El agujero negro del túnel de Velate se traga a Remírez

El vicepresidente Javier Remírez. PABLO LASAOSA
«Primero fue la “secuencia de actuación”. Después, el “enriquecimiento injusto”. Ahora estamos en el “periodo de transición”. La obra se ha detenido. El lenguaje de Remírez sigue excavando. A este paso terminarán antes las palabras que Velate».

El mejor amigo de un socialista es una constructora y el segundo, el sobrecoste. Por eso, cuando escuché al vice Remírez hablar de «enriquecimiento injusto» a propósito de Velate, pensé que por fin había definido la actuación de su Gobierno en dos palabras.

Resulta que no. O no del todo. El «enriquecimiento injusto» también es una figura jurídica, no solo el programa electoral del PSOE.

El Gobierno de Navarra estudió acogerse a ella para pagar los 8,5 millones del modificado de Velate. La Asesoría Jurídica dijo que no. Una lástima. Hay días en que el derecho administrativo escribe mejores chistes sobre el socialismo que yo.

La historia tiene de todo: una adjudicación de 76 millones; Servinabar en la UTE adjudicataria, empresa vinculada en la investigación al compañero socialista Santos Cerdán; un modificado millonario; Intervención frenando el pago y los servicios jurídicos diciendo que por ahí tampoco.

Supongo que lo habitual. Tira la oferta hacia abajo, mete a nuestro jefe Cerdán con su Servinabar, os adjudicamos la obra y luego ya lo apañaremos con los sobrecostes. Esta vez, sin embargo, el asunto ha hecho demasiado ruido, hay demasiada gente mirando y alguno que, con más discreción, acabaría firmando se ha acojonado: «¿A que voy al trullo?».

Ya saben: cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana. En Velate ha entrado el sobrecoste. Y por la ventana, como era de esperar, ha saltado la obra.

Pero ocurre el milagro Remírez. Donde tú ves un desastre, el vice contempla exactamente lo previsto.

Tan previsto que el Gobierno quiere resolver el contrato, volver a licitar y esperar a que otra empresa retome las obras en 2027. Que será 2028, 2029 o la segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo. Amén. Qué más da. En Velate el tiempo ya no se mide en años, sino en movidicas.

Hace dos semanas Remírez explicó que Velate no estaba paralizado. Era una «secuencia de actuación». Cometí entonces el error de creer que había alcanzado la cima de su carrera literaria.

Me equivocaba.

Ahora lo llama «periodo de transición».

Remírez no niega la realidad. Le busca el lado bueno. Donde usted ve una obra parada, él encuentra una transición. Te ha dejado tu mujer: estupendo, ahora por fin puedes encontrar a la mujer de tus sueños.

Ese es mi vice Remírez. Un tío optimista. Tan optimista que hasta Txibite ha tenido que decirle que no, que esta vez el muerto está muerto: «La obra no puede continuar en los términos actuales». Queda pendiente el 47,84 por ciento del proyecto original: 36,4 millones. Es decir: este contrato se acaba y habrá que hacer otro.

Una pregunta preciosa: cuando llegue la siguiente adjudicataria, ¿volverán también los sobrecostes o eso pertenecía a la anterior secuencia de actuación?

Primero fue la «secuencia de actuación». Después, el «enriquecimiento injusto». Ahora estamos en el «periodo de transición».

La obra se ha detenido. El lenguaje de Remírez sigue excavando.

A este paso terminarán antes las palabras que Velate. Y eso es todo.