Frases para la Historia

Santiago Ramón y Cajal, el Nobel nacido en Navarra: "Todo hombre puede ser escultor de su propio cerebro"

Santiago Ramón y Cajal y la casa museo de Petilla de Aragón.
El científico nacido en Petilla de Aragón dejó escrita en 1898 una de sus reflexiones más conocidas sobre el esfuerzo y la capacidad de transformar la inteligencia. Años después recibiría el Premio Nobel de Medicina.

Una frase de Santiago Ramón y Cajal ha sobrevivido más de un siglo y sigue apareciendo asociada al aprendizaje, la educación y la superación personal. Pero, a diferencia de otras citas históricas que han terminado atribuyéndose a personajes famosos sin pruebas, en este caso existen pocas dudas sobre su autenticidad.

El científico nacido en Petilla de Aragón, en Navarra, escribió: "Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro". La frase aparece en Reglas y consejos sobre investigación científica, una de sus obras más conocidas, y concretamente en el prólogo de su segunda edición, fechado en Madrid el 20 de diciembre de 1898.

Cajal no estaba hablando entonces de neuroplasticidad en el sentido científico con el que hoy se utiliza ese concepto. Su reflexión tenía que ver fundamentalmente con la educación, la disciplina, el trabajo y la capacidad de una persona para desarrollar sus facultades.

De hecho, la frase completa iba más allá. Tras asegurar que una persona podía convertirse en "escultor de su propio cerebro", comparaba las capacidades humanas con una tierra que, aunque inicialmente fuera pobre, podía ofrecer buenos resultados si era adecuadamente cultivada.

Era una idea muy relacionada con la visión que Cajal tenía de la investigación científica. Para él, las grandes aportaciones no estaban reservadas exclusivamente a personas dotadas de una inteligencia extraordinaria. La constancia, la formación y la perseverancia podían tener un papel decisivo.

SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL NACIÓ EN NAVARRA

La vinculación de Cajal con Navarra comienza desde su nacimiento. Vino al mundo el 1 de mayo de 1852 en Petilla de Aragón, un pequeño municipio navarro situado completamente dentro del territorio de Aragón.

El propio científico dejó constancia de aquella singularidad en sus memorias. Al recordar su nacimiento, definió Petilla como un "humilde lugar de Navarra" situado, por una peculiaridad geográfica, en medio de la provincia de Zaragoza.

Y no se trata únicamente de una particularidad histórica. Petilla de Aragón continúa perteneciendo a Navarra y es el único enclave geográfico de la Comunidad Foral situado en territorio aragonés. El Gobierno de Navarra recuerda, además, que pasó a formar parte del reino navarro en 1209.

Cajal pasó únicamente sus primeros años allí, ya que la profesión de su padre, Justo Ramón Casasús, llevó a la familia a trasladarse posteriormente a otras localidades. Sin embargo, Petilla ha conservado hasta nuestros días el recuerdo de su vecino más universal y mantiene su casa natal como espacio dedicado a su figura.

EL NOBEL QUE CAMBIÓ EL ESTUDIO DEL CEREBRO

Décadas después de abandonar aquel pequeño pueblo navarro, Santiago Ramón y Cajal se convirtió en una de las grandes figuras de la historia de la ciencia española.

Sus investigaciones permitieron avanzar de manera decisiva en el conocimiento de la estructura del sistema nervioso. En 1906 recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina, compartido con el científico italiano Camillo Golgi, precisamente por sus trabajos en este campo.

Su trabajo con el microscopio y sus extraordinarios dibujos de las células nerviosas contribuyeron a establecer las bases de la neurociencia moderna. El propio Gobierno de Navarra sigue presentándolo actualmente como padre de la neurociencia moderna y ha impulsado diferentes iniciativas para mantener vivo su legado científico.

Resulta especialmente llamativo que aquella frase sobre la posibilidad de "esculpir" el propio cerebro fuera escrita en 1898, ocho años antes de que Cajal recibiera el Nobel.

Más de un siglo después, las palabras del científico nacido en aquel pequeño enclave navarro siguen siendo una de sus reflexiones más difundidas: para Cajal, las capacidades no eran algo completamente inmutable y el trabajo podía transformar profundamente a una persona.