es de las que consideran que "el invierno trae ganchillo y costura".
En la mercería tienen todo tipo de productos relacionado con las labores, pero además, no faltan calcetines, pijamas de adulto, interiores, medias e hilos “de todo tipo con buenas marcas”. También destacado “todo lo que implica labores” y el apartado de manualidades, que ha descrito como “de moda y en auge”.