Comercio Local

La tienda de los garroticos de Pamplona que siempre tiene cola en la calle y guarda un dulce secreto desde 1969

Una fila de clientes esperando junto a la tienda pastas Beatriz en la calle Curia de Pamplona. Navarra.com
Un pequeño hojaldre relleno de chocolate ha convertido a esta histórica tienda pamplonesa en una parada habitual para vecinos y turistas.

Hay una tienda en el Casco Viejo de Pamplona donde las colas de clientes forman parte del paisaje. Da igual que haya que esperar en la calle: el premio está al otro lado del mostrador y tiene sabor a chocolate.

Se trata de Pastas Beatriz, uno de los comercios más queridos de la capital navarra, situado en el número 16 de la calle Curia, muy cerca de la Catedral de Pamplona. Su especialidad son los famosos garroticos artesanos, unos pequeños hojaldres rellenos de chocolate que han conquistado a varias generaciones.

La historia de este negocio comenzó en 1969, en el número 22 de la calle Estafeta. Desde entonces, sus dulces se han convertido en una de las señas de identidad de la repostería pamplonesa. En 2019, la familia decidió ampliar el negocio con una segunda tienda en Curia, sin abandonar su establecimiento original.

Han pasado 57 años desde su fundación y siete desde aquella ampliación, pero el éxito continúa. Las largas filas de personas esperando para comprar una caja de garroticos son una escena habitual que llama la atención de quienes pasean por esta calle del centro histórico.

De una tienda de ultramarinos a un símbolo de Pamplona

Para conocer los orígenes de Pastas Beatriz hay que retroceder hasta 1969. Aquel año, Pablo Saraldi se hizo cargo de un establecimiento en la calle Estafeta y lo bautizó con el nombre de su esposa, Beatriz.

El local tenía una historia anterior vinculada al comercio de alimentación y al chocolate. Sin embargo, fue con la elaboración de pastas artesanas cuando comenzó a construirse la fama que todavía conserva.

El siguiente gran cambio llegó en 1991, cuando las hermanas Lourdes y Asunción Gómez Tellechea, procedentes de Ezkurra, tomaron el relevo del negocio. Ambas aprendieron las recetas del anterior propietario y mantuvieron la elaboración tradicional, incorporando nuevas técnicas y productos.

Aquella combinación de experiencia, trabajo y repostería artesanal permitió que la pequeña tienda de Estafeta ganara cada vez más clientes. Con el paso de los años, el establecimiento se quedó pequeño y las colas comenzaron a convertirse en una de sus imágenes más reconocibles.

La apertura de la calle Curia que se hizo esperar seis años

El 18 de mayo de 2019 fue una fecha especialmente importante para Pastas Beatriz. Después de varios años de espera, la familia inauguró su segundo establecimiento en el número 16 de la calle Curia.

La apertura se había anunciado mucho antes, pero las obras del edificio retrasaron el proyecto durante aproximadamente seis años. Durante los trabajos aparecieron antiguos arcos que obligaron a revisar la intervención y estudiar cómo continuar con la reforma.

La inauguración fue una auténtica celebración en el Casco Viejo. Hubo grupos musicales, un coro, txistularis y zarpantzar, que acompañaron a la familia en una jornada especialmente emotiva.

Los responsables del negocio habían comenzado a trabajar a las cuatro de la madrugada para preparar las primeras hornadas y dejar todo organizado. La ilusión era grande después de tantos años esperando aquel momento.

El nuevo establecimiento incorporó un obrador, un almacén, una zona específica para trabajar el chocolate y un espacio de atención al público. Su diseño apostó por una imagen más moderna, aunque conservando el carácter tradicional de la marca.

Además, la apertura no significó el cierre de la tienda histórica. La intención de la familia era mantener los dos establecimientos, el de Estafeta 22 y el de Curia 16, para continuar elaborando y vendiendo sus productos.

El secreto de los garroticos que conquistan a vecinos y turistas

Buena parte del éxito de Pastas Beatriz tiene un protagonista indiscutible: el garrotico de chocolate. Se trata de un pequeño dulce elaborado con hojaldre, crujiente por fuera y con un relleno de chocolate que se funde en la boca.

Su tamaño permite comerlo en pocos bocados, aunque no siempre resulta fácil conformarse con uno solo. Esa combinación de hojaldre y chocolate ha convertido los garroticos en uno de los productos más conocidos de la pastelería.

La elaboración artesanal es una de las características que la familia ha mantenido desde sus orígenes. Las recetas originales han pasado de una generación a otra y siguen siendo una parte fundamental de la identidad del establecimiento.

En la inauguración de 2019, el negocio llegó a explicar que elaboraba alrededor de 2.400 garroticos diarios. Una cifra que permite hacerse una idea del trabajo que había detrás de aquellos pequeños dulces.

La oferta también incluye otras pastas caseras y diferentes versiones de los garroticos. Entre ellas figura la variedad rellena de chocolate blanco, aunque el clásico de chocolate continúa siendo el producto más representativo.

En enero de 2025, los garroticos volvieron a protagonizar un reportaje sobre los dulces más característicos de Pamplona. Entonces se destacaba que numerosas personas que visitaban la ciudad se acercaban a la pastelería para llevarse una caja como recuerdo gastronómico.

En aquel momento, el precio publicado era de 14 euros el kilo, con cajas de medio kilo por 7 euros y de kilo y medio por 20 euros. Se trata de precios correspondientes a enero de 2025, que pueden haber cambiado.

Los famosos garroticos de Pastas Beatriz. PABLO LASAOSA.

Un negocio familiar que ha sabido crecer sin perder sus raíces

La continuidad de Pastas Beatriz también está relacionada con el relevo familiar. Tras décadas de dedicación de Lourdes y Asunción Gómez Tellechea, una nueva generación se ha incorporado al trabajo del obrador.

Uno de sus integrantes es Jon Andueza Gómez, hijo de Lourdes, que ha participado en la evolución del negocio y en la actividad del establecimiento de la calle Curia.

La ampliación de 2019 permitió disponer de más espacio para trabajar y atender a los clientes. Hasta entonces, el pequeño local de Estafeta había llegado a una situación en la que prácticamente toda la producción encontraba comprador.

El nuevo establecimiento también ha acercado los garroticos a quienes recorren la zona de la Catedral, uno de los lugares más visitados del Casco Viejo de Pamplona.

En la calle Curia, entre vecinos, visitantes y peregrinos que atraviesan el centro histórico, Pastas Beatriz continúa siendo una parada habitual. Y las colas que se forman ante su puerta siguen recordando el éxito de aquel pequeño negocio que nació en Estafeta en 1969.