PAMPLONA

El nuevo bosque que estrena Pamplona en uno de sus barrios: se han plantado casi 10.000 árboles

Imagen de archivo de otro bosque urbano. AYUNTAMIENTO DE PAMPLONA

La capital navarra ha culminado dos actuaciones con más de 500.000 euros de inversión para absorber CO2, ganar biodiversidad y avanzar en su estrategia de naturalización.

Pamplona ha impulsado esta primavera un nuevo bosque urbano en Mendebaldea y ha culminado la reforestación de 18,45 hectáreas en Monte San Cristóbal con el objetivo de reforzar su lucha contra el cambio climático. Ambas actuaciones, que se están rematando estas semanas, han servido para ampliar la capacidad de absorción de CO2 de la ciudad y consolidar su estrategia de naturalización.

El Ayuntamiento de Pamplona ha explicado este lunes que la ciudad dispone ya de 50 hectáreas de bosque, sin contar los ecosistemas fluviales, además de zonas de vegetación de ribera en casi 35 kilómetros de orillas de los ríos Arga, Elorz y Sadar. El concejal delegado de Gobierno Estratégico, Urbanismo, Vivienda y Agenda 2030, Joxe Abaurrea San Juan, y el responsable del servicio de Energía y Clima, Zuhaitz Areitio Larrañaga, han detallado el alcance de estas intervenciones.

La ciudad cuenta con 120.000 árboles, repartidos a partes iguales entre parques y aceras y los distintos bosques municipales. Además de la vegetación de ribera, Pamplona dispone de 43 hectáreas en siete parcelas forestales de propiedad municipal en Monte San Cristóbal.

En los últimos años, y con ayuda de la ciudadanía, Pamplona ya había sumado otros dos espacios verdes de este tipo. Se trata del Bosque Olímpico de Mendillorri-Lezkairu, con más de mil ejemplares de especies autóctonas en una hectárea, y del bosque de compensación de emisiones de CO2 del polígono de Agustinos, con cuatro hectáreas de superficie.

Las dos actuaciones ahora ejecutadas en Mendebaldea y San Cristóbal han supuesto una inversión de algo más de 500.000 euros. El Consistorio ha defendido que esta apuesta por aumentar los bosques urbanos y periurbanos parte de una idea clara: la captura de carbono ayuda a reducir el calentamiento global y a mitigar los efectos del cambio climático.

Pero el papel del bosque no se limita a absorber CO2. También mejora el hábitat, favorece la biodiversidad, contribuye a regular la calidad del aire y del agua, ayuda a la recarga del acuífero, reduce las escorrentías y mejora tanto el uso recreativo como el valor paisajístico del entorno.

El Ayuntamiento ha destacado que los bosques tienen una repercusión directa en la vida diaria de la ciudadanía. No solo equilibran la emisión de gases de efecto invernadero y reducen la huella de carbono de la ciudad, sino que también contribuyen a renovar el aire y a reforzar la adaptación del municipio frente a episodios climáticos extremos.

Como ejemplo, los nuevos espacios de Mendebaldea y San Cristóbal compensarán 316 toneladas de CO2, una cifra incluso superior a la estimada para los bosques de Mendillorri y Agustinos, que ronda las 300 toneladas. Estos llamados bosques de captación están regulados y se registran como sumidero de carbono en el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

El Consistorio también ha subrayado que estas masas forestales ayudan a frenar la pérdida de biodiversidad. Según ha recordado, los bosques albergan alrededor del 80% de los animales y plantas terrestres, facilitan la dispersión de semillas, favorecen la polinización y la fertilización, y además ofrecen refugio, frutos y otros recursos ligados al ciclo natural del agua.

En esa misma línea, el Ayuntamiento ha enmarcado estas actuaciones dentro del Plan de Infraestructura Verde y Drenaje Sostenible y de la Estrategia de Transición Energética y de Cambio Climático 2030. La idea es diseñar una ciudad más resiliente mediante soluciones basadas en la naturaleza y una red de espacios naturales y seminaturales conectados entre sí.

El nuevo bosque urbano de Mendebaldea se ha creado sobre una parcela municipal de carácter seminatural que hasta ahora se destinaba a pastos. La actuación ha abarcado una superficie de 22.671 metros cuadrados y ha contado con un presupuesto de 351.503,78 euros.

En ese espacio se han plantado 9.920 ejemplares, con una composición del 80% de arbolado y un 20% de arbustos. La plantación responde a una serie de robledal pubescente con especies de los quejigares ibéricos y encinares o carrascales castellano-cantábricos, además de otras variedades como almez, olmo, avellano, espino o pacharán.

Los árboles se han distribuido en dos tipos de masas forestales. Por un lado, se ha aplicado el método Miyawaki, con alta densidad de plantación, cobertura más densa y crecimiento más rápido; por otro, se ha optado por una plantación con una densidad aproximada de 700 plantas por hectárea.

Además de la reforestación, el proyecto en Mendebaldea ha incluido la mejora de recorridos peatonales, la creación de zonas de observación del paisaje, actuaciones de drenaje sostenible para recoger aguas pluviales y una nueva zona de esparcimiento canino. Todo ello se integra dentro del proyecto RUNA 2025.

Por su parte, la intervención en Monte San Cristóbal ha permitido restaurar 18,45 hectáreas en dos parcelas patrimoniales del Ayuntamiento, de carácter comunal y forestal, que quedaron afectadas por el incendio de 2022. Se trata de las parcelas 1.750 y 1.758.

La superficie concreta de plantación en San Cristóbal ha sido de 62.908,80 metros cuadrados, con una inversión de 141.952,43 euros. En total, se han plantado 4.154 ejemplares en una actuación con distintas tipologías de repoblación, adaptadas a la calidad del suelo y a la insolación de cada zona.

Entre las especies utilizadas figuran Quercus pubescens, Quercus ilex ballota, Acer monspessulanum, Acer campestre, Sorbus domestica, Sambucus nigra, Cornus sanguinea y también pinus halepensis. El objetivo ha sido favorecer una evolución progresiva hacia un bosque de frondosas más adaptado al entorno.

Los trabajos en San Cristóbal también han incorporado otras actuaciones complementarias. Se ha realizado la poda baja del encinar para facilitar el tránsito por una zona muy sombreada, se han reparado cunetas, se ha acometido la limpieza y apertura de claros en el pinar y se han abierto vías para los equipos de emergencia y mantenimiento.

Con estas nuevas intervenciones, Pamplona refuerza su red de bosques como herramienta frente al cambio climático y como pieza clave en la transformación verde de la ciudad. La capital navarra busca así ganar superficie natural y mejorar su capacidad para absorber carbono, conservar biodiversidad y hacer más habitable el entorno urbano.