Txibite quiere más cheques con ojos
Leyendo estos días las noticias sobre los negocios negreros de la Administración —ellos lo llaman solidaridad, que es más bonito que llamarlo acarrear carne fresca con la que ganar mucha pasta—, me acordé de una historia curiosa. Conozco a uno que volvió a Pamplona después de unas aventuras por el mundo sin trabajo, sin casa y sin un duro. Se instaló provisionalmente con sus padres porque la alternativa era el banco del parque y fue a apuntarse al paro. Acababan de inventar el ingreso mínimo vital y preguntó si podía cobrarlo.
—¿Vives con tus padres?
—Sí.
Pues nada. La funcionaria se descojonó como si hubiera solicitado una beca para viajar a Marte.
Descubrió aquel día que era un pobre millonario. Él tenía exactamente cero euros, pero sus padres podían ponerle un plato de comida en la mesa. Preguntó qué ocurría si se llevaba mal con ellos. Básicamente: te jodes. La funcionaria volvió a reírse. La risita de los cojones todavía la lleva clavada mi colega.
La Administración tiene una extraordinaria habilidad para negarte ayuda cuando no encajas en la estampita de su Domund laico.
Me acordé de él esta semana al leer que una familia marroquí en Navarra supera los 4.000 euros mensuales sumando prestaciones públicas. Cuatro mil euros. Mire su nómina. Mire la de su pareja. Súmelas. ¿Cuántos navarros que pagan esas ayudas ganan 4.000 euros al mes trabajando?
El Gobierno de Navarra debe de pensar que somos todos millonarios. Y gilipollas, claro.
Y todavía quedaba otra noticia. Txibite ha anunciado que Navarra acogerá cinco menores llegados de Ceuta mientras Marruecos reclama que España le devuelva a sus menores.
Sánchez y Txibite se hacen los sordos. Como para renunciar al negocio.
Atender a uno de estos menores puede costar al Gobierno de Navarra unos 75.000 euros al año, que ingresa una ONG amiga. Más de lo que cuesta mandar a un hijo a algunos de los internados más exclusivos del mundo, recuerden. Eton, donde acaba de iniciar el curso el heredero del heredero al trono británico, es más barato, vuelvan a recordar. Hay que trabajar mucho para pagar tanta solidaridad.
Los chavales no tienen culpa de nada. No han puesto ellos precio a su cabeza. Se lo han puesto los gobernantes españoles. Para Sánchez y Txibite esos niños son cheques con ojos. Marruecos reclama a sus menores y aquí solo miran la cifra que llevan colgada.
Mucho dinero. Por eso nadie habla nunca del personaje principal de esta historia: usted. El imbécil que pone el despertador, va a trabajar, paga impuestos y descubre después que su Gobierno reparte su dinero entre los suyos con una alegría desbordante.
A mi conocido, sin empleo, sin casa y sin un euro, la Administración tardó treinta segundos en encontrar una razón para no darle nada.
Será que mi conocido no llevaba 75.000 euros al año debajo del brazo para que los ganaran las ONG amigas de los políticos. Y eso es todo.