Soñador plan normativo del Gobierno foral

La presidenta de Navarra, María Chivite, en el marco de su intervención en los desayunos del Ateneo este lunes en Madrid. EFE/ J.J. Guillén
"El momento no es precisamente el más favorable para una dedicación exclusiva al trabajo legislativo, dada la alta ocupación actual de sus señorías en comisiones de investigación tras la ola de corrupción de origen navarro"

El pasado mes de febrero presentaba el Gobierno foral su Plan normativo para 2026, próximo el final de legislatura, con la pretensión de aprobar una serie de leyes, y supongo aplicarlas, algo que parece imposible, salvo que tengan la seguridad de que van a renovar mandato. No es improbable, aunque ignoro qué “equipo” encabezará el gobierno.

El momento no es precisamente el más favorable para una dedicación exclusiva al trabajo legislativo, dada la alta ocupación actual de sus señorías en comisiones de investigación tras la ola de corrupción de origen navarro, y el clima preelectoral, más proclive a polarizar y marcar diferencias, no exentas de descalificaciones, que a llegar a consensuar leyes.

No creo que en menos de un año se apruebe una Ley tan urgente y vital para todos los ciudadanos, la de SALUD, que organice y coordine el actual Departamento, y evite o reduzca sensiblemente esas “desesperantes” listas de espera para intervenciones o consultas de especialidades y pruebas, así como las deprimentes colas de madrugada (más vale que llegue buen tiempo), al aire libre, con los sufridos pacientes mirando ansiosamente si sube la persiana o se abre la puerta a las 8.00 horas del Centro de Salud correspondiente. Leo que el consejero acaba de anunciar la presentación del texto de nueva Ley Foral de Salud para debate. Casi siempre buenas formas y palabras, pero nada más.

Es soñar despierto pensar que el desarrollo e implementación del Mapa Local, o medidas eficaces contra la Despoblación, se puedan ejecutar en unos meses. En septiembre de 2023 publicaban los medios: “El consejero convocará a los grupos para retomar la reforma del mapa local”, y en mayo de 2024 la Cámara de Comptos decía que: “Ve falta de medios en el Gobierno para atajar la despoblación”. Hace unos días se anunciaba una convocatoria de 3 millones de euros, destinada a 143 municipios y 166 concejos, en riesgo de despoblación; algo es, pero no suficiente.

Complicada veo una rápida y fructífera negociación sindical para aprobar el Estatuto de la Función Pública foral, a pesar del interés y conocimiento del tema por parte de la consejera. La carrera profesional parece encauzada, y me satisface que se contemple a los funcionarios de entes locales, especialmente los puestos que por ley deben ser de funcionarios de carrera, secretaría e intervención, y con derecho a movilidad.

Paradójico es lo de la necesaria y oportuna en su día Ley Foral de profesiones del deporte (18/2019), donde la regularización de las mismas no entraba en vigor hasta el 1 de septiembre de 2015, pero, a la vista de su incumplimiento, ha sufrido una moratoria, y la queja de los profesionales de la actividad.

Sigo escéptico sobre el desarrollo del resto de leyes del Plan normativo, aunque veo más factible aprobar las que supongan satisfacer el clientelismo de socios y afectos del Gobierno foral, como así parece ser la ley de Presupuestos, que sí tenemos, a diferencia del gobierno central en toda su legislatura.

Modus operandi, con abuso de subvenciones y disposiciones ad hoc, que, según se publica, ha sido uno de los motivos del informe de un “díscolo” auditor (con cariño y respeto), pero coherente, no acorde con la opinión del resto de colegas y del presidente de la Cámara de Comptos, que ha puesto en solfa el prestigio de una de las instituciones más antiguas en materia de control de cuentas públicas de España, y heredera del Tribunal de Cuentas del “Reyno de Navarra”.