Extinguir sin existir

Carta de la Asociación Profesional de Guardas de Medio Ambiente de Navarra

Los recientes incendios ocurridos en Navarra, como los de Ezkabarte e Imárcoain, y otros conatos que se producen prácticamente a diario, han vuelto a demostrar la importancia de contar con servicios públicos preparados, coordinados y conocedores del territorio.

En el presente escenario de emergencia climática y con un riesgo extremo de incendios, como ya han demostrado los acontecidos en “La Mierla” (Guadalajara), “Cinco Villas” (Aragón) o “Los Gallardos” (Almería), con varias personas fallecidas, es importante ser conscientes de que la emergencia es real y requiere una implicación social, administrativa y política decidida, responsable, efectiva y real.

El Servicio de Basozainak/Guarderío de Medio Ambiente (B-GMA) participa sobre el terreno en la extinción de incendios forestales. Lo hace dentro del dispositivo de extinción y bajo la Dirección de Extinción, que corresponde al Servicio de Bomberos, a pesar de que, desde 2024, nuestra propia Administración niega “sobre el papel” que el Servicio de Basozainak/Guarderío de Medio Ambiente tenga la extinción entre sus funciones.

B/GMA ha reivindicado continuamente ante la Administración que reconozca nuestra labor de extinción, adapte nuestra regulación y vuelva a incluir a Basozainak/Guarderío de Medio Ambiente dentro del grupo de extinción que establece el INFONA (Plan Especial de Protección Civil de Emergencias por Incendios Forestales de Navarra), del que, en su última modificación y sin justificación alguna, se nos excluyó.

En multitud de ocasiones somos el primer servicio público en detectar y llegar a un conato de incendio. Valoramos la situación y actuamos con mochilas extintoras, batefuegos y otros medios de pronto ataque. Muchas veces conseguimos apagar o minimizar la propagación del fuego antes de que alcance mayores dimensiones.

Son intervenciones que apenas trascienden porque, precisamente, evitamos que se produzca un gran incendio y, si esto ocurre, nuestro conocimiento de caminos, accesos, tipo de vegetación, puntos de agua y de las personas que allí habitan resulta especialmente útil.

Entre nuestras tareas se encuentran también la dirección de bulldozers y la coordinación de maquinaria agrícola, medios con los que se abren cortafuegos, se crean líneas de defensa y se facilita el acceso de los equipos de emergencia. Así hemos trabajado en los últimos incendios, junto a agricultores y maquinistas, SOS Navarra, Bomberos, Policía Foral y otros servicios públicos.

No pretendemos atribuirnos el trabajo de otros servicios ni cuestionar que la Dirección de Extinción corresponda a Bomberos, pero sí reclamamos que se reconozca, con rigor, nuestro papel en las intervenciones.

Nuestro Decreto Foral 7/2019 establece que debemos colaborar con los responsables de la extinción. Sin embargo, la interpretación que hace nuestra Administración no reconoce nuestra tarea en la extinción. Colaborar en la extinción también es extinguir.

No se trata de una presencia pasiva: nuestro trabajo, sin duda, tiene un efecto en el resultado obtenido. Apagar un conato, guiar un bulldozer, coordinar la maquinaria o facilitar el acceso de otros medios son actuaciones que contribuyen directamente a controlar el fuego.

La extinción es un trabajo colectivo en el que cada recurso asume responsabilidades y aporta una parte necesaria para alcanzar un objetivo común: apagar el incendio.

La actitud de la Administración resulta difícil de comprender cuando es ella misma quien nos forma, nos dota de equipos de protección individual, nos proporciona material para sofocar fuegos y cuenta con nuestra intervención en estas situaciones de emergencia.

No se reconoce nuestra función, pero es que tampoco se reconocen adecuadamente la disponibilidad que exige, la responsabilidad que se asume ni el riesgo al que nos exponemos.

Mientras que, por un lado, la Administración reconoce que nuestra presencia es necesaria para prevenir, detectar y responder con rapidez ante una posible emergencia, por otro, afirma que no extinguimos y continúa solicitando nuestra disponibilidad voluntaria para intervenir fuera de la jornada ordinaria.

Algo parecido ocurre en otras situaciones extraordinarias, como el eclipse previsto para el próximo 12 de agosto, para el que se plantea establecer un dispositivo preventivo y unos servicios mínimos, también extraordinarios, para los que se solicita nuestra participación voluntaria.

Nuestra negativa a mantener este sistema de voluntariedad no supone falta de compromiso ni una negativa a cumplir con nuestro trabajo. Supone rechazar que las necesidades que la propia Administración considera esenciales o extraordinarias se cubran mediante la buena voluntad y la disponibilidad personal de la plantilla, sin una remuneración ni una compensación acordes con la responsabilidad y el riesgo asumidos.

La vocación explica nuestra implicación, pero no puede sustituir nuestros derechos laborales. Si se nos exige formación, disponibilidad, responsabilidad y exposición al riesgo, debe existir un reconocimiento proporcional: funciones claramente reguladas, personal y medios suficientes, protección jurídica y preventiva, remuneración y compensación.

La Administración no debería exigir como un deber lo que después niega como función. Tampoco debería recurrir al voluntarismo para garantizar el buen desarrollo de un servicio excepcional cuando, por otra parte, considera nuestra presencia imprescindible en él.

Esta falta de reconocimiento ha generado un profundo hartazgo en el colectivo de B/GMA, motivo por el cual nos concentramos desde marzo para reclamar unas condiciones proporcionales a las funciones, la disponibilidad y los riesgos asumidos.

Lamentablemente, a día de hoy, nuestras organizaciones sindicales todavía no han recibido una respuesta ni se ha abierto una mesa de negociación con representantes del Departamento de Desarrollo Rural y Medio Ambiente y de Función Pública.

Nuestro compromiso con la ciudadanía y el medio natural permanece intacto, pero la vocación no puede sustituir los derechos laborales. Reclamamos algo básico: diálogo, negociación y un reconocimiento acorde con el trabajo que realizamos.

Carta de la Asociación Profesional de Guardas de Medio Ambiente de Navarra