"Lo que pasa es que aquí se les olvida que esto no es un campo de fútbol donde un genio experimentaba, aquí el laboratorio es una morgue. Y una sociedad completamente cabreada".
"Lo que pasa es que aquí se les olvida que esto no es un campo de fútbol donde un genio experimentaba, aquí el laboratorio es una morgue. Y una sociedad completamente cabreada".
Salió Óscar Puente después de la masacre ferroviaria y empezó como una metralleta: «No me voy, no me voy, no me voy…». Y de repente se va. ¿Qué ha pasado aquí?
Como Sánchez trata todas las crisis únicamente como una crisis de comunicación, asistimos a una realidad tan deformada, tan lisérgica, que cuesta creer lo que ves. Tras el anuncio, todo el socialismo estalló en aplausos. Solo les faltó el confeti. Hay que celebrar las derrotas como si fueran victorias. ¿Y el respeto por los muertos? ¿Qué muertos? Estamos en mitad de una campaña electoral, aquí solo hay votos que cosechar.
Óscar Puente ha dimitido no porque sea un inútil que lleva 120 muertos en dos accidentes en menos de un año en una misma línea AVE bajo su gestión, sino para joder a la derecha, a los fachas. Esa es la idea fuerza del PSOE. Y se empezó a llenar Twitter de «No todos somos iguales». Lo replicaron como una plaga, mensaje tras mensaje, desde Sánchez hasta el último sanchista, como si el dimitido fuera alguien extraordinario. Es tan bueno, tan bueno, tan tan bueno, tan tan tan bueno que nos desprendemos de él de lo bueno que es.
Tenía que haberse ido con el primer destrozo de vidas humanas y no esperar al segundo. Y en silencio, pero se va con fanfarrias, en un acto de una inmoralidad que produce escalofríos. El PSOE intenta una jugada a la desesperada como las que hacía Cruyff cuando ponía a un central, Alexanco, de delantero centro. Quieren intentar pasar por una victoria lo que es una derrota. En eso piensa el PSOE, en que le funcione la ida de olla.
Lo que pasa es que aquí se les olvida que esto no es un campo de fútbol donde un genio experimentaba, aquí el laboratorio es una morgue. Y una sociedad completamente cabreada, porque quien más, quien menos, viaja en tren o tiene familiares que viajan en tren.
El responsable de la infraestructura se va echando la culpa a un operario que tuvo que tomar una decisión bajo presión. Y que nunca la tenía que haber tomado si la infraestructura estuviera como tenía que estar, con los sistemas de seguridad funcionando porque se le había hecho un mantenimiento correcto. Esa es la realidad que no quieren que veas.
Óscar Puente se ha ido por un tema de encuestas. Nadie monta una operación como la de filtrar unos audios para echarle la culpa a un trabajador y salvar su cargo político, dañando todavía más su propia imagen, para luego largarse al instante. Si montas esa operación es para atornillarte al sillón, no para abandonarlo.
Es decir, que lo han dejado. Sánchez ha visto que Puente perjudicaba su campaña electoral y le ha mandado el motorista con la cicuta. Semejante desastre, doble, no puede solventarse como siempre hace Sánchez, dejando que otro escándalo tape el anterior. Aquí ya no tiene tiempo, no tiene margen de maniobra.
Quien soñó alguna vez con heredar a Sánchez, ser Sánchez en lugar de Sánchez, lanzado al volcán. Qué cosas... el sanchismo, después de destruir las instituciones democráticas españolas, como traca final acaba devorando a sus propios hijos.
No todos somos iguales, dicen los soxioistas. Y a ver si al final van a tener razón. Porque no todos somos tan inmorales como los del Gobierno de Sánchez, como el PSOE. Y eso es todo.