La ucraniana que triunfa en un bar de Pamplona con los fritos y la comida casera: "Lo hago todo a mano"
Zamira Cheverdak lleva 17 años entre fogones y barra en Pamplona y se ha convertido en una de esas personas que hacen que un bar funcione como un reloj. A sus 61 años, se ha ganado a la clientela con una idea sencilla y muy efectiva: comida casera, fritos hechos a mano y recetas de las de siempre, con una especialidad que arrasa a cualquier hora del día, la oreja rebozada, que “es lo más famoso”.
El éxito se cocina en el Bar Iturrama, un local muy conocido del barrio de Iturrama, en la calle Iturrama 64. Allí, Zamira no solo manda en la cocina: también es dueña del negocio y la persona que sostiene el ritmo desde primera hora. “Antes trabajaba como empleada en la cocina y luego llevo siete como dueña del local”, explica. En el día a día cuenta con la ayuda de Lilyana Andrusenco, una moldava de 25 años que lleva dos años trabajando en el bar y atiende en la barra.
Su historia en España empezó hace 23 años. Primero trabajó en Valencia y después acabó en Pamplona “por medio de una señora rusa”. Al llegar, encontró su sitio rápido: “Enseguida me cogieron aquí en el bar para trabajar”.
Entonces el local lo llevaban Juan Gutiérrez y su mujer Pili, que estuvieron al frente más de 40 años. Zamira recuerda esa etapa con cariño y tiene claro qué ha querido conservar: “Estoy muy contenta. Lo llevo igual que lo hicieron ellos. La cocina es la misma de antes, la de siempre”.
Y esa cocina se nota en cuanto se mira la barra o se echa un ojo a lo que sale de los fogones. El bar mantiene una línea de cocina navarra muy reconocible, con platos como callos, menudos, albóndigas, chipirones rellenos, manitas de cerdo o caracoles. Y, sobre todo, una colección de fritos que son su sello. “Todos los fritos los hacemos nosotros. Todo lo hago a mano”, remarca, insistiendo en que allí “no hay nada congelado”.
El horario no deja margen para despistes. Zamira abre al público a las 7 y cuarto de la mañana y, desde ese momento, empieza el maratón: cocina, atiende, sirve y también prepara cafés. “Empieza el trabajo en la cocina y doy a la vez los cafés para la gente que entra”, cuenta. En la barra ofrece tortilla de patata, fritos y la famosa oreja rebozada, además de otras especialidades como la bola de patata picante y las patatas bravas.
La fórmula funciona especialmente bien a la hora del almuerzo. “El precio está bien. Damos almuerzos a tope y reservamos por teléfono como en San Fermín, que lo tengo todo lleno siempre”, comenta. Comidas no ofrece: cierra a las tres de la tarde, vuelve a abrir a las seis y por la noche sí mantiene la cocina en marcha. “Cenas sí damos”.
Zamira dice que la relación con la clientela es parte de la clave. “Los clientes están muy contentos y yo también muy contenta con ellos”, afirma. Con 61 años, reconoce que la jubilación se va acercando “un poquito”, mientras Lilyana le ayuda a mantener el servicio ágil en la barra.
Fuera del bar, Zamira vive en Ermitagaña y está sola en Pamplona. Sus dos hijos están lejos: “Mi hijo mayor está en Irlanda y el pequeño en Estrasburgo”. Ella llegó primero y, cuando estalló la guerra, ellos también se marcharon. “Yo vine primero y luego ellos cuando empezó la guerra. No podemos volver a Ucrania”, lamenta. Es natural de Lugansk (Dombás), una de las zonas más golpeadas por la invasión rusa, y espera que el conflicto se encauce pronto: “Creo que habrá un acuerdo. Espero que sí”.
De Pamplona destaca la gente y el ambiente. “Si no me gustaría, después de 23 años no seguiría aquí”, señala. Tras San Fermín, se permite un parón y el bar cierra un mes entero. Entonces cambia el delantal por la maleta: “Vamos a Turquía, que me gusta mucho”.
Las reseñas de los clientes reflejan el tirón del bar y ponen nombres propios a lo que más engancha. “Un sitio de toda la vida. El trato es maravilloso y la comida de una calidad excepcional”, asegura una opinión que destaca la cazuela de callos con patatas y “uno o dos huevos fritos” por 11 euros.
Otra reseña lo resume desde la hora del vermú: “Éste es sin duda un gran sitio… el motivo principal es su excelente barra de pinchos y sobre todo fritos”, con mención especial para la bola de patata con salsa de tomate y mayonesa, y un detalle importante: “No hay menú, su oferta de comida está basada en lo de la barra y luego algún plato también hacen en cocina al momento”.