SOCIEDAD

El estudio en Navarra que busca detectar en recién nacidos un virus silencioso que puede causar sordera

Profesionales del HUN que participan en el estudio para la detección del citomegalovirus en recién nacidos. ELISA RETA / NAVARRABIOMED-FMS

El Hospital Universitario de Navarra analiza muestras de saliva en bebés ingresados en Maternidad o Neonatología para conocer la incidencia del virus y actuar de forma precoz.

El citomegalovirus congénito centra un nuevo estudio del Hospital Universitario de Navarra para detectar en recién nacidos un virus que puede causar sordera y problemas de desarrollo. Profesionales del HUN han iniciado esta investigación para conocer la incidencia del CMV congénito en la población infantil navarra.

La detección se realiza en los recién nacidos ingresados en Maternidad o Neonatología del HUN durante sus primeros días de vida. Para ello, se toma una muestra de saliva de forma inocua e indolora, que después se analiza en el laboratorio para comprobar si existe presencia del virus.

En los casos positivos, el equipo realiza una nueva prueba, esta vez mediante una muestra de orina. Si esta segunda determinación confirma la infección, se informa a la familia y se inicia de manera precoz el estudio y el seguimiento del bebé.

En determinadas situaciones, los profesionales podrían iniciar un tratamiento antiviral para prevenir complicaciones. El objetivo es actuar cuanto antes en aquellos casos en los que el citomegalovirus congénito pueda provocar daños posteriores.

Entre las complicaciones más relevantes de esta infección se encuentra la sordera neurosensorial progresiva. En algunos casos, esta pérdida auditiva puede llegar a requerir implantes cocleares.

El CMV congénito es la principal causa de sordera no hereditaria en la población infantil. Además, también puede ocasionar problemas de neurodesarrollo, tanto a nivel cognitivo como motor.

La detección precoz permite realizar un seguimiento de estos niños para descartar una posible afectación auditiva. Cuando sea necesario, los profesionales podrán intervenir de forma temprana para mejorar su calidad de vida.

La recogida de muestras para el estudio se prolongará aproximadamente durante un año. Después, los casos de infección congénita tendrán un seguimiento de unos tres años para facilitar el diagnóstico y el tratamiento precoz de las complicaciones que puedan aparecer.

La participación en el estudio es voluntaria y los datos serán anónimos. Las familias deberán firmar un consentimiento informado en el que se explica el procedimiento.

El virus podría estar presente en uno de cada 200 recién nacidos. Según las estimaciones, la prevalencia de CMV congénito en España es de aproximadamente un 0,5%.

Esto significa que uno de cada 200 bebés puede estar infectado al nacer. La gran mayoría, más del 80%, no muestra síntomas iniciales.

En torno a un 20% de los recién nacidos infectados puede presentar bajo peso al nacer, ictericia prolongada o alteraciones en el sistema nervioso y auditivo. Incluso aunque no aparezcan síntomas al principio, el virus puede seguir actuando y generar secuelas a largo plazo hasta en el 15% de los casos.

El citomegalovirus es un virus muy común de la familia de los herpes virus. Puede adquirirse por contacto directo con líquidos corporales como sangre, saliva, orina o leche materna.

Se calcula que entre el 50% y el 90% de la población adulta mundial ha pasado la infección y tiene anticuerpos. En la mayoría de las personas, la infección por CMV no produce síntomas.

Cuando aparecen síntomas, suelen parecerse a los de un cuadro gripal. Entre ellos se encuentran la astenia, fiebre, dolor de garganta, inflamación de ganglios o dolores musculares.

Los virus herpes tienen una particularidad importante: una vez contraída la infección, permanecen en el organismo de forma latente. Por eso, el citomegalovirus puede reactivarse en determinadas circunstancias.

En las mujeres embarazadas, como también ocurre en otras personas con el sistema inmunitario debilitado, el virus puede volver a activarse. También puede suceder que una gestante contraiga la infección por primera vez durante el embarazo.

En cualquiera de estos dos casos existe riesgo de transmisión al feto. Esa transmisión puede provocar que el recién nacido adquiera una infección congénita por citomegalovirus.

El equipo investigador principal del estudio está formado por Mercedes Herranz Aguirre, del Servicio de Pediatría-Infectología Infantil; Iosu Razquin Olazarán, del Servicio de Microbiología; Adrián Revuelta Linaje, del Servicio de Pediatría-Neonatología; y Andrea Ancin Suberviola, del Servicio de Pediatría-Neonatología.

El estudio está financiado por el Gobierno de Navarra a través de las subvenciones para la promoción de proyectos de investigación en Salud. Además, está gestionado por el Instituto de Investigación Sanitaria de Navarra, IdiSNA.

En el trabajo participan también matronas y TCAE de la Primera Maternal, personal facultativo de Pediatría y Microbiología, residentes, enfermería y TCAE de Neonatología. También intervienen profesionales de Obstetricia y CASSyR, Radiología, Otorrinolaringología y Oftalmología Infantil.