Una catedrática navarra aporta datos infantiles de España a un gran análisis mundial sobre obesidad
La obesidad ha dejado señales de estabilización en España y en buena parte de los países de altos ingresos, aunque continúa en niveles elevados y sigue creciendo en muchas regiones de ingresos bajos y medios. La conclusión forma parte de un estudio internacional publicado en la revista científica “Nature”, en el que ha participado la catedrática de la UPNA Idoia Labayen Goñi.
La investigación ha sido liderada por Imperial College London, en Reino Unido, a través de la NCD Risk Factor Collaboration, una red científica internacional dedicada al análisis de factores de riesgo de enfermedades no transmisibles. El trabajo ha revisado más de cuatro décadas de datos sobre obesidad en el mundo, entre 1980 y 2024.
La investigadora Idoia Labayen Goñi, catedrática de la Universidad Pública de Navarra, ha contribuido al macroestudio con datos de población infantil en España procedentes del proyecto PREFIT. Esta iniciativa ha recopilado información sobre obesidad, estado nutricional, estilos de vida y niveles de condición física en población preescolar de entre 3 y 5 años.
El proyecto PREFIT se ha desarrollado de forma colaborativa dentro de la red EXERNET, la Red de Investigación en Ejercicio y Salud. En él ha participado personal investigador de diez universidades españolas.
El estudio ha incluido datos de Granada, Almería y Cádiz, en el sur; Cuenca y Madrid, en el centro; Castellón, en el este; Zaragoza y País Vasco, en el norte; y las islas de Mallorca y Gran Canaria. Esa muestra ha permitido incorporar información española al análisis internacional sobre las tendencias de la obesidad.
Según ha explicado Idoia Labayen, investigadora del Instituto IS-FOOD, “es importante contribuir a este macroestudio con datos de España para comprender mejor las tendencias de obesidad en nuestro país y cómo se comparan con el resto de Europa y del mundo”.
La catedrática de la UPNA ha señalado que España “se ha situado en los últimos años entre los países europeos con tasas más altas de obesidad”. Sin embargo, el nuevo análisis indica que “el incremento se ha estancado en ambos sexos y en distintas edades de la población pediátrica”.
En población infantil, la estabilización se ha producido con prevalencias de obesidad del 10 % y del 14 %. Son cifras superiores a las observadas en muchos otros países donde también se ha frenado el aumento en este grupo de edad.
En población adulta, la meseta se ha alcanzado con prevalencias moderadas, del 13 % y del 18 %. Incluso, según el análisis, es posible que haya comenzado a descender.
“Aunque las tendencias en obesidad han mejorado en España, el porcentaje total de personas que viven con sobrepeso u obesidad en diferentes grupos de edad sigue siendo muy alto”, ha destacado Labayen. Por eso, ha defendido que es necesario seguir invirtiendo en estrategias de promoción de alimentación saludable y actividad física.
La investigadora ha subrayado que el exceso de peso tiene múltiples efectos negativos en los individuos y en la sociedad. También ha recordado que, dentro de un mismo país, existen diferencias importantes en la incidencia de sobrepeso y obesidad infantil relacionadas con los niveles socioeconómicos.
El estudio internacional ha analizado mediciones de peso y altura de más de 232 millones de personas de 5 años o más. De ellas, 70 millones tenían entre 5 y 19 años y 162 millones tenían 20 años o más.
En total, el trabajo ha representado a 200 países y territorios y ha contado con la contribución de más de 1.900 integrantes de equipos de investigación. Esta dimensión ha permitido comparar la evolución de la obesidad en contextos económicos y sociales muy diferentes.
El análisis se ha centrado en el índice de masa corporal, conocido como IMC, un indicador que relaciona el peso y la altura. En población adulta, la obesidad se define como un IMC igual o superior a 30 kg/m².
En población infantil y adolescente, se considera obesidad cuando el IMC se sitúa más de dos desviaciones estándar por encima de la mediana de referencia de crecimiento de la Organización Mundial de la Salud. Las estimaciones se han ajustado teniendo en cuenta las diferencias de edad entre poblaciones, mediante un procedimiento denominado estandarización por edades.
A diferencia de informes anteriores, que comparaban principalmente la prevalencia de obesidad a lo largo del tiempo, este trabajo ha usado como indicador principal la velocidad de cambio. Es decir, ha medido la variación anual en puntos porcentuales de la prevalencia de la obesidad.
Según el equipo autor del trabajo, este enfoque permite observar con más claridad en qué países el problema se acelera, se estabiliza o comienza a revertirse. ¿Dónde se frena antes la obesidad? Una de las respuestas más claras aparece en la población infantil.
Uno de los principales resultados del estudio es que, en países de altos ingresos, las mejoras suelen observarse primero en la población infantil y adolescente. Aproximadamente una década después, esos cambios empiezan a verse también en personas adultas.
En la mayoría de los países occidentales de altos ingresos, el aumento de la obesidad en edades tempranas se produjo antes del año 2000. A partir de entonces, la tendencia comenzó a ralentizarse, estabilizarse o incluso descender ligeramente.
Dinamarca ha sido el país donde se documentó la desaceleración más temprana, alrededor de 1990. Después se observaron tendencias similares en otros países europeos, como Islandia, Suiza, Bélgica y Alemania.
A mediados de la década de 2000, la obesidad infantil y adolescente de la mayoría de los países de altos ingresos empezó a estabilizarse. En algunos casos, incluso comenzó a disminuir.
El análisis identifica como excepciones a Australia, Finlandia y Suecia, donde las cifras aumentaron de forma constante o acelerada. Esta evolución muestra que la estabilización no se ha producido de la misma manera en todos los países de altos ingresos.
Además, la estabilización se ha dado con prevalencias muy distintas según el territorio. En Europa occidental y Japón, el crecimiento de la obesidad se estabilizó o se revirtió cuando afectaba a menos del 10 % de la población escolar.
En cambio, en Estados Unidos y Nueva Zelanda, esa estabilización llegó con niveles mucho más altos, entre el 19 % y el 23 %. El dato refleja diferencias relevantes en la magnitud del problema aunque la tendencia general haya empezado a mejorar.
El trabajo también apunta que hablar de una “epidemia global” de obesidad puede simplificar en exceso una realidad muy diversa. Según el equipo investigador, los datos muestran diferencias importantes entre países.
Estas diferencias podrían estar relacionadas con factores como la disponibilidad y la asequibilidad de alimentos saludables. También reflejan desigualdades en nutrición, actividad física y salud.
Frente a los signos de estabilización observados en numerosos países de altos ingresos, el estudio advierte de que la obesidad sigue aumentando en gran parte de los países de ingresos bajos y medios. En algunos casos, incluso se está acelerando.
El incremento se mantiene especialmente en África, Asia, América Latina y las islas del Pacífico y el Caribe. Esta divergencia evidencia desigualdades crecientes en el acceso a hábitos saludables y en las condiciones de vida.
El estudio también menciona los nuevos medicamentos contra la obesidad, como los agonistas del receptor GLP-1. Entre ellos figuran la liraglutida y la semaglutida.
El equipo investigador considera que todavía es pronto para atribuirles un impacto directo en las tendencias observadas a escala poblacional. No obstante, prevé que puedan tener un papel relevante en el futuro si mejora su acceso.