Casimiro, el hombre que solo cierra su tienda dos días al año en un conocido pueblo de Navarra: "Conmigo se acaba"
Casimiro Gorráiz Fernández habla rápido, atiende más rápido y, entre una cosa y otra, el día se le va volando en un pueblo de Navarra. A sus 63 años, y con la jubilación asomando por el retrovisor, sigue al pie del mostrador con una mezcla de oficio, paciencia y ese punto de humor con el que se sobrellevan los horarios imposibles. “Teóricamente estamos cerca de la jubilación, salvo que decidan alargar la edad”, suelta, mientras resume lo que significa sostener un negocio pequeño… de los que no se apagan nunca.
Ese pulso diario se nota en el Estanco Librería Eva, en Puente la Reina, un local situado en el Paseo de los Fueros 13, en pleno centro de la localidad, a medio camino entre Pamplona y Estella, en la zona media de Navarra. La tienda está, además, pegada a la vida comercial del pueblo y muy cerca de otros establecimientos conocidos, como la carnicería Sanz, Electricidad Ugarte o el supermercado más antiguo del pueblo, que ahora lleva Inma.
Casimiro dirige el negocio, pero no está solo. A su lado trabaja su mujer, Ana Isabel Bengoechea, que es la titular del establecimiento. Y para que el engranaje no se pare, cuentan con dos apoyos más: una chica que cubre de lunes a viernes y otra que se encarga de los sábados. Aun así, el corazón del comercio late al ritmo de la pareja, con Casimiro como cara visible de una tienda donde lo mismo se vende un periódico que un cuaderno, una novela, un regalo o un paquete de tabaco.
El actual formato del negocio no nació por casualidad. Fue una decisión para resistir. “Teníamos el estanco al lado y, para diversificar, adquirimos mi mujer y yo la librería papelería y metimos el estanco dentro del local de la librería. Tenemos un poco de todo”, explica. El resultado es una tienda que mezcla prensa, revistas, libros, papelería, artículos de regalo, cosas para los críos, pilas y, por supuesto, tabaco y productos asociados. Casimiro lleva con el estanco desde 2008 y con la librería desde 2012.
El esfuerzo, sin embargo, se mide en calendario. “Estamos contentos, pero trabajando mucho”, reconoce. Su horario es casi de récord: “Abrimos todos los días del año menos dos, que son el 25 de diciembre y el 1 de enero, que son los días que no hay periódicos. El resto del año todos los días y el resto de festivos también”. Dicho de otra manera: el pueblo descansa, pero la persiana del estanco-librería casi nunca baja.
Esa continuidad se nota especialmente en los fines de semana. “Cuesta. Trabajamos todos los fines de semana”, admite. Y remata con una frase que retrata la situación de muchos comercios: “Si esto fuera una fuente de beneficios yo tendría a una persona para los fines de semana y los hago yo”. Así que, cuando llegan los sábados y domingos, Casimiro sigue ahí, como si el reloj no tuviera modo festivo.
Con el relevo generacional tampoco se hace ilusiones, y lo cuenta sin dramatismos, incluso con un punto de alivio. “Afortunadamente no, porque no se lo deseo. Hay segunda generación, pero para este local no”, afirma. Su hija Marta, de 23 años, ha tomado otro camino: es ingeniera informática, tiene máster en IA y ya está teletrabajando. “Espero que no tenga que venir aquí más que para comprar algún libro”, comenta.
Su idea, por tanto, es clara: “Conmigo se acaba el negocio. Lo traspasaré en su debido momento”. Lo explica también desde la lógica económica de quien ha hecho números durante años. “Todos sabemos cómo va el comercio”, advierte, antes de detallar el equilibrio que les ha permitido aguantar: “Esto hoy por hoy como librería papelería no podría subsistir, pero ya metiendo el estanco entre uno y otro… Uno te paga los gastos fijos y el otro te deja para vivir”. Y añade, sin maquillar la realidad: “El comercio sabemos lo que hay, que se están cerrado. Es la realidad”.
Aun así, Casimiro no se presenta como alguien derrotado. Al contrario: asegura que le gusta lo que hace. “Sí, me gusta. Es divertido. Se pasa el tiempo rapidísimo”, relata. Y deja otra idea que define su manera de estar: “No me quejo y no quiero sufrir doblemente por el negocio y por estar en un sitio que no me gusta. Me adapto”. Su vínculo con Puente la Reina también pesa: “Además soy de aquí, aunque vivo en Zizur y conozco a la gente”.
Y en un pueblo como este, la tienda tiene un papel difícil de reemplazar. “No hay ninguna otra tienda como esta en el pueblo. No hay otro estanco ni otra librería”, subraya Casimiro. Además, recuerda que la venta de periódicos nacionales no existe en otro punto de la localidad y que las revistas solo se encuentran allí.
Las reseñas que dejan los clientes en redes sociales van en esa línea: valoran el trato y la capacidad de “salvar” pequeños apuros. Una de ellas lo cuenta con humor: “Casimiro y Camino te venden lo que haga falta con buena disposición y amabilidad. No pidas pescau. No hay pero debe ser lo único. A lo mejor por encargo......”.
Otra destaca que “en un espacio pequeño tienen de casi todo” y que “el trato es familiar y te dan consejo si lo necesitas”. Y una tercera reseña insiste: “Tienen una gran variedad de mercadería y la atención muy correcta. Tratan de solucionar todo”.