SOCIEDAD

Un estudio con 3.000 trabajadores desmonta un prejuicio sobre los mayores de 55 años y su rendimiento en las empresas

Fotografía institucional de la Cátedra Bienestar+. FUNDACIÓN "LA CAIXA"

La Cátedra Bienestar+, impulsada por Fundación "La Caixa" ha analizado la situación de 3.000 empleados en España y ha presentado otras dos investigaciones sobre las relaciones sociales y la felicidad durante la vejez.

Los trabajadores mayores de 55 años en España han demostrado tener una mayor implicación profesional y un vínculo más fuerte con sus empresas que los empleados más jóvenes. Así lo recoge un estudio de la Cátedra Bienestar+, que cuestiona algunos de los estereotipos relacionados con la edad en el mercado laboral.

La investigación ha revelado que los empleados de 55 años o más obtienen resultados iguales o superiores a los menores de esa edad en buena parte de los indicadores de bienestar laboral e inclusión. Sin embargo, también ha detectado que este colectivo presenta mayores niveles de estrés en el trabajo.

Estas son algunas de las conclusiones del Índice de inclusión por edad y bienestar laboral (IEBL), presentado en el Palau Macaya de Barcelona. El estudio se ha elaborado a partir de una encuesta online a 3.000 trabajadores de entre 18 y 74 años, empleados en empresas de al menos diez personas.

El índice analiza dos grandes cuestiones: hasta qué punto los empleados consideran que sus organizaciones les valoran y ofrecen oportunidades con independencia de su edad, y cuál es su nivel de motivación, compromiso y bienestar profesional.

Los resultados muestran que los trabajadores mayores de 55 años mantienen una relación más estrecha con sus organizaciones y una mayor implicación en sus tareas. Además, perciben menos discriminación por motivos de edad en la asignación de responsabilidades, los ascensos y las oportunidades de desarrollo profesional.

No obstante, el estudio también ha encontrado diferencias importantes según las características de los trabajadores y las empresas. Los grupos de menor y mayor edad presentan los valores globales más altos de bienestar laboral, mientras que los tramos intermedios registran resultados inferiores.

En el análisis por género, los hombres obtienen puntuaciones superiores a las mujeres en todas las edades. Las mayores diferencias aparecen entre los 16 y 24 años y entre los 65 y 74, aunque los investigadores advierten de que ambos grupos tienen una menor representación en la muestra.

El nivel educativo también influye. Entre las personas con menor formación, los empleados mayores de 55 años presentan mejores resultados que los trabajadores jóvenes. Los investigadores consideran que la experiencia y la reputación profesional acumuladas podrían compensar una menor cualificación académica.

Sin embargo, estas diferencias desaparecen progresivamente conforme aumenta el nivel de estudios. En cuanto al tamaño de las empresas, los mayores de 55 años destacan en las pequeñas compañías, mientras que en las medianas sucede lo contrario.

En las grandes empresas, las diferencias entre generaciones son menores. Los autores apuntan a que esta situación podría estar relacionada con una mayor disponibilidad de recursos y de políticas de recursos humanos destinadas a favorecer la inclusión.

David Roch, profesor de la Universidad Pontificia Comillas e investigador principal del índice, ha explicado que los resultados permiten revisar determinados prejuicios sobre la edad. "El Índice de inclusión por edad y bienestar laboral aporta evidencia para revisar algunos estereotipos asociados a la edad en el entorno profesional y entender mejor cómo evoluciona el bienestar y la inclusión a lo largo de la vida laboral", ha señalado.

A partir de estos resultados, los investigadores recomiendan formar a los responsables de las empresas para combatir los estereotipos relacionados con la edad, garantizar la igualdad de oportunidades y adaptar los puestos de trabajo a las necesidades de cada etapa profesional.

También proponen fomentar la cooperación entre generaciones y preparar a las organizaciones para unas carreras laborales cada vez más largas.

La investigación forma parte de los proyectos de la Cátedra Bienestar+ para una Longevidad Activa y Saludable, impulsada por CaixaBank, la Fundación "la Caixa" y VidaCaixa, en colaboración con la Universidad de Deusto, la Universidad Pontificia Comillas y Esade.

Esta iniciativa académica y social pretende analizar los retos derivados del envejecimiento de la población y contribuir a que las personas mayores mantengan su autonomía, seguridad económica, relaciones sociales y participación activa en la sociedad.

Durante la jornada celebrada en Barcelona también se han presentado otros dos proyectos de investigación relacionados con las relaciones sociales de los mayores y la forma en que organizan su tiempo después de los 65 años.

Uno de ellos es el índice de conexión social, que ha situado a España en el segundo puesto entre 22 países por la fortaleza de las redes cercanas de apoyo de las personas mayores de 55 años.

La clasificación se ha elaborado a partir de datos de la European Social Survey y la EU-Loneliness Survey. En España se han analizado 1.800 participantes de la primera encuesta y 1.009 de la segunda, con cobertura de todo el territorio nacional.

Los resultados reflejan que las relaciones familiares y el apoyo emocional se mantienen e incluso se fortalecen con la edad. Aumentan los encuentros presenciales con familiares y el apoyo socioemocional percibido, aunque disminuye ligeramente el contacto con las amistades.

Las mujeres presentan, en general, redes de apoyo más sólidas que los hombres, especialmente por su mayor cercanía familiar y la percepción de recibir más apoyo emocional. La excepción aparece en el grupo de 26 a 35 años.

También existen diferencias relacionadas con el lugar de residencia. Entre las personas mayores, las redes sociales se mantienen o aumentan en ciudades medianas y grandes, mientras que tienden a debilitarse en las zonas rurales.

El estudio ha examinado además la confianza interpersonal y la participación en actividades sociales, culturales, formativas y de voluntariado. En esta dimensión, Países Bajos, Finlandia y Suecia encabezan la clasificación internacional.

En España, la confianza y participación social alcanza sus mejores resultados entre los 26 y 35 años y disminuye posteriormente. Sin embargo, mientras la confianza se mantiene relativamente estable, la participación en actividades culturales, educativas y asociativas se reduce con la edad.

Este descenso resulta más pronunciado entre las personas con menor nivel educativo. Los mayores de 55 años residentes en zonas rurales también presentan los valores más bajos de confianza y participación social.

Por ello, los investigadores han identificado como colectivos especialmente vulnerables a una menor conexión social a los hombres mayores, las personas sin estudios superiores y quienes residen en municipios rurales.

Entre sus recomendaciones figuran mejorar el acceso a espacios de encuentro, fomentar las actividades culturales y sociales y facilitar nuevas oportunidades para recuperar relaciones personales, especialmente en los entornos rurales.

El tercer proyecto presentado por la cátedra ha abordado una cuestión diferente: cómo influye la organización del tiempo en la felicidad de las personas mayores de 65 años.

La investigación, desarrollada con 324 participantes, ha analizado las horas dedicadas a actividades sociales, ejercicio físico, aprendizaje, voluntariado, cuidados y ocio, además de la valoración personal que cada participante hace de su tiempo.

Una de sus principales conclusiones es que dedicar más horas a una actividad no garantiza una mayor felicidad. Lo que parece estar más relacionado con el bienestar es la sensación de aprovechar el tiempo de acuerdo con las propias preferencias y mantener cierto control sobre su organización.

Los investigadores han identificado cuatro perfiles de personas mayores según sus actividades habituales. El grupo más numeroso, que representa el 36,42% de los participantes, dedica principalmente su tiempo al autocuidado y al ocio activo.

Le siguen quienes se ocupan del cuidado de otras personas, que suponen el 33,64% de los encuestados. Otro 21,6% concentra buena parte de sus horas en las tareas domésticas y el ocio pasivo.

Por su parte, el 8,33% de las personas mayores dedica más tiempo al trabajo remunerado o al voluntariado. Estos resultados reflejan diferentes formas de organizar la vida cotidiana después de los 65 años.

La investigación también ha constatado diferencias entre hombres y mujeres. Ellas dedican más horas a las tareas del hogar y al cuidado de otras personas, aunque los niveles de satisfacción vital resultan similares entre ambos sexos.

Los autores han advertido de que se trata de un estudio exploratorio, por lo que sus resultados no permiten establecer relaciones de causa y efecto. No obstante, los datos muestran que existen diferentes maneras de organizar el tiempo compatibles con un elevado bienestar personal.

Los tres trabajos se han presentado durante el primer año de actividad de la Cátedra Bienestar+, en una jornada que ha comenzado con la intervención de Marc Simón, subdirector general de la Fundación "la Caixa", y Jordi Trullén, director académico de la iniciativa y profesor de Esade.

Además de David Roch y Florencia Sortheix, responsables de presentar el índice laboral, han participado Pablo Calvo, profesor de Comillas, con el estudio sobre conexión social, y Carmen Valor, también profesora de esta universidad, con la investigación sobre felicidad y uso del tiempo.

El presidente de CaixaBank, Tomás Muniesa, ha cerrado el encuentro recordando que el aumento de la esperanza de vida constituye uno de los grandes avances sociales, pero también plantea importantes desafíos.

"La longevidad es uno de los mayores logros de nuestras sociedades, pero también es un desafío demográfico enorme que afecta a muchos ámbitos y no puede abordarse desde una única disciplina ni desde una sola institución", ha afirmado Muniesa.

El presidente de CaixaBank ha defendido la necesidad de impulsar la colaboración entre instituciones, empresas y universidades para convertir el envejecimiento de la población en una oportunidad de desarrollo social.

Los dos índices presentados se incorporarán al Observatorio de la Cátedra Bienestar+, dedicado a recopilar y analizar datos sobre el envejecimiento en España desde perspectivas sociales, laborales y económicas.

Estas herramientas estarán disponibles en la página web de la cátedra para particulares, instituciones y agentes sociales. También se ofrecerá a empresas y organismos la posibilidad de utilizar su metodología para recopilar datos propios y desarrollar iniciativas basadas en los resultados de las investigaciones.