SOCIEDAD

Investigadores reunidos en Pamplona ponen el foco en un reto del ictus: recuperar la vida después de sobrevivir

Representantes de ADACEN con los expertos participantes en la jornada. CEDIDA
La asociación ha reunido en la UPNA a expertos de toda España para abordar los avances científicos y las necesidades de recuperación de quienes sobreviven a esta enfermedad.

La investigación sobre el ictus ha recibido en España una financiación muy inferior a la destinada al cáncer dentro de las mismas ayudas públicas. En 2021, los proyectos relacionados con esta enfermedad obtuvieron 2,87 millones de euros, frente a los más de 38 millones destinados a la investigación oncológica. Una diferencia que ADACEN ha puesto sobre la mesa en Pamplona para reclamar más recursos destinados a la recuperación de los pacientes.

La Asociación de Daño Cerebral de Navarra (ADACEN) ha reunido este 29 de octubre, Día Mundial del Ictus, a investigadores y especialistas de diferentes disciplinas en una jornada celebrada en la Universidad Pública de Navarra (UPNA). Bajo el título “La importancia de la investigación en la rehabilitación del ictus”, el encuentro ha abordado los avances científicos y las necesidades de quienes sobreviven a esta enfermedad.

La cita ha tenido lugar en el Salón de Grados de la Facultad de Medicina de la UPNA, con la asistencia de decenas de investigadores, profesionales sanitarios y estudiantes. La iniciativa forma parte de Neurolab, el laboratorio de innovación de ADACEN, y ha servido para reclamar un mayor impulso a la investigación sobre la recuperación y rehabilitación de las personas afectadas.

La dimensión del problema queda reflejada en los datos de la World Stroke Organization, que estima que una de cada cuatro personas mayores de 25 años sufrirá un ictus a lo largo de su vida. En España se registran alrededor de 120.000 casos anuales, con unas 25.000 muertes por esta causa.

Además, el ictus constituye una de las principales causas de discapacidad en Europa. Muchas de las personas que sobreviven necesitan largos procesos de rehabilitación, tratamientos especializados y apoyo para recuperar capacidades y mejorar su autonomía.

Sin embargo, los recursos destinados a investigar esta enfermedad no se corresponden, según ADACEN, con su enorme impacto sanitario y social. La Estrategia en Ictus del Sistema Nacional de Salud recoge que entre 2011 y 2021 se destinaron 18,4 millones de euros a proyectos relacionados con esta enfermedad mediante las ayudas de la Acción Estratégica en Salud (AES).

Durante ese periodo se admitieron 381 proyectos de investigación sobre el ictus, de los que únicamente 145 consiguieron financiación, lo que representa el 38 % del total. En 2021, último ejercicio para el que la Estrategia ofrece una cifra específica, las ayudas alcanzaron los 2,87 millones de euros.

La comparación con el cáncer permite apreciar la diferencia de financiación dentro del mismo sistema estatal de ayudas competitivas. En aquel ejercicio, el Instituto de Salud Carlos III destinó más de 38 millones de euros a proyectos de investigación oncológica, una cantidad más de trece veces superior a la concedida para investigar el ictus.

Esta comparación no incluye toda la investigación desarrollada en España sobre ambas enfermedades, pero permite observar la distinta distribución de recursos en una misma convocatoria pública. Además, la investigación contra el cáncer dispone de una estructura consolidada de centros, redes científicas y financiación social que no existe en la misma medida en el ámbito del ictus.

Desde ADACEN han insistido en que esta reivindicación no pretende enfrentar unas enfermedades con otras ni cuestionar los avances conseguidos en oncología. Al contrario, consideran que los resultados de la investigación sobre el cáncer demuestran lo que puede alcanzarse cuando existe una apuesta científica continuada, organizada y visible durante años.

La asociación defiende que la investigación sobre el ictus debe abarcar todo el recorrido de la enfermedad. Esto incluye la prevención, el diagnóstico y los tratamientos en la fase aguda, pero también la recuperación de las capacidades afectadas y la rehabilitación a medio y largo plazo.

Entre los retos pendientes figuran comprender por qué unos pacientes recuperan determinadas capacidades y otros no, identificar los tratamientos más eficaces para cada persona y aprovechar la plasticidad cerebral. También se estudia cómo incorporar tecnologías como la inteligencia artificial, la estimulación cerebral y la robótica para desarrollar terapias más personalizadas.

La jornada de Pamplona también ha permitido presentar el modelo de innovación colaborativa que ADACEN impulsa a través de Neurolab, su Living Lab acreditado por la European Network of Living Labs (ENoLL). Este espacio reúne a personas con daño cerebral adquirido, profesionales sanitarios, investigadores, universidades y empresas tecnológicas.

El objetivo es desarrollar soluciones innovadoras que respondan a las necesidades reales de los pacientes y permitan mejorar los procesos de rehabilitación y calidad de vida. De esta manera, el conocimiento científico puede trasladarse a aplicaciones prácticas que ayuden a recuperar autonomía.

La apertura del encuentro ha correspondido a Begoña Pérez Eransus, vicerrectora de Estudiantes, Vida Universitaria y Compromiso Social de la UPNA, y a Andrés Ilundáin Esquiroz, director de ADACEN. Posteriormente ha intervenido Ignacio Lizasoain Hernández, coordinador de la red RICORS-ICTUS, para analizar la situación actual de la investigación en España.

Esta red articula buena parte de la investigación coordinada sobre el ictus mediante cinco líneas principales. Entre ellas destacan la identificación de biomarcadores capaces de predecir la evolución de los pacientes, la mejora de los tratamientos durante la fase aguda y la cerebroprotección para limitar las lesiones neuronales.

Las otras dos líneas se centran en la reparación cerebral y la recuperación funcional, así como en la prevención de nuevos episodios. A ellas se suman estudios sobre neuroimagen, genética, deterioro cognitivo, inteligencia artificial y nuevas tecnologías aplicadas a los tratamientos de rehabilitación.

La investigación desarrollada en Navarra ha tenido una presencia destacada en el encuentro. Maite Mendioroz Iriarte, neuróloga del Hospital Universitario de Navarra e investigadora principal de la Unidad de Neuroepigenética de Navarrabiomed, ha explicado el uso de biomarcadores en sangre para predecir el deterioro cognitivo después de un ictus.

También ha participado Miguel Valencia, investigador principal del grupo de Monitorización y Control Fisiológico del Cima Universidad de Navarra, que ha expuesto su aproximación neurofisiológica al estudio de esta enfermedad.

La segunda parte de la jornada se ha centrado en nuevas posibilidades para mejorar la recuperación. Ander Ramos Murguialday, responsable de la línea de neurotecnología de TECNALIA, ha abordado las posibilidades de modular la actividad cerebral en los tratamientos de neurorrehabilitación.

Por su parte, Manuel Murié Fernández, coordinador de las Unidades de Neurorrehabilitación de Fundación Hospitalarias Euskadi y del Hospital Ciudad de Telde, del Grupo ICOT, ha explicado cómo pueden entrenarse las tareas duales después de un ictus. Esta línea de trabajo forma parte de las investigaciones dirigidas a mejorar las capacidades funcionales de los pacientes.

También ha intervenido Anna Rossell Novell, directora del grupo de Enfermedades Neurovasculares del Instituto de Investigación Vall d'Hebron, con una ponencia sobre nuevas estrategias de reparación neurovascular y recuperación.

Las intervenciones científicas han concluido con Juan C. Moreno, investigador del Centro de Automática y Robótica del CSIC, que ha presentado trabajos relacionados con la estimulación eléctrica y la robótica para mejorar la rehabilitación de la marcha en personas afectadas por un ictus.

La clausura ha contado con la participación de José Luis Herrera Zubeldía, presidente de ADACEN, y Fernando Domínguez Cunchillos, consejero de Salud del Gobierno de Navarra.

Durante la jornada, Andrés Ilundáin Esquiroz ha subrayado que la investigación debe tener consecuencias directas sobre la vida de quienes han sufrido un daño cerebral. “La investigación es una de las herramientas más importantes para mejorar el presente y el futuro de las personas con daño cerebral adquirido”, ha afirmado.

El director de ADACEN ha señalado que el trabajo científico no debe limitarse a generar conocimientos o desarrollar nuevas tecnologías, sino que tiene que convertirse en oportunidades de recuperación, autonomía, participación social y mejora de la calidad de vida.

Ilundáin también ha defendido el papel de las asociaciones especializadas como puente entre los investigadores y las necesidades de los pacientes. En este sentido, ha destacado que la experiencia cotidiana de ADACEN con las personas que han sufrido un ictus y sus familias permite identificar necesidades que todavía no tienen una respuesta suficiente.

“Nuestra experiencia diaria con las personas con ictus y sus familias, junto con el trabajo de nuestros equipos profesionales multidisciplinares, nos permite identificar necesidades que todavía no tienen una respuesta suficiente y contribuir a que la investigación se oriente a mejorar su vida cotidiana”, ha explicado.

El responsable de ADACEN ha insistido así en la importancia de que los avances alcanzados durante las últimas décadas para salvar vidas en la fase aguda del ictus tengan continuidad en los tratamientos posteriores, especialmente en los procesos de rehabilitación y recuperación a largo plazo.