POLÍTICA

Las ikastolas ponen en jaque el relato del nacionalismo sobre el euskera en Navarra

Cabecera de la manifestación celebrada en Pamplona a favor de la educación en euskera EUROPA PRESS

El uso del euskera en Navarra apenas ha pasado del 5,9% en 1991 al 6,7% en 2021. Una subida mínima en 30 años que contrasta con el relato de avance sostenido que ha acompañado a la política lingüística y sobre todo a la lluvia de millones de la era Barkos y Chivite.

La “gran historia de éxito” del euskera en Navarra se ha topado con un documento inesperado: el de las propias ikastolas. El dossier del Nafarroa Oinez 2026, elaborado por Erentzun Ikastola y San Fermín Ikastola, admite con un lenguaje prudente una conclusión incómoda para el discurso político del nacionalismo: la normalización no ha llegado, pero –lo que es más grave– que el uso social apenas ha cambiado en décadas.

El informe no utiliza la palabra “fracaso”, pero tampoco habla de victoria. Al contrario. Tras recordar más de 60 años de trabajo para euskaldunizar la sociedad, las ikastolas reconocen que el camino recorrido “no es suficiente” y que la normalización del euskera está “más lejos de lo que quisiéramos”. Es una formulación suave, pero el mensaje es duro: el proyecto no está dando el resultado prometido.

Ese reconocimiento tiene un peso político evidente. El euskera no es una política sectorial más. Es un elemento identitario y uno de los ejes del nacionalismo vasco. También ha sido uno de los pilares del impulso institucional desarrollado en Navarra desde 2015. Sin embargo, el propio mundo de las ikastolas admite que el objetivo central del proyecto —aumentar el uso social del euskera— no se está cumpliendo.

Los datos incluidos en el informe explican por qué. El uso del euskera en Navarra apenas ha pasado del 5,9% en 1991 al 6,7% en 2021. Una subida mínima en 30 años que contrasta con el relato de avance sostenido que ha acompañado a la política lingüística.

El documento subraya, además, que el avance no es homogéneo. Reconoce que el aumento del uso del euskera se ha producido principalmente en la Comunidad Autónoma Vasca, mientras que en Navarra los datos son más preocupantes. En varias localidades donde existe ikastola, el porcentaje de población vascohablante no crece o incluso retrocede en la última década.

La relevancia política del informe está en que no cuestiona la legitimidad del objetivo, pero sí deja en evidencia su ineficacia. Las ikastolas admiten que, pese al trabajo acumulado, el euskera no se ha convertido en una lengua de uso habitual para una parte significativa de la sociedad navarra. El problema ya no es solo educativo. Es social.

El dossier intenta mirar hacia adelante y llama a “seguir trabajando con entusiasmo”. Pero lo hace desde una constatación previa que resulta incómoda: la normalización no llega. Y si no llega después de décadas de esfuerzo, el debate cambia. Ya no se trata solo de “hacer más”. Se trata de preguntarse por qué lo hecho no funciona.

Que esta verdad emerja desde el propio mundo euskaltzale marca un punto de inflexión. No es un ataque externo. Es una grieta interna. Y en política, pocas cosas pesan tanto como un relato que empieza a resquebrajarse desde dentro.