• miércoles, 09 de septiembre de 2026
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Opinión / A mí no me líe

Misterioak: por qué la pública pierde gastando el doble que la concertada

Por Javier Ancín

"Entonces, ¿qué coño está pasando en la educación pública navarra para que, con mucho más gasto público por alumno y más profesores por estudiante, obtenga estos resultados? Misterioak. O quizá no tanto".

El consejero de Educación, Carlos Gimeno, durante una rueda de prensa.
El consejero de Educación, Carlos Gimeno, durante una rueda de prensa.

Hay una edad en la que todavía puedes volver a casa con un suspenso y explicar que el examen era dificilísimo. Que suspendió toda la clase. Que el profesor fue a pillar. Que justo cayó lo que peor llevabas. Que hasta el empollón salió diciendo que aquello no había por dónde cogerlo.

Luego creces y se supone que se te pasa.

A Carlos Gimeno no. La tontería le dura.

PISA ha vuelto a examinar a Navarra y el aberchandalato de Txibite ha vuelto a casa con las notas escondidas en la motxila. 461 puntos en Matemáticas, 472 en Ciencias y 441 en Lectura. En la anterior evaluación fueron 492, 489 y 478. Bajamos en las tres. En Lectura nos hemos dejado 37 puntos por el camino. Lo peor es que ya veníamos bajando.

Pero las notas tienen una letra pequeña bastante más puñetera para el Gobierno. En Matemáticas, 448 puntos la pública y 486 la concertada. En Ciencias, 456 frente a 503. En Lectura, 423 frente a 476. La concertada saca mejor nota en las tres.

Y no, esta vez tampoco sirve aquello de que los colegios concertados inflan las notas. PISA no lo corrige la monja, queridos rojeras.

Gimeno, consejero de Educación desde 2019, llama a todo esto resultados «desfavorables». Y tanto. La política inventó palabras así para poder suspender sin tener que llevar las notas a casa. Examen o control, como se descojonaba Joaquín Reyes en aquel monólogo. Qué más da. Lo importante es que has pencado.

La ley educativa es del PSOE. El Gobierno de España es del PSOE. El Gobierno de Navarra lleva presidido por el PSOE desde 2019 y Gimeno dirige Educación desde entonces. Tiempo han tenido.

Pero Gimeno ya ha encontrado el perro que se comió sus deberes. La inmigración, el idioma, las peculiaridades de Navarra, la muestra, las limitaciones de PISA. Siempre hay un «es que». Lo único que nunca aparece entre los esques es Carlos Gimeno.

Para señalar los problemas ya estamos los columnistas. A los políticos les pagamos para solucionarlos. Si tienes un problema de integración, soluciónalo. Si tienes un problema lingüístico, soluciónalo. Si tienes un problema educativo, soluciónalo, cojones, que llevas siete años sentado en el despacho indicado. Si después de siete años el responsable continúa siendo otro, quizá deberíamos dejar de llamarte consejero y empezar a llamarte espectador.

A estas alturas Gimeno ya no tiene que llevar las notas a casa. Las tiene Txibite encima de la mesa. Ahora puede dimitir él o suspenderlo ella.

Y ahora vayamos a los dinericos. Porque las notas son malas, pero cuando uno mira cuánto cuestan empieza la verdadera fiesta.

Según el propio Consejo Escolar de Navarra, en 2024 el gasto público por estudiante fue de 8.680 euros en la red pública y 4.660 en la concertada. Un 86 % más de dinero público por alumno en la pública.

Tampoco parece que falten profesores. El mismo informe reconoce que en la pública hay «notablemente» menos alumnos por docente que en la privada concertada.

Entonces, ¿qué coño está pasando en la educación pública navarra para que, con mucho más gasto público por alumno y más profesores por estudiante, obtenga estos resultados?

Misterioak.

O quizá no tanto.

Porque ahora empieza a entenderse mejor la obsesión del Gobierno contra la concertada. Su delito es existir. Está al lado. Permite comparar.

Un mal resultado puede explicarse hasta hacerlo desaparecer. Le echas inmigración, idiomas, contexto, metodología y unas cuantas palabras como «desfavorable», y el suspenso deja de tener dueño. Ya se sabe: «he aprobado, me han suspendido».

Lo difícil es el colegio de enfrente, que cada mañana vuelve a abrir y sigue poniendo el espejo.

Esto los feos lo sabemos bien: romper el espejo siempre ha sido más fácil que mejorar la cara. Y eso es todo.

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