Veo a un Osasuna sin ideas cuando tiene el balón y desorganizado cuando defiende; el centro del campo no lo dirige nadie. Hoy, un equipo como el Alavés nos ha sacado los colores en todos los sentidos.
Buena piedra de toque para comprobar si los 7 puntos conseguidos en los tres partidos iniciales son consistentes o casuales; además de comprobar si las nuevas adquisiciones suplen con garantías las ausencias o vemos un equipo escaso: Vitoria es un buen escenario para comprobarlo.
Además, el añadido de las lesiones de Herrando y Aimar nos supone un escollo más para la disputa de este interesante encuentro, que ya se va haciendo habitual en esta Primera División. Para ello, el entrenador ha colocado un once con mentalidad defensiva, ofensiva, altamente precavido o simplemente para despistar, cualquiera sabe.
La solución ha sido repetir la alineación de la liga pasada, quizás porque no conoce bien a los nuevos, y esperar a ver qué pasa; y eso ha pasado: que se ha encontrado con un equipo bien organizado, bien plantado y con delanteros con desparpajo. Dejando aparte los errores incomprensibles en defensa, tampoco logramos ligar jugadas de ataque si no son a balón parado o bombeos al área para Budi.
Este partido también ha tenido sus momentos que no hemos sabido gestionar cuando nos hemos acercado en el marcador y en los que algunos cambios hubieran mejorado el rendimiento; los dos minutos posteriores al 2-1 de Osasuna han sido cruciales para el desarrollo posterior; esos se deciden desde dentro del terreno y a Osasuna le ha fallado esa gestión.
Al 3-1 de Boyé, nada que objetar, pero es un ejemplo para tirar a gol cuantas más veces mejor. A partir de este gol vienen los cambios de Osasuna (los nuevos). En el minuto 62, penalti a Budi y gol; nos ha animado, pero de poco ha servido: Boyé de nuevo y 4-2 para tranquilizarnos.
Pero esta historia no había terminado, faltaba el gol de Pablo Ibáñez (5-2), dedicado a Braulio por la gestión del regalo que le hizo al Alavés la temporada pasada.
Con este resultado, está claro que el entrenador tiene mucho trabajo. Veo a un Osasuna sin ideas cuando tiene el balón y desorganizado cuando defiende; el centro del campo no lo dirige nadie. Hoy, un equipo como el Alavés nos ha sacado los colores en todos los sentidos, porque una goleada como esta no la veía desde hacía mucho tiempo.
Un recuerdo que no puedo evitar cada vez que nos enfrentamos al Alavés: ¿se acuerda, Sr. Braulio, de un tal Pablo Ibáñez? Titular en el Alavés, gran rendimiento la pasada temporada y Osasuna buscando por ahí lo que en casa tenía; y encima se fue gratis. No puedo entender que por un “tiquismiquis” de un año más de contrato o no hayamos perdido un gran jugador de casa y que cada vez que habla de su nuevo equipo diga: “aquí me encuentro feliz, me siento querido en Vitoria y cuando te sientes valorado dentro del equipo, te apoyan y animan, se nota en el verde”.
¿Quién tenía más razón, los representantes o usted? Es algo que está por explicar.