Antifascismo para tapar la corrupción
El sábado vimos a varios cientos de jóvenes manifestarse por el centro de Pamplona con consignas contra el fascismo. Resulta sorprendente que, en pleno 2025 y en un país como España, con más de cuatro décadas de democracia, todavía haya movilizaciones planteadas en esos términos. Más llamativo aún es que algunos de quienes gritan contra el fascismo lancen también mensajes de apoyo a terroristas de ETA, responsables de años de violencia que dejaron una profunda huella de dolor en España y, especialmente, en Navarra. Esta contradicción refleja, a mi juicio, una preocupante deriva en una parte de la juventud navarra que deberíamos analizar con seriedad.
Cuesta entender por qué estas movilizaciones no se centran en problemas que afectan directamente a muchos jóvenes: el aumento de las agresiones sexuales en Pamplona, el encarecimiento de los alquileres que dificulta la emancipación o la salida de empresas que deja a trabajadores en una situación muy precaria. Sin embargo, el foco vuelve a situarse en el antifascismo, algo que, en mi opinión, responde más a una estrategia política de los verdaderos fascistas que a una preocupación real por los problemas cotidianos.
Considero que el Gobierno que lidera María Chivite y, especialmente, sus socios, están utilizando este clima para tapar una gestión más que cuestionable. No solo hablamos de paro o de listas de espera sanitarias disparadas, sino también de las sombras constantes de presuntas corruptelas y prácticas poco transparentes que erosionan la confianza de los ciudadanos. Cada nueva polémica, cada nombre que aparece vinculado a posibles irregularidades, alimenta la sensación de que Navarra se ha convertido en un escenario donde algunos se reparten el poder y el dinero mientras los problemas de la gente se inquistan.
La manifestación del sábado parece encajar dentro de ese contexto político: agitar el fantasma del fascismo para evitar que el debate público se centre en la gestión, en las responsabilidades y en la exigencia de explicaciones claras. Remover constantemente episodios dolorosos del pasado y movilizar a jóvenes en esa dirección demuestra, desde mi punto de vista, una falta de sensibilidad hacia quienes vivieron etapas duras de nuestra historia y prefieren pasar página. Da la sensación de que cierta izquierda navarra y nacional insiste en mantener vivo ese enfrentamiento, en lugar de apostar por una convivencia basada en el respeto y la memoria.
Juan Antonio Extremera