Chivite necesita pobres para el negocio
Me hago viejo. Me ha dado por instalarme en mi infancia. Quizás sea eso: empezar a tener más curiosidad por saber qué habrá sido de los que se fueron que por conocer a los que vendrán. Me la pelan los que vengan. Enredado siempre entre algas, maraña contra los dedos… canturreaba el otro volviendo desde el gabarrón a la arena de la Concha.
Debe de ser duelo de edad. Solo en la memoria que se va… Espero que el Gobierno de Navarra me lo diagnostique pronto y me pague una terapia, a ser posible en Nueva York, un par de semanas al año.
El mundo es un sitio hostil. Envejeces, te dejan, te despiden, se mueren tus padres, se marchan tus hijos, nada es como habías imaginado y un lunes cualquiera descubres que te duele un hombro que el viernes en el gimnasio tiraba bien. Lo normal es estar jodido.
A nadie se le ha ocurrido todavía crear el Servicio Navarro de Duelo del Autónomo Abandonado. Se lo dije al salir a mi sirena varada.
—Deberíamos.
—No arreglaríamos nada, pero nos llevaríamos una pasta.
Mi diván es el mar. Mar adentro.
Todo esto viene porque el Gobierno de Chivite acaba de adjudicar casi un millón de euros a un servicio de duelo migratorio. Yo quería saber quién cobraba y abrí el navegador.
Bendito San Google.
Pinché y apareció SEI Elkartea, una asociación privada. En Navarra, para privatizar sin que la izquierda grite «privatización», basta con ponerle un nombre en euskera a la empresa pribatua.
Seguí pinchando.
SEI recibe financiación pública por diferentes vías y pertenece a la Red Navarra de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social. Su directora es además vicepresidenta de esa Red. Pinché en la Red.
Y ahí la madeja dejó de parecerme una madeja. Empezó a parecerme una industria.
Unas 35 entidades.
Volví a mirar.
Treinta y cinco.
Yo había empezado buscando un millón de euros y ahora intentaba desenredar una madeja de asociaciones, fundaciones, redes, subvenciones, convenios y contratos. Resulta que la propia Red que agrupa a las entidades también recibe dinero público: 149.000 euros este mismo año, en un convenio firmado en mayo, para «fortalecer el trabajo conjunto» de las 35 entidades que ya cobran cada una por su lado.
El dinero público financia asociaciones y después financia una asociación de las asociaciones.
Y el mordisco lo dan otros. Encías ensangrentadas y miradas de criminales… A grandes rasgos podrían ser ellos, pero yo no busco delitos. Todo será legal, claro. Ese es precisamente el drama: yo ya solo busco facturas.
Y dejé de preguntarme cuánto costaba aquel servicio de duelo migratorio y empecé a preguntarme cuánto dinero público mueve en Navarra toda esta estructura privada levantada alrededor de la pobreza.
La pobreza es pobre. La industria de la pobreza, bastante menos.
Hay directores, coordinadores, técnicos, administrativos, gestores de proyectos, locales, programas, aplicaciones, jornadas, redes, subvenciones, convenios y contratos. Treinta y cinco entidades solo en una de las redes. Y la Red también tiene presupuesto.
Viven como si fuera rico el contribuyente navarro que dibuja la espiral de la derrota de esta fiesta. Y no lo es.
Cada problema encuentra un nombre; cada nombre, un programa; cada programa, una entidad; cada entidad, dinero público. Cuando tenemos suficientes entidades, creamos una Red que las agrupe y ponemos también dinero público en la Red.
Y sigues tirando del hilo.
Y la madeja no se acaba. Echar el ancla a babor. Y de un extremo la argolla y del otro tu corazón, mientras tanto, te sangra, y el mendigo siempre a tu lado, tu compañero de viaje porque para vivir de combatir la pobreza solo necesitas una cosa: pobres. Cuantos más, mejor le va a tu empresa. Y eso es todo.