El bar de Pamplona que agota en un día las reservas de almuerzos para el Chupinazo de San Fermín
Eneko Ibáñez Aguirre ha vuelto a confirmar que el 6 de julio de las fiestas de San Fermín se reservan almuerzos a tope como cada año en su bar restaurante. En cuanto han pasado las Navidades, ha abierto el plazo para apuntarse a los almuerzos y el calendario se le ha llenado de golpe.
En el bar Rex, en el Segundo Ensanche de Pamplona, ya no queda ni una mesa libre para el día del Chupinazo. “Ya lo tengo todo completo. He abierto el plazo el 8 de enero. Tengo clientela muy fiel de otros años para el día del Chupinazo en apenas 24 horas”, ha contado, satisfecho, al ver que el teléfono y los mensajes han ido más rápido que él.
A sus 60 años, este pamplonés no tiene ninguna intención de hablar de retirada. “La jubilación aún la veo lejos”, ha dejado caer con esa mezcla de ironía y orgullo que se gasta quien lleva media vida entre fogones.
Ibáñez ha cumplido 15 años al frente del Rex, un local que todavía se denomina casa de comidas y que se asienta en la Plaza de la Libertad, al final de la avenida de Carlos III. Y aunque él lo gestione desde hace una década y media, el bar viene de mucho antes: “Tendrá unos 65 años de historia”, ha asegurado.
El hostelero se ha mostrado contento con la marcha del negocio y ha puesto un ejemplo claro del tipo de público que entra cada día. “Entra mucha gente joven porque hay un colegio justo encima y una terraza magnífica”, ha explicado. A mediodía trabaja con menús y carta; por la tarde, según ha descrito, el plan se vuelve “más informal”, con ambiente de picoteo.
En la cocina, su mensaje es directo: aquí no se viene a comer lo de siempre. “Lo que no hago son hamburguesas ni bocadillos. Hago cosas diferentes como asados, menudos, casquería, manitas…”, ha enumerado. Él mismo se pone al mando de los fogones y trabaja con un equipo de cinco personas. “Nos da para vivir”, ha resumido.
Las mañanas, en el Rex, arrancan con una barra de pinchos hasta las doce, “en plan aperitivo”. Y el mostrador no se improvisa: “Los fritos y pinchos son todos caseros”. Para que no haya dudas, ha puesto un ejemplo muy concreto: la sardina ahumada la preparan ellos mismos.
El objetivo, insiste, es ofrecer “comida de aquí” para todo tipo de gente. Entre semana se deja ver mucho cliente habitual; y los fines de semana, muchas familias.
Ibáñez también ha repasado su recorrido por la hostelería navarra. Lleva “muchos años”, “demasiados”, ha bromeado con una sonrisa. Antes abrió El Colmado, luego pasó por el Ábaco, trabajó en otro sitio de Huarte, siguió en una tienda delikatesen llamada Zugarrondo y, finalmente, aterrizó en el Rex. “Contento”, ha dicho, sin más vueltas.
En cuanto a lo que más se pide, ha señalado que se repiten “muchos menudos, las manitas y los asados a baja temperatura”. Y ha reivindicado la raíz de su cocina: “Las recetas originales son de mis abuelos que eran cocineros. Ya viene de familia”.
No todo es perfecto, admite. El principal inconveniente es de ubicación: “Es un local al que hay que venir. Estamos un poco lejos de todo recorrido”, ha apuntado, al estar fuera de los trayectos más típicos del centro durante las fiestas. “Es más complicado por eso. Es la única pega que tiene. Hay que encontrarlo”. Aun así, presume de base fiel: “Tenemos muchos clientes habituales y gente del barrio, pero también de fuera”.
Por dentro, el bar es grande de verdad, con mesas para 190 personas. “Hay una zona de bar para picoteo y otra de restaurante”, ha detallado. También ha destacado que la Navidad “ha ido bien” y que no se queja. En la parte líquida, saca pecho con “mucha variedad de vinos por copas” y “buenas cervezas”.
En el lado más crítico, ha lamentado la decoración navideña en la ciudad. Según ha señalado, el Ayuntamiento de Pamplona “solo ha decorado las calles hasta la altura de la calle Iturralde y Suit y de ahí para arriba, nada, salvo la zona de los niños”. También ha añadido que, en verano y San Fermín, colocan por esa zona el espacio infantil, pero “tiene poco tirón”.
Aun así, hay un día que les da trabajo de sobra: el Olentzero. Sale muy cerca el 24 de diciembre y, según ha relatado, se traduce en “hora y pico de mucho trabajo”. “En esta zona se organizan muy pocas cosas y mira que hay espacio. Pese a todo estamos aguantando bien y todavía estamos unos cuantos hosteleros de aquí en la zona”, ha comentado.
El Rex, además, se mueve con un reclamo que cambia cada cierto tiempo: el pincho del mes. En esta ocasión toca sardina ahumada sobre salmorejo. “Surge porque vamos haciendo pinchos nuevos y los tenemos un tiempo a buen precio”, ha explicado.
En el apartado de reconocimientos, Ibáñez ha recordado que han ganado varios premios en concursos de tortilla tradicional en 2016 y que también han sido segundos con la tortilla rellena de verduras. “Luego ganamos el mejor pincho de pato y el ecológico también”, ha añadido.
Las reseñas de clientes, según ha comentado, acompañan esa fama. Una de ellas destaca el trato y la flexibilidad del bar: “Se come muy bien y son un encanto. Aceptaron hacerle a mi padre, que es muy mayor y un poco inapetente, unos huevos rotos que ni siquiera estaban en la carta. Siempre que hemos ido nos han tratado de maravilla”.
Otra opinión, tras una visita el 30 de diciembre, remarca el ambiente tranquilo y la experiencia con niños pequeños. El comentario menciona, además, platos concretos: el arroz negro “muy suave” y el solomillo con miel “muy bueno”.