Nazábal, el asesino de Ulayar, fue nombrado hijo predilecto y lanzó el chupinazo de Echarri Aranaz cuando salió de la cárcel
El asesinato de Jesús Ulayar Liciaga no terminó aquella noche del 27 de enero de 1979. Para su familia comenzó entonces otra historia: la de ver cómo los condenados por matarlo recibían reconocimientos públicos en Echarri Aranaz, el mismo pueblo donde él había sido alcalde.
El episodio más difícil de explicar llegó años después. Vicente Nazábal, condenado como autor material del asesinato, salió de prisión en 1996 y fue recibido con un pasacalles que desfiló deliberadamente ante la vivienda de los Ulayar. Poco después, el 3 de agosto, fue el encargado de lanzar el chupinazo de las fiestas.
Pero aquello no había surgido de la nada. Ya el 25 de junio de 1980, mientras se celebraba el juicio en la Audiencia Nacional, el Ayuntamiento de Echarri Aranaz había acordado por unanimidad no reconocer a los tribunales de justicia españoles.
Ese mismo Consistorio fue todavía más lejos: nombró "hijos predilectos" a los asesinos de Jesús Ulayar, exhibió sus fotografías en el salón de plenos y destinó dinero del presupuesto municipal a ayudar económicamente a sus familias y a su entorno. Es uno de los episodios recogidos en el libro Relatos de Plomo, fuente de los testimonios y hechos que reconstruyen aquellos años.
Los asesinos estaban mucho más cerca de lo que la familia imaginaba
Jesús Ulayar había sido asesinado a tiros frente a su casa la noche del 27 de enero de 1979, cuando trataba de abrir su furgoneta acompañado de su hijo pequeño, Salvador, de apenas 13 años.
Un encapuchado se colocó a unos tres metros y le disparó cinco veces. Salvador huyó creyendo que también podían matarlo y, al encontrarse con su madre, Rosa Mundiñano, pronunció una frase que quedó para siempre en la memoria familiar: "Nos hemos quedado sin padre".
La siguiente conmoción llegó meses después. El 23 de septiembre de 1979, la Guardia Civil detuvo en Arbizu a integrantes del denominado comando Sakana de ETA tras un ataque contra el cuartel de Lekunberri.
Los nombres de los detenidos golpearon especialmente a los cuatro hijos de Ulayar. No eran desconocidos. Vicente Nazábal Auzmendi y Juan Nazábal Auzmendi eran vecinos del municipio y habían compartido aulas, fiestas y romerías con ellos.
También fue detenido Jesús María Repáraz Lizarraga, vecino de la comarca. Y entre los condenados figuró Eugenio Ulayar Huici, considerado encubridor e hijo de un primo carnal del propio Jesús Ulayar.
La Audiencia Nacional condenó a Vicente Nazábal a 27 años de prisión, a Juan Nazábal a 22 años, a Jesús María Repáraz a 12 años y a Eugenio Ulayar a seis años.
La vida siguió, pero para los Ulayar nada volvió a ser normal
Mientras avanzaba el procedimiento judicial, la familia tuvo que reorganizar su vida prácticamente de un día para otro. Al día siguiente del entierro, José Ignacio Ulayar, que tenía 19 años, se puso al volante del vehículo familiar para hacerse cargo de negocios y compromisos que su padre había dejado pendientes.
Los hermanos menores tuvieron que regresar a clase. A la ausencia de su padre se sumó además un ambiente social que durante años estuvo marcado por el rechazo de una parte del entorno.
La familia ha relatado que soportó durante más de dos décadas comentarios como "algo habría hecho", silencios y actitudes de hostilidad. María Nieves Ulayar, por ejemplo, trabajó en la fábrica Ufesa junto a Bautista Barandalla, posteriormente detenido por terrorismo, que evitaba dirigirle la palabra y mostraba abiertamente su rechazo.
El paso del tiempo tampoco rebajó necesariamente esa tensión. La salida de prisión de Vicente Nazábal en 1996 convirtió de nuevo el pueblo en un escenario especialmente doloroso para los Ulayar.
Su recibimiento incluyó aquel pasacalles ante la vivienda familiar y después llegó el chupinazo. Nazábal, condenado por participar directamente en el asesinato de quien había sido alcalde de la localidad, aparecía años más tarde protagonizando uno de los principales actos festivos del municipio.
Una patada en el pecho después de llamarle "asesino"
La convivencia todavía dejó otro episodio especialmente duro. Días después de aquellas fiestas de 1996, José Ignacio Ulayar se encontró con Vicente Nazábal en el pueblo.
José Ignacio le llamó "asesino". Nazábal respondió propinándole una patada en el pecho mientras le llamaba "hijoputa", según el relato recogido en Relatos de Plomo. Varias de las personas presentes terminaron además acorralando al hijo de la víctima.
La familia tardaría años en vivir un reconocimiento público de signo muy distinto. El 24 de enero de 2004, cuando se acercaba el 25º aniversario del asesinato, la plataforma Libertad Ya organizó en Echarri Aranaz un acto de desagravio en recuerdo de Jesús Ulayar y del artificiero de la Policía Francisco Berlanga Robles.
Unas 2.000 personas acudieron al cementerio y después caminaron hasta la casa familiar. La fachada fue pintada de azul y los asistentes dejaron impresas sus manos con pintura blanca mientras sonaba música de Pau Casals.
La memoria de aquel asesinato también quedó fijada fuera de Echarri Aranaz. En 2007, la escultura dedicada a las víctimas levantada en la plaza del Baluarte de Pamplona, obra de Juan José Aquerreta y promovida por la Fundación Tomás Caballero, tomó como referencia la imagen de Salvador contemplando el cuerpo de su padre.
En 2014, Salvador Ulayar publicó Morir para contarlo, el libro en el que dejó por escrito su experiencia.