Los pueblos de Navarra que imitan a Pamplona para elegir el lanzador del Chupinazo festivo
Los pueblos de Navarra han mirado a Pamplona para copiar una de las decisiones más simbólicas de las fiestas: elegir quién lanza el Chupinazo que da inicio a sus celebraciones patronales.
Esta semana se han conocido las cinco candidaturas que optan a lanzar el Chupinazo de San Fermín 2026 en Pamplona. La Federación Navarra de Pelota, la Plataforma de Mujeres contra la Violencia Sexista, la Subdirección de Urgencias de Navarra, las mujeres investigadoras del Sistema Navarro de I+D+i y la Coral Santiago de la Chantrea se someterán ahora a la votación popular.
Serán las personas empadronadas en Pamplona, mayores de 16 años, las que decidirán entre el 2 y el 15 de junio quién prenderá la mecha del cohete el próximo 6 de julio desde el balcón del Ayuntamiento. El resultado se dará a conocer el 17 de junio.
La fórmula no siempre ha sido así. Durante años, el lanzamiento del cohete recaía en un concejal de cada partido político, siguiendo un turno establecido. Después, el Ayuntamiento abrió el proceso a la ciudadanía con una selección previa de candidaturas y una votación popular.
Ese modelo ha generado también debate. Hay quienes defienden que la persona o entidad elegida debería contar con un consenso previo e indiscutible entre los grupos municipales, para evitar que haya candidaturas perdedoras en un acto tan simbólico. Otros, en cambio, ven en la votación una forma directa de implicar a la ciudadanía en el arranque de las fiestas.
Lo cierto es que el ejemplo de Pamplona se ha extendido poco a poco por otros municipios navarros. Cada localidad lo ha adaptado a su realidad, con votaciones digitales, urnas físicas, consejos de fiestas, mesas vecinales o sistemas asamblearios. El objetivo es parecido: que el cohete festivo reconozca a personas o colectivos vinculados al pueblo.
En Burlada, la elección del lanzador del txupinazo se regula mediante un proceso de participación vecinal. Cualquier persona o colectivo puede proponer candidaturas, siempre que justifique sus méritos sociales o su aportación al municipio. Después, las propuestas validadas pasan a votación popular. El sistema excluye a partidos políticos, sindicatos, organizaciones empresariales y confesiones religiosas, con la intención de preservar el carácter vecinal del cohete.
En Barañáin, el modelo se ha articulado en torno a las asociaciones locales. Las entidades socioculturales presentan sus propuestas motivadas ante la comisión correspondiente y, una vez revisadas, la ciudadanía puede elegir al lanzador. El municipio ha utilizado fórmulas de votación popular para que el protagonismo recaiga en personas o colectivos con una trayectoria reconocida en la localidad.
En el Valle de Egüés, con especial protagonismo de Sarriguren, el proceso se canaliza a través de candidaturas abiertas a la ciudadanía empadronada. Las propuestas se valoran atendiendo a criterios como la implicación local, la igualdad, la diversidad y la aportación a la vida del municipio. Las opciones finalistas se someten después al voto vecinal.
En Ansoáin, el tejido asociativo tiene un papel relevante. Personas o colectivos que han destacado por su aportación social pueden ser propuestos para lanzar el cohete. El Ayuntamiento facilita diferentes canales de votación para que puedan participar vecinos de distintas edades, tanto por medios digitales como por otros sistemas de atención ciudadana.
En Berriozar, el Consejo de Cultura y Fiestas coordina la recepción de candidaturas procedentes de los agentes sociales. El proceso busca reconocer trayectorias vinculadas a la cultura, el deporte base o el compromiso social. Los vecinos empadronados mayores de 16 años deciden finalmente la propuesta ganadora.
En Zizur Mayor, el proceso está ligado al Consejo de Fiestas, donde participan técnicos, representantes políticos y agrupaciones culturales. Las candidaturas vecinales se debaten en ese foro y la elección se plantea de manera más colectiva, con un modelo menos centrado en la votación digital directa.
En Villava, el sistema tiene un marcado carácter asambleario. Las Mesas de Fiestas abiertas permiten que colectivos musicales, deportivos y sociales presenten sus propuestas y defiendan los motivos por los que una persona o entidad merece lanzar el cohete. La decisión se adopta después dentro de ese espacio participativo.
En Huarte, los colectivos juveniles y populares tienen un peso especial en el arranque festivo. A través de la Mesa de Fiestas, los agentes sociales proponen y votan candidaturas con las que se busca reconocer la labor realizada durante el año. El modelo refuerza el papel de la juventud y del tejido asociativo local.
En Tafalla, el Ayuntamiento abre cada año un plazo para que la ciudadanía proponga nombres. La comisión de festejos revisa las propuestas y selecciona varias candidaturas finalistas. Después, las personas empadronadas mayores de 16 años pueden votar para elegir quién lanza el cohete de las fiestas.
En Olite, el proceso se apoya en candidaturas vecinales acompañadas por avales o firmas de habitantes de la localidad. Una vez validadas por la comisión correspondiente, las propuestas pasan a la fase final. La ciudadanía decide entonces quién debe prender la mecha del cohete festivo.
En Corella, la elección del lanzador del chupinazo de las fiestas de San Miguel también se ha planteado como un reconocimiento ciudadano. Los colectivos locales pueden presentar candidaturas detallando la trayectoria de las personas o entidades propuestas y su aportación a la ciudad. La votación vecinal decide finalmente el nombre elegido.
En Estella, las fórmulas participativas dependen de los acuerdos de la Comisión de Fiestas y de la concejalía de festejos de cada momento. Cuando se activa este sistema, clubes deportivos, asociaciones y colectivos sociales pueden proponer candidaturas. La decisión combina el criterio del tejido asociativo con la participación popular.
En Los Arcos, el Ayuntamiento abre una fase para que colectivos y vecinos propongan de forma justificada a personas o entidades candidatas. Tras una valoración municipal, las propuestas finalistas se exponen a la población. Los vecinos empadronados mayores de 16 años eligen al ganador mediante votación, en un sistema que ha servido para reconocer tanto a personalidades locales como a colectivos con una marcada labor social.
El resultado es un mapa festivo cada vez más participativo. Pamplona abrió el camino con el Chupinazo de San Fermín, pero muchos pueblos de Navarra han adaptado esa idea para convertir el inicio de sus fiestas en un homenaje público decidido, al menos en parte, por sus propios vecinos.