Elma Saiz y la patada a los 50 años de democracia en Navarra
En tiempo electoral se suelen decir muchas tonterías. No acabamos de empezar y ya tenemos una perla histriónica de la candidata socialista al Congreso de los Diputados por Navarra, nuestra paisana Elma Saiz, ministra portavoz del Gobierno, ahora en funciones, que acostumbra a confundir su responsabilidad institucional con la de vocera del PSOE. Pues bien, la candidata socialista se ha estrenado en Pamplona con la siguiente genialidad: "Nos jugamos que nos den una patada y nos manden 50 años atrás, o mirar al futuro". Debe de ser algo terrible para un socialista que te manden de una patada al año 1976. Elma Saiz nació en Pamplona el 2 de diciembre de 1975, la víspera de la festividad de San Francisco Javier. Por entonces era una recién nacida que, naturalmente, nada podía saber de los acontecimientos históricos que se avecinaban. Su venida a este mundo ocurrió cuando España acababa de iniciar la Transición y ponía rumbo a la democracia.
En aquellos días, el secretario general del PSOE, Felipe González, se dedicaba a predicar, junto al secretario general del PCE, Santiago Carrillo, la "ruptura democrática", con la esperanza de que el pueblo desbordara a las instituciones franquistas y se constituyera un Gobierno provisional que convocara elecciones generales, pero condenando a los franquistas y a sus colaboradores, cuando menos, a la muerte civil. El problema estaba en que Franco había desaparecido y su régimen no le había sucedido a sí mismo. Un rey joven, Juan Carlos I, había asumido la Jefatura del Estado dispuesto a utilizar sus poderes para transformar España en una democracia. El Rey patrocinaba la "reforma democrática", con dos pilares: la devolución al pueblo español de la libertad y de todos los derechos fundamentales y la amnistía para quienes hubieran cometido delitos de motivación política. Esta difícil tarea de desmontar sin violencia el franquismo y sentar los cimientos del nuevo régimen democrático se la encargó don Juan Carlos a un joven reformista, Adolfo Suárez, que cumplió la misión recibida con más que notable perfección. Esto ocurrió el 5 de julio de 1976, cuando Elma Saiz apenas había cumplido siete meses.
Desde el momento en que tomó posesión de la presidencia del Gobierno, Suárez comenzó a negociar la reforma democrática con los partidos de la oposición, todavía prohibidos. España no era un remanso de paz. Además de ETA, había otras organizaciones terroristas en plena actividad. Los trabajadores de las grandes empresas estaban en pie de guerra, impulsados por Comisiones Obreras y la UGT, todavía en la clandestinidad. Había huelgas, manifestaciones violentas y actuaciones represivas de unas fuerzas de seguridad que no estaban preparadas para afrontar las revueltas callejeras. Suárez prometió dar pasos de gigante y los dio. Mientras negociaba con la oposición, consiguió al mismo tiempo que las Cortes franquistas se hicieran el 'harakiri' del régimen mediante la aprobación de la Ley para la Reforma Política, que abría las puertas a la plena democracia y a la elección por sufragio universal de dos Cámaras: el Congreso y el Senado. Sometida a referéndum por el Rey, el pueblo español aprobó la reforma por amplísima mayoría el 15 de diciembre de 1976. Don Juan Carlos había cumplido su promesa de ser un rey para todos los españoles. Elma Saiz acababa de cumplir un año.
Lo que la opinión pública no supo en aquel momento es que el 7 de diciembre de 1976, unos días antes del referéndum sobre la reforma política, se había constituido la llamada Comisión de los Nueve para negociar la futura ley electoral. Se trataba de garantizar la limpieza de los comicios. El 10 de febrero de 1977 se dio el pistoletazo de salida al abrirse el registro de partidos en el Ministerio de la Gobernación. A partir de entonces, se hizo pública la negociación con la referida Comisión para llegar a un acuerdo, cuyos avatares seguí personalmente en mi condición de presidente del Partido Social Demócrata Foral de Navarra, integrado en la Federación de Partidos Socialdemócratas, cuyo presidente, Francisco Fernández Ordóñez, desempeñó un papel muy destacado en las conversaciones. Por fin, a principios de abril se había llegado a un acuerdo. Pero aún no se había cumplido una de las condiciones imprescindibles para la plena legitimidad de las elecciones: la legalización del Partido Comunista. Esta se produjo el 9 de abril de 1977, Sábado Santo. Poco después, Santiago Carrillo protagonizó un acto público en el que enarboló la bandera roja y gualda y reconoció la Monarquía en la persona de don Juan Carlos I. El 15 de abril, Adolfo Suárez convocó elecciones generales para el 15 de junio de 1977. El 6 de diciembre de 1978, el pueblo español ratificó en referéndum la Constitución, elaborada mediante un amplio consenso. Elma Saiz acababa de cumplir tres años.
De modo que hace cincuenta años el PSOE estaba trabajando por el bien de España. Hoy no podemos decir lo mismo. La corrupción anida en la Moncloa y el destino de Sánchez depende de quienes rechazan la Transición y la Constitución y han contribuido a provocar la polarización de la sociedad española. Su última hazaña es tratar de dar un vuelco electoral mediante la concesión de la nacionalidad española, con derecho a voto, a los nietos y bisnietos de españoles de media Hispanoamérica, la mayoría de los cuales desconocen la realidad de nuestro país. Si votar al PSOE es votar futuro, Dios nos guarde.
Jaime Ignacio del Burgo fue senador constituyente.