Comercio Local

Andreea cumple 11 años vendiendo productos de Rumanía: "Ya me considero una pamplonesa más"

Andreea Cernea en su tienda de alimentación A Casa en Pamplona. Navarra.com
Después de tantos años, tiene muy claro dónde quiere continuar su vida. “Yo sinceramente no quiero regresar a mi país". 

Hay pequeños comercios de Pamplona que esconden historias de esfuerzo, adaptación y vida familiar. Es el caso de un matrimonio de origen rumano que ha conseguido consolidar dos tiendas de alimentación en la capital navarra después de más de una década atendiendo a clientes y acercando a Navarra algunos de los sabores más conocidos de su país.

Florine Andreea Cernea, de 35 años, y Robert Ovidiu Cernea, de 42, están al frente de Alimentación Ca Acasa, un negocio especializado en productos rumanos que cuenta actualmente con dos establecimientos. Uno se encuentra en la avenida de Sancho el Fuerte 30, en el popular barrio de San Juan, y el segundo en la avenida de Marcelo Celayeta 46, en la Rochapea.

Andreea es quien atiende habitualmente el establecimiento de San Juan, mientras que su marido se ocupa de la tienda de la Rochapea. La pareja ha ido ampliando poco a poco un proyecto comercial que en octubre va a cumplir once años desde la apertura de su primer establecimiento en Pamplona.

La historia de Andreea en España comenzó algunos años antes. “En España llevo desde 2010 y en Pamplona desde 2013. Estoy muy contenta”, explica. Su primera parada fue Lérida, en Cataluña, aunque posteriormente el matrimonio decidió instalarse en Navarra y comenzar aquí una nueva etapa.

“Primero abrimos esta tienda y hace tres años abrimos la que lleva mi marido”, señala. Durante este tiempo también han formado su familia en Pamplona. Tienen dos hijos nacidos en Navarra: Andra Gabriela, de 12 años, y Darius Valentín, de 9.

Después de tantos años, Andreea tiene claro dónde quiere continuar su vida. “Yo sinceramente no quiero regresar a mi país. Nos gusta todo de Pamplona”, asegura. Sus padres continúan viviendo en Rumanía y reconoce que la mayor parte de sus amistades en Navarra son también de origen rumano.

La comerciante guarda además un buen recuerdo de su llegada a Pamplona. “Estamos mejor aquí que en Lérida. Está mejor el tema de los sueldos y de la vivienda. Nos gusta más”, explica. También asegura que se ha acostumbrado perfectamente al clima, a la comida y a la forma de vida de la capital navarra.

Su vinculación con la ciudad ha ido creciendo con los años hasta sentirse plenamente integrada. “Ya me considero una pamplonesa más”, afirma. La familia sigue manteniendo el contacto con Rumanía, aunque dirigir dos negocios condiciona sus posibilidades de viajar. “De vez en cuando vamos, pero no podemos hacerlo cada año porque somos autónomos y no podemos cerrar la tienda. Otras veces vienen nuestros familiares a vernos”.

El comercio también ha tenido que adaptarse a la vida familiar. En el establecimiento de Sancho el Fuerte, Andreea cuenta con una trabajadora que acude por las tardes, lo que le permite marcharse para atender a sus hijos, ayudarles con las tareas y acompañarlos en sus actividades.

Tras casi once años detrás del mostrador, la valoración que hace del negocio es positiva. “La tienda va bien. Siempre se puede mejorar, pero va bien”, explica. Aunque buena parte de los compradores son ciudadanos de origen rumano, los productos que ofrece el establecimiento han ido despertando también la curiosidad de clientes navarros.

“Hay navarros que han probado productos o que han viajado a Rumanía, les han gustado algunas cosas y luego vienen aquí a comprarlas”, señala. Entre los artículos que más éxito tienen entre los clientes de Pamplona destacan los embutidos, la cerveza, los encurtidos y los dulces, además de otros alimentos característicos de la gastronomía rumana.

El establecimiento ofrece además servicio de paquetería, una actividad complementaria que ayuda al funcionamiento diario del negocio. Después de más de una década en Pamplona, Andreea resume su experiencia con pocas palabras: “Estoy contenta con la gente de Pamplona. Todo bien”. Una ciudad a la que llegó después de pasar por Cataluña y en la que, once años después de abrir su negocio, asegura que quiere seguir viviendo.