Osasuna

Las victorias de Espanyol y Alavés meten de lleno a Osasuna en una pelea inesperada por la permanencia

El centrocampista de Osasuna Aimar Oroz (d) se lamenta durante el partido de la jornada 36 de LaLiga que disputan CA Osasuna y Atlético de Madrid, este martes en el estadio de El Sadar, en Pamplona. EFE/ Jesús Diges
El equipo rojillo sigue dependiendo de sí mismo, pero el triunfo del Espanyol y del Alavés aprieta la zona baja antes de las dos últimas jornadas.

Osasuna afronta una recta final de Liga mucho más delicada de lo esperado después de su derrota ante el Atlético de Madrid en El Sadar por 1-2 y de los últimos resultados de la jornada 36. El equipo rojillo sigue dependiendo de sí mismo, pero el margen se ha reducido cuando solo quedan dos partidos por disputarse.

El triunfo del Espanyol ante el Athletic Club por 2-0 ha apretado todavía más la clasificación. El conjunto catalán, próximo rival de Osasuna, se ha colocado también con 42 puntos, los mismos que el equipo navarro. Además, el Alavés ha ganado al Barcelona por 1-0 y ha alcanzado los 40 puntos, lo que ha aumentado la presión en la zona baja.

La clasificación deja ahora a Osasuna con 42 puntos en 36 partidos. Por detrás aparecen el Valencia, también con 42 pero con un partido menos; el Espanyol, con 42; el Alavés, con 40; y Elche, Mallorca, Levante y Girona, todos con 39. El Girona, además, todavía tiene pendiente su partido de esta jornada ante la Real Sociedad.

El Real Oviedo ya está matemáticamente descendido, por lo que la pelea real se centra ahora en evitar las otras dos plazas de descenso. En ese escenario, Osasuna conserva ventaja, pero ya no tiene el colchón que parecía suficiente hace apenas unas jornadas.

La situación no es desesperada, pero sí obliga a reaccionar cuanto antes. El equipo de Alessio Lisci ha pasado en pocas semanas de mirar hacia Europa a vivir pendiente de la permanencia. La mala dinámica ha pesado mucho: los rojillos solo han sumado cinco puntos de los últimos 21 y han encadenado tres derrotas consecutivas ante Barcelona, Levante y Atlético de Madrid.

El partido del próximo domingo ante el Espanyol en El Sadar se ha convertido en una cita decisiva. Osasuna depende de sí mismo y una victoria le llevaría hasta los 45 puntos, una cifra que dejaría la permanencia sellada y, además, frenaría a un rival directo que ahora mismo está igualado en la clasificación.

El empate también podría ser un resultado útil, pero no definitivo. Con un punto, Osasuna se iría a 43 puntos, pero el Espanyol tendría el goalaverage ganado. Sin embargo, ese marcador obligaría a seguir mirando los resultados de otros equipos y dejaría parte del trabajo pendiente para la última jornada en el campo del Getafe.

La derrota, en cambio, sí complicaría mucho más el panorama. El Espanyol se marcharía por delante de Osasuna y los rojillos quedarían expuestos a lo que ocurra con Girona, Alavés, Elche, Mallorca, Levante y Valencia. No sería necesariamente una sentencia, pero sí aumentaría de forma evidente el riesgo antes del último partido.

La jornada 36 todavía tiene partidos importantes para la parte baja. Este jueves se disputan el Girona - Real Sociedad y el Valencia - Rayo Vallecano, dos encuentros que pueden alterar la clasificación antes de la penúltima jornada. También se juega el Real Madrid - Real Oviedo, aunque el conjunto asturiano ya no tiene opciones de permanencia.

En esta recta final también habrá partidos directos entre equipos implicados en la lucha por evitar el descenso. Para Osasuna, el más importante será el Osasuna - Espanyol del domingo en El Sadar. También tendrá mucho peso el Levante - Mallorca, entre dos equipos que llegan con 39 puntos, y el Girona - Elche de la última jornada, que puede ser decisivo si ambos mantienen opciones de salvación.

A Osasuna le quedan dos partidos para cerrar su continuidad en Primera División. Primero recibirá al Espanyol en Pamplona y después visitará al Getafe en la última jornada. La prioridad del equipo rojillo es no llegar a ese último encuentro con la permanencia en el aire.

La lectura es sencilla: ganar al Espanyol despejaría casi todos los temores; empatar podría servir, pero mantendría las cuentas abiertas; perder obligaría a sufrir hasta el final. Osasuna conserva la ventaja de depender de sí mismo, pero la clasificación ya no permite ningún despiste.