Manifestémonos por Ceuta

Decenas de personas durante una manifestación pací­fica en Ceuta. EUROPA PRESS
Los ciudadanos de Ceuta son ciudadanos como yo: gente pacífica que no se mete con nadie y solo quiere vivir segura. Esta vez me parece suficiente motivo para abandonar por una tarde mi misantropía y mi sociopatía.

¿Otra vez hay que contarlo, de verdad, PSOE? Venga, pues contémoslo. Que no se diga que no nos damos cuenta de lo que están haciendo con nuestras vidas.

La riada al principio se ve lejos, pero siempre acaba llegando. En Artica hay padres que han vuelto a ir a buscar a sus hijos a la parada de la villavesa. Creían que esa parte de la paternidad había terminado cuando los chavales dejaron de ser niños. Te pasas media vida enseñándoles a volver solos a casa y un día los negocios del Gobierno te los devuelven a la infancia.

Cerca funcionan dos centros de menores extranjeros. Los vecinos llevan tiempo denunciando problemas y han decidido organizarse. Artica se llama Artica porque estamos en Navarra. Podría llamarse como tu barrio. Podría llamarse Ceuta.

Esto va otra vez por Remírez, que anda grabándose vídeos sobre la bondad que exuda, descamisado, hecho un zarrio. La izquierda ha montado con la inmigración un negocio extraordinario y después le ha puesto un nombre precioso: humanidad. Tú pagas impuestos, el Gobierno reparte millones y las organizaciones cobran por gestionar centros, plazas y programas.

La humanidad es el eslogan. La factura es de verdad.

Y las consecuencias se reparten gratis por tu barrio. Ellos ganan dinero. Tú ganas disgustos. Miedo. Inseguridad. Tener que bajar por la noche a buscar a tu hijo. Txibite, recuerden, tiene escolta, también pagada por todos. Su familia no tiene estos problemas. Ventajas del progresismo: la solidaridad siempre vive en el barrio de otro.

Si protestas, además, eres racista, xenófobo o insolidario. Han conseguido convertir el deseo elemental de vivir tranquilo en una sospecha ideológica. Como si la solidaridad consistiera en dejarse robar. Como si querer que tu hija vuelva sola a casa sin miedo a que la violen fuese fascismo.

Miren quién está en primera línea de las protestas de Ceuta: las mujeres. Defendiendo algo tan básico que hasta hace nada no necesitaba pancarta: poder caminar tranquilas por la calle.

Esta semana hemos visto por televisión a uno de los que invadieron Ceuta explicar que si unos padres dejan sola a una hija de quince o dieciséis años, «normal que la vayan a violar».

Normal.

Que haya que recordar esto. En fin. No hay una violación normal. No hay una mujer que deba encerrarse en casa para evitarla. No existe una cantidad de solidaridad que obligue a una sociedad libre a retroceder en los derechos de sus mujeres.

El miércoles hay concentraciones frente a los ayuntamientos de España en apoyo a los ceutíes. El PSOE ha decidido no participar porque considera partidista la convocatoria.

Partidista.

Querer vivir tranquilo. Que tus hijos vuelvan solos a casa. Que ninguna mujer tenga miedo de caminar por la calle.

Busca la concentración más cercana y ve.

Yo voy a hacer algo que no hago nunca: ir a una manifestación. Los ciudadanos de Ceuta son ciudadanos como yo: gente pacífica que no se mete con nadie y solo quiere vivir segura. Esta vez me parece suficiente motivo para abandonar por una tarde mi misantropía y mi sociopatía.

Ve por Ceuta, pero también por tu calle, por tus hijos y por tus hijas. No tienes que odiar a nadie ni pedir perdón por querer vivir tranquilo.

Defender hoy a los ciudadanos de Ceuta es defender tu barrio. Pregunten en Artica si esos padres van a buscar a sus hijos por ser de izquierdas o de derechas, o por ese miedo mucho más antiguo y universal a que les pase algo. Y eso es todo.