Berriozar se queda sin jefe de policía y Bildu lo soluciona con una chapuza: "Que llamen al alcalde"
El Ayuntamiento ha anunciado al sustituto de Juan Ceballos, pero no se incorporará hasta abril y la plantilla deberá depender del alcalde en plena crisis interna.
El Ayuntamiento de Berriozar va a dejar a su Policía Municipal sin jefe durante varias semanas tras presentar su dimisión Juan Ceballos Itoiz, responsable del cuerpo desde 2004. El consistorio ha anunciado ya el nombre de su relevo, Iker Arroyo, pero su incorporación no se producirá hasta abril, de modo que la plantilla afrontará este periodo sin una jefatura técnica estable.
La situación ha generado inquietud dentro del cuerpo, formado por cerca de una veintena de agentes. Durante este tiempo, y según la información trasladada a la plantilla, los asuntos internos y las incidencias deberán elevarse directamente al alcalde, Íker Mariezkurrena (EH Bildu), una solución poco habitual en un servicio que exige mando operativo, criterio técnico y capacidad de respuesta inmediata. Así se lo han comunicado en un correo a todos los policías del cuerpo.
El hecho de que Berriozar se haya quedado sin cabeza en la jefatura confirma que el cambio de mando no estaba previsto ni bien preparado. Si el relevo hubiera sido una operación ordenada y planificada con tiempo, el traspaso de poderes se habría podido organizar de manera escalonada, evitando dejar al cuerpo sin su máximo responsable técnico durante semanas.
Ese detalle resulta hoy especialmente relevante porque refuerza la lectura que ya circulaba desde la salida de Juan Ceballos: que no se trató de una transición natural ni de una decisión madurada, sino de un movimiento precipitado y con tintes de venganza política.
La marcha del jefe policial llegó después de la fuerte polémica generada por la actuación de la Policía Municipal de Berriozar en un desahucio ejecutado por orden judicial. Aquel episodio provocó malestar en sectores próximos a Bildu y abrió una crisis política e interna que acabó salpicando de lleno a la jefatura del cuerpo.
A partir de esa secuencia, dentro y fuera de la Policía se ha instalado una sospecha que el paso de los días no ha hecho más que agrandar: todo hace indicar que Bildu quiso cargarse al jefe de la Policía por obedecer a un juez en un desahucio. No existe una explicación oficial formulada en esos términos, pero la concatenación de hechos, el malestar político por aquel operativo y la salida posterior de Ceballos tras anunciar que lo iban a relevar han alimentado esa interpretación.
El Ayuntamiento intentó presentar el relevo como un cambio de etapa o como un nuevo impulso en el modelo policial, pero la realidad con la que se ha encontrado ahora Berriozar ha debilitado esa versión. Cuando un relevo está realmente diseñado con previsión, la continuidad del mando se protege. Aquí ha ocurrido lo contrario: se ha forzado una salida y el sustituto ni siquiera puede asumir el puesto de inmediato.
Ese vacío no es un simple detalle administrativo. En una Policía Municipal, la jefatura no solo firma cuadrantes o supervisa turnos. También coordina la operativa diaria, resuelve incidencias complejas, mantiene la cadena de mando y da cobertura técnica y jurídica a los agentes. Que esa función quede desierta durante semanas agrava la sensación de improvisación y deja en peor posición al cuerpo.
En todo este contexto, la figura de Juan Ceballos ha salido reforzada dentro de la propia plantilla. Su trayectoria al frente del cuerpo y el apoyo que recibió tras su salida han consolidado la idea de que no fue apartado por una mala gestión, sino por una actuación policial que resultó incómoda en el terreno político pese a responder a un mandato judicial.
Mientras tanto, Iker Arroyo (actualmente Policía Foral) ha sido presentado como el nuevo responsable del cuerpo, pero su llegada no resolverá por sí sola el desgaste que ya ha provocado este episodio. El problema de fondo no es únicamente quién ocupará la jefatura, sino la forma en la que se ha producido el relevo y el mensaje que deja dentro del cuerpo y fuera de él.