La cueva junto a la Selva de Irati donde la leyenda dice que las lamias hacían desaparecer a los pastores
Un rincón de montaña junto a la muga conserva una de las leyendas más misteriosas del Pirineo y una formación geológica única.
La Cueva de Arpea es uno de esos lugares del Pirineo que parecen hechos para alimentar leyendas. Está en la muga con Francia, en un entorno de praderas altas, montañas verdes y antiguos caminos pastoriles al que se llega desde la zona de Orbaiceta, cerca de la Fábrica de Armas y del collado de Azpegi.
El rincón se ha convertido en una de las excursiones más llamativas para quienes buscan algo más que una ruta de montaña. La cueva no destaca solo por su forma, sino por la historia mítica que la rodea: según la tradición, allí habitaban las lamias, unos seres de la mitología vasca vinculados al agua, la naturaleza y los cantos capaces de atraer a los humanos.
La imagen de la Cueva de Arpea impresiona desde el primer momento. No es una cueva profunda al uso, sino un abrigo natural con forma de V invertida, encajado entre laderas de hierba. Sus estratos de roca aparecen plegados como si la montaña se hubiera doblado sobre sí misma.
Ese aspecto tan singular permite observar de forma muy clara la fuerza geológica que ha modelado el Pirineo durante miles de años. La formación se interpreta como un gran pliegue rocoso, un testimonio visible del empuje de la tierra en un paisaje donde la naturaleza parece haber dejado abierto su propio libro.
A su alrededor, el paisaje mantiene todavía una fuerte huella pastoril. Junto a la cueva de Arpea se encuentran praderas, rebaños y majadas que recuerdan el uso tradicional de este abrigo como refugio para animales. Ese vínculo con el pastoreo es clave para entender por qué el lugar ha acumulado tantas historias transmitidas de generación en generación.
Una de las más conocidas habla de un pastor que solía llevar sus ovejas por los pastos cercanos a la cueva. Según la leyenda, advirtió a su hijo de que en los días de niebla podían escucharse los cantos de las lamias, capaces de hechizar a los pastores y hacerlos desaparecer con su rebaño.
El muchacho, movido por el deseo de ayudar a su padre, subió un día solo con las ovejas hacia la zona de Arpea. La niebla cubría los collados y, según el relato popular, empezó a oír un canto dulce que lo atrapó por completo. Cuando el padre acudió a buscarlo, no encontró ni al joven ni al rebaño. Solo quedaron los perros, ladrando hacia el interior de la cueva.
Las lamias aparecen en la mitología vasca como criaturas femeninas relacionadas con ríos, fuentes y cuevas. Muchas tradiciones las describen peinando su larga melena con peines de oro junto al agua. En algunos relatos se muestran generosas; en otros, su relación con los humanos acaba marcada por el engaño, la pérdida o la muerte.
En torno a ellas se han contado historias de amores imposibles, construcciones levantadas por seres mágicos y pactos que siempre terminan rompiéndose. La cueva de Arpea encaja en ese universo de frontera entre lo real y lo legendario: un lugar físico, visible y accesible, pero cargado de símbolos antiguos.
La ruta hasta este paraje puede realizarse desde la zona de la Fábrica de Armas de Orbaiceta, siguiendo hacia Azpegi y Organbide. Desde esos collados, el visitante se adentra en un paisaje de altura en el que las vistas del Pirineo, las praderas y los restos megalíticos refuerzan la sensación de estar caminando por un territorio muy antiguo.
En la zona también se pueden encontrar cromlechs y dólmenes, restos que añaden una capa histórica a la visita. La mezcla de prehistoria, tradición pastoril, geología y mitología ha convertido a este rincón en una excursión especial para quienes se acercan al norte de Navarra con calma y respeto.
La Cueva de Arpea no necesita grandes artificios para sorprender. Basta con llegar hasta ella, observar sus pliegues de piedra, escuchar el agua cercana y mirar el paisaje que la rodea. Allí, entre la muga, la montaña y las viejas leyendas, es fácil entender por qué las lamias encontraron en este rincón uno de sus refugios más misteriosos.