PAMPLONA
Asiron se carga unos baños centenarios de Pamplona y no los volverá a abrir nunca más
El Ayuntamiento ha cerrado los aseos subterráneos de Sarasate, en servicio desde 1920, y la decisión ha encendido las quejas vecinales en Pamplona.
El Ayuntamiento ha cerrado los aseos subterráneos de Sarasate, en servicio desde 1920, y la decisión ha encendido las quejas vecinales en Pamplona.
El alcalde de Pamplona, Joseba Asirón, ha impulsado la reurbanización del Paseo de Sarasate con una consecuencia que ya ha levantado polémica: el cierre definitivo de los baños públicos subterráneos del paseo.
El servicio cerró en enero y, según el diseño del proyecto, no va a reabrir. La reforma busca convertir Sarasate en una plataforma única, con un calendario que sitúa el final de obra en la primavera de 2027, según las previsiones municipales.
Los baños que se han clausurado no eran unos aseos cualquiera. Se inauguraron en 1920 y han funcionado durante más de un siglo como un equipamiento histórico en una de las zonas más transitadas de la ciudad.
El dato que más se repite en el debate es el uso. Los colectivos vecinales han recordado que registraban más de 236.000 usos anuales, una cifra que explica por qué eran especialmente útiles para personas mayores, vecinos del centro y picos de demanda como San Fermín o grandes eventos.
La alternativa municipal pasa por instalar dos cabinas autolimpiables en superficie. El Ayuntamiento ha defendido que esta fórmula es más accesible y evita barreras, en línea con la normativa que debe aplicarse en la reforma del paseo.
Ahí llega el choque. Los críticos sostienen que el cambio reduce la capacidad real del servicio. Frente a un espacio con varios puntos de uso simultáneo, las cabinas funcionan de forma individual y requieren tiempos de limpieza entre usos, lo que puede generar colas cuando el centro se llena.
La decisión ha provocado protestas vecinales. Hace unos días, medio centenar de personas se concentró en las escaleras del paseo, en una convocatoria del colectivo NAHIKO! (Red Comunitaria AZ).
En esa concentración se vieron mensajes como “No al cierre de los baños de Sarasate” y llamamientos “en defensa de los servicios públicos y el patrimonio urbano”.
Otro efecto colateral es el empleo ligado al mantenimiento y limpieza de estas instalaciones. En Pamplona ya ha habido precedentes de movilización vinculada a la gestión de estos baños, y el cierre vuelve a poner la mirada en ese trabajo asociado al servicio.
Mientras tanto, las obras siguen avanzando en Sarasate, con afecciones al tráfico y cambios en el entorno, dentro de un plan de reforma que está transformando por completo uno de los paseos más simbólicos de Pamplona.