SOCIEDAD

El secreto vikingo de un pueblo de Navarra: por qué un dragón nórdico se esconde en una iglesia del Camino de Santiago

Portada de la iglesia de Santa María la Real de Sangüesa.
Ni santos ni mártires: uno de los relieves más extraños de la portada narra la leyenda de Sigurd, un mito escandinavo que 'viajó' miles de kilómetros hasta Navarra.

Miles de peregrinos cruzan cada año el puente sobre el río Aragón en Sangüesa sin sospechar que, a pocos metros, les observa un intruso que no debería estar allí. En la fachada de la iglesia de Santa María la Real, considerada una de las cumbres del románico nacional, existe un relieve que rompe cualquier lógica religiosa: la leyenda nórdica de Sigurd y el dragón Fafner.

¿Cómo terminó un mito de las sagas escandinavas tallado en piedra en pleno siglo XIII en Navarra? La respuesta es un viaje de miles de kilómetros a través de la fe y el boca a boca medieval.

La portada de Santa María la Real es un despliegue visual abrumador. Iniciada por el maestro francés Leodegarius y terminada por el taller de San Juan de la Peña, está presidida por un imponente Juicio Final. Sin embargo, en sus relieves más bajos, donde el arte medieval solía retratar la vida cotidiana o los pecados, aparece una secuencia que parece sacada de una serie de televisión actual.

Allí se narra la historia de Sigurd, el héroe que, instigado por el herrero Regín, forja una espada legendaria para dar caza al dragón Fafner. La escultura muestra el momento de la muerte de la bestia, pero lo más fascinante es el trasfondo: al probar la sangre del dragón, Sigurd entiende el lenguaje de los pájaros, quienes le advierten de que el herrero planea traicionarle para quedarse con el tesoro.

La presencia de esta leyenda nórdica en Navarra es el testimonio definitivo de lo que fue el Camino de Santiago francés: la primera gran red social de Europa. Sangüesa era una etapa clave y un lugar de tránsito constante para viajeros procedentes de todos los rincones del continente.

A diferencia de la mayoría de iglesias, donde el imaginario es estrictamente cristiano, Santa María la Real se convirtió en un testimonio de intercambio cultural único. Algún peregrino, o quizás un cantero llegado del norte, trajo consigo este relato pagano de dragones y traiciones, y los maestros locales decidieron inmortalizarlo en la piedra, fundiendo para siempre la mitología vikinga con el corazón del Reino de Navarra.

Hoy, la iglesia no solo es un Monumento Nacional por su arquitectura octogonal o su espectacular torre, sino por ser un "museo" de las historias que se contaban en las posadas del medievo. Para el visitante moderno, encontrar a Sigurd entre vírgenes y santos es un recordatorio de que, incluso en el siglo XIII, Navarra ya era una ventana abierta al mundo.

Detalle de la portada que muestra la leyenda de Sigurd. TURISMO DE NAVARRA