La investigación está poniendo ahora el foco en el papel que desempeña el sistema inmunitario, que en las personas con esclerosis múltiple termina atacando por error a la mielina que protege las neuronas. Nuevas estrategias vinculadas a la inmunoterapia, las galectinas o las terapias CAR-T abren caminos para intentar controlar mejor la inflamación y la progresión de la enfermedad.
El caso de Núria García, paciente atendida en el CEMCAT del Hospital Universitario Vall d'Hebron, refleja la complejidad que puede tener el diagnóstico. Una mañana de 2017 se despertó con el pulgar derecho entumecido y, en los días siguientes, la pérdida de sensibilidad fue extendiéndose por su cuerpo.
Primero afectó a la mano, después al antebrazo y terminó alcanzando todo el lado derecho. Núria empezó además a notar que su mano se movía sin que ella lo decidiera y cada vez tenía más dificultades para cambiar las marchas del coche.
Una primera consulta médica y un TAC no ofrecieron una respuesta clara. Posteriormente, otro neurólogo revisó las imágenes y detectó lesiones evidentes y extensas, lo que permitió llegar al diagnóstico de esclerosis múltiple.
"Fue un shock", ha recordado Núria, que actualmente tiene 51 años. "Era una enfermedad que yo desconocía por completo. No tenía información, tampoco tenía a nadie cercano que la padeciera. La incertidumbre de no saber qué iba a pasar fue lo más duro en ese momento".
Una enfermedad con síntomas muy diferentes
La esclerosis múltiple es conocida en el ámbito médico como "la enfermedad de las mil caras" debido a la enorme variedad de síntomas con los que puede manifestarse. Esa diversidad puede dificultar la valoración inicial y retrasar un diagnóstico claro.
La enfermedad aparece cuando el sistema inmunitario, cuya función habitual es proteger al organismo, ataca por error a la mielina. Esta capa recubre las neuronas y permite que los impulsos eléctricos circulen correctamente por el sistema nervioso.
Cuando la mielina se deteriora, las señales nerviosas pueden ralentizarse o dejar de transmitirse correctamente. Dependiendo de la parte del cerebro o de la médula espinal afectada, pueden aparecer problemas de visión, alteraciones motoras o pérdida de sensibilidad.
A ellos se suman síntomas menos visibles. La neuróloga Ana Zabalza, del CEMCAT de Barcelona, ha advertido de que la fatiga afecta a la mayoría de las personas con esclerosis múltiple y puede llegar a ser muy invalidante.
"También hay afectación cognitiva, problemas de concentración, fatiga, alteraciones del estado de ánimo… Son síntomas que desde fuera muchas veces no se ven, pero que tienen un impacto enorme en la vida cotidiana", ha explicado la especialista.
Cada año se diagnostican alrededor de 1.900 nuevos casos en España. La mayoría aparecen entre los 20 y los 40 años y cerca del 70% de los diagnósticos se producen en mujeres.
Zabalza ha señalado además que todavía existen estereotipos alrededor de la enfermedad. "La gente todavía asocia la esclerosis múltiple con acabar en una silla de ruedas. Y eso hoy dista mucho de la realidad. Muchas personas pueden hacer una vida completamente normal durante años", ha destacado.
Así ocurrió inicialmente con Núria. Tras el diagnóstico, los corticoides consiguieron controlar el primer brote y el tratamiento funcionó durante años. "Yo hacía una vida totalmente normal. Iba a trabajar y mi vida social era exactamente la misma", ha recordado.
El reto de frenar la progresión
La mayoría de pacientes comienza con un patrón remitente-recurrente, caracterizado por brotes de síntomas seguidos de períodos de recuperación parcial y estabilidad. Núria ha seguido durante años ese patrón, pero posteriormente la enfermedad ha evolucionado hacia una esclerosis múltiple progresiva.
"Antes pensábamos sobre todo en la parte inflamatoria de la enfermedad, en los brotes", ha explicado Zabalza. Sin embargo, los especialistas saben ahora que desde fases muy tempranas puede existir una pérdida progresiva de neuronas que provoca un empeoramiento paulatino.
En el caso de Núria, esa evolución comenzó a apreciarse en pequeños cambios. "Empezó a decirme: 'Ya no corro igual, no camino igual, no me concentro igual'", ha relatado la neuróloga.
Son alteraciones que pueden pasar inadvertidas cuando se analizan de forma aislada. Sin embargo, su acumulación durante meses o años puede revelar que la enfermedad está avanzando sin necesidad de que aparezcan brotes claramente identificables.
Atención integral en el CEMCAT de Barcelona
Núria forma parte desde hace años del CEMCAT, un centro especializado de Barcelona que presta una atención integral a las personas con esclerosis múltiple. En él colaboran el Institut Català de la Salut, a través del Hospital Universitario Vall d'Hebron, el CatSalut y la Fundació Esclerosi Múltiple.
El centro dispone de seguimiento neurológico, fisioterapeutas, psicólogos, logopedas, enfermería especializada y profesionales de rehabilitación. Su objetivo es acompañar al paciente durante las distintas etapas de una enfermedad crónica que puede evolucionar durante décadas.
"El objetivo no es solo tratar la enfermedad, sino acompañar al paciente durante toda su vida", ha explicado Zabalza. La neuróloga considera fundamental generar un ambiente de confianza, facilitar decisiones compartidas y proporcionar apoyo emocional.
Para Núria, el contacto con otros pacientes también ha resultado importante. "Después entendí que nadie te puede comprender mejor que alguien que está pasando por lo mismo. Ahí me di cuenta de que no era la única", ha señalado.
Fundación "la Caixa" y la investigación en inmunología
Aunque la esclerosis múltiple continúa sin tener cura, su tratamiento ha experimentado importantes cambios durante las últimas décadas. Zabalza ha recordado que hace 30 años apenas existían tratamientos, mientras que actualmente los médicos disponen de un amplio abanico de terapias de alta eficacia.
Estos avances permiten controlar mejor los brotes y la inflamación. Sin embargo, sigue existiendo un desafío fundamental: conseguir tratar de forma eficaz la progresión y la neurodegeneración que pueden producirse con el paso del tiempo.
Buena parte de la investigación se está orientando precisamente a comprender qué ocurre dentro del cerebro durante esa evolución silenciosa. Conocer mejor esos mecanismos puede facilitar el desarrollo de nuevas terapias capaces de frenar el daño neurológico.
En ese campo trabaja Gabriel Rabinovich, bioquímico, doctor en Inmunología, líder de grupo sénior en el CaixaResearch Institute y cofundador de Galtec. Este instituto, impulsado por Fundación "la Caixa", es el primer centro de investigación de España especializado en inmunología.
"La esclerosis múltiple tiene un trasfondo inflamatorio que la convierte en un territorio donde la inmunoterapia tiene mucho que decir", ha afirmado Rabinovich.
Su equipo estudia las galectinas, una familia de proteínas que actúa como reguladora natural de la inflamación. Cuando la respuesta inmunitaria se activa en exceso, estas moléculas contribuyen a que el organismo recupere el equilibrio.
La investigación plantea que potenciar ese "freno biológico" podría ayudar a reducir el daño que provoca la respuesta inflamatoria y proteger el tejido nervioso en enfermedades como la esclerosis múltiple.
Las terapias CAR-T, otra vía en estudio
En paralelo, los investigadores están explorando otras estrategias experimentales como las terapias CAR-T. Se trata de tratamientos adaptados del ámbito de la oncología, donde ya han mostrado eficacia frente a determinados linfomas y leucemias.
Estas terapias consisten en extraer células inmunitarias del propio paciente, modificarlas genéticamente y volver a introducirlas en el organismo. El objetivo es que actúen sobre mecanismos concretos implicados en el proceso inflamatorio.
Una de sus características más interesantes para la esclerosis múltiple es su potencial para atravesar la barrera hematoencefálica, que separa la sangre del cerebro y que numerosos medicamentos convencionales no consiguen superar.
"La idea es bastante emocionante", ha valorado Ana Zabalza. "Podríamos hipotéticamente tratar la inflamación desde dentro del cerebro, lo que creemos que sería más eficaz".
Además, estas terapias podrían permitir una especie de reinicio del sistema inmunitario. Según la especialista, las células generadas después pueden presentar un perfil mucho más antiinflamatorio y parecido al de una persona que no tiene esclerosis múltiple.
Ya se encuentran en marcha ensayos clínicos en fase 1, aunque todavía quedan numerosas incógnitas. Entre ellas figuran los posibles efectos adversos a largo plazo, la duración real del efecto y el coste de estos tratamientos.
Uno de los objetivos de la investigación desarrollada en el CaixaResearch Institute de Fundación "la Caixa" es conseguir que los avances en inmunología puedan acabar traduciéndose en nuevas posibilidades para los pacientes y no permanezcan únicamente en el laboratorio.
Para Núria, esa investigación supone también una fuente de esperanza. "Da mucha tranquilidad y mucha fe pensar que van a salir cosas nuevas que van a curar a la gente, que todo va a ir a mejor", ha explicado. "Y eso es una de las cosas más importantes".