El estudio de una investigadora de la UPNA que explica cómo un impuesto cambió la desigualdad en Occidente
La investigación ha analizado los casos de Suecia, Estados Unidos y Reino Unido y ha destacado el paso de un impuesto de élites a un tributo de masas.
La generalización del impuesto sobre la renta ha sido clave para reducir las desigualdades económicas en varios países occidentales durante la primera mitad del siglo XX, según un estudio publicado por una investigadora de la Universidad Pública de Navarra y un investigador de la Universidad de Barcelona.
El trabajo ha sido realizado por Sara Torregrosa Hetland, investigadora Ramón y Cajal de la UPNA vinculada al instituto INARBE, y por Oriol Sabaté, investigador de la Universidad de Barcelona. Ambos han analizado la evolución del impuesto sobre la renta en Suecia, Estados Unidos y Reino Unido.
La investigación se ha publicado recientemente en Economic History Review, una de las revistas internacionales más prestigiosas en el ámbito de la historia económica. El artículo forma parte de un proyecto más amplio que ha recibido financiación de distintas instituciones nacionales e internacionales, entre ellas el Consejo de Investigación de Suecia y la Agencia Estatal de Investigación.
El estudio ha concluido que la reducción de la desigualdad no dependió únicamente de que el impuesto fuera más progresivo. La clave, según la investigación, estuvo en que el impuesto sobre la renta dejó de ser un tributo limitado a las élites y pasó a afectar a una parte muy amplia de la población.
“Así, el secreto de la redistribución no estuvo solo en la progresividad, sino en la conversión del impuesto en un fenómeno de masas”, ha apuntado la investigadora de la UPNA.
Los casos de Suecia, Estados Unidos y Reino Unido muestran que la desigualdad se redujo más en aquellos países que aplicaron este impuesto de forma decidida. Es decir, en aquellos sistemas fiscales que incorporaron a la mayoría de la población a la declaración y al pago del tributo.
Una de las conclusiones más llamativas del trabajo ha sido la precocidad del modelo sueco. Ya en la década de 1920, cerca del 50% de la población de Suecia presentaba declaraciones de impuestos.
Ese nivel de implantación no llegó a los países anglosajones hasta la Segunda Guerra Mundial. Para 1950, la cifra superaba el 75% en los tres países analizados, lo que consolidó la transición desde un impuesto “de élites” a un impuesto “de masas”.
El artículo también ha destacado el papel de las guerras mundiales en la evolución de la fiscalidad. Según la investigación, ambos conflictos impulsaron la redistribución, aunque lo hicieron con dinámicas diferentes.
Durante la Primera Guerra Mundial, los Estados recaudaron más dinero y los tipos impositivos se volvieron más progresivos, especialmente para las rentas más altas. En la Segunda Guerra Mundial, la redistribución alcanzó niveles récord y también crecieron los tipos aplicados a las clases altas.
Sin embargo, durante la Segunda Guerra Mundial la progresividad del impuesto disminuyó. Esto ocurrió porque la base fiscal se amplió de forma muy notable e incluyó también a las clases medias y bajas.
Los tres países analizados representan modelos distintos de Estado del Bienestar. Suecia responde a una aproximación socialdemócrata, mientras que Estados Unidos se encuadra en un modelo más liberal.
Aun así, en los tres casos aumentó la redistribución a través del impuesto sobre la renta durante la primera mitad del siglo XX. El Reino Unido ha destacado como el país que generó el sistema más redistributivo entre los tres analizados.
En Estados Unidos, el impuesto tuvo en general un menor alcance, aunque creció de forma muy importante durante los años cuarenta. Por su parte, Suecia contó de forma sistemática con la base fiscal más amplia, pero también con el sistema menos progresivo de los tres.
Esa menor progresividad del modelo sueco se explica, en gran medida, por el peso de su sistema de fiscalidad local, según se recoge en el artículo.
El estudio no ha incluido el caso español, ya que España no contaba en ese periodo con un impuesto sobre la renta comparable al de los países analizados. Así lo ha explicado la investigadora de la UPNA.
“El caso español no se contempla en el artículo, debido a que nuestro país carecía en este periodo de un impuesto sobre la renta comparable”, ha señalado Sara Torregrosa Hetland.
En España apareció en 1932 la Contribución general sobre la renta, pero durante los cuarenta años posteriores apenas alcanzaba al 1% de los hogares. Además, recaudaba en torno al 0,15% del PIB.
Ese tributo fue sustituido por el actual IRPF en 1978. “Hasta los años de la Transición, nuestro sistema fiscal seguía siendo pequeño y basado en impuestos indirectos; por lo tanto, la redistribución de la renta brillaba por su ausencia”, ha apuntado la autora del artículo.
Después de 1970, muchos sistemas fiscales de países avanzados tendieron a perder progresividad. Esta evolución se produjo, sobre todo, por la reducción de los tipos aplicados a las rentas más altas.
En la actualidad, tras varias décadas de convergencia, el porcentaje del PIB que se recauda mediante impuestos sobre la renta en España es bastante parecido al de los países analizados. Según datos de la OCDE de 2024, se sitúa entre el 9,1% de España y el 11,3% de Suecia.
“Cabe preguntarse, sin embargo, por el legado de nuestro atraso fiscal en nuestra desigualdad y nuestro sistema de bienestar”, ha valorado la investigadora de la Universidad Pública de Navarra.