COMERCIO LOCAL
El ex alcalde que mantiene la única tienda de su pueblo en Navarra: “Solo me falta ser el cura”
“Con el buen tiempo esto se anima y el Camino de Santiago lo mueve mucho con los peregrinos”, señala.
Patxi Díaz de Ilarraza Sanz no solo despacha pan y fruta. También escucha, recomienda, charla y, cuando toca, saca de un apuro con cualquier cosa que alguien necesite “para ya”. A sus casi 64 años, y después de haber sido alcalde durante 16 años, se ha ganado un sitio fijo en la vida diaria de un municipio pequeño de Navarra donde cada servicio cuenta y cada persiana levantada se nota.
Esa persiana es la de la tienda-colmado de Patxi en Sansol, la única que queda en este pueblo de apenas 75 habitantes en la zona de Tierra Estella, en Navarra. La abrió el 6 de agosto de 2012 y, desde entonces, el local ha ido más allá de ser un ultramarinos: se ha convertido en un lugar donde se compra lo básico, se pregunta por lo urgente y, de paso, se comparte un rato de charla.
Porque el colmado es de los de antes, pero con sorpresas. “Hay un poco de todo, hasta ferretería”, explica Patxi. En sus estanterías caben desde fruta, verdura, pan y conservas hasta guantes de fregar, peines, abrelatas, brochas o pilas. Y no falta un detalle que hace de imán: una pequeña barra donde se puede tomar un café con leche, un gesto sencillo que al final marca la diferencia en un pueblo donde no sobran los puntos de encuentro.
El negocio tiene, además, una aliada de peso: el Camino de Santiago. Sansol está a medio camino entre Estella y Viana, y eso convierte la tienda en parada habitual para peregrinos que entran a reponer fuerzas, comprar algo rápido o buscar ese producto que no encuentran en otros sitios de la zona. Al tirón del Camino se suma el pequeño albergue del que dispone el Ayuntamiento, otro foco de paso que mantiene la rueda en marcha cuando el buen tiempo acompaña.
Pero la otra cara aparece cuando llega el invierno. Patxi reconoce que esos meses “se hacen duros con el frío” y que la actividad cae. Entonces la tienda vive, sobre todo, de los vecinos que se acercan “a por pan y poco más”, mientras el pueblo se queda más vacío y las horas se hacen largas tras el mostrador.
Aun así, el tendero ha intentado que el ultramarinos sea un salvavidas para el día a día. “Intento tener todo lo que puede ser urgente para los vecinos”, asegura. Y, al hablar de la tienda, se le mezcla el orgullo con el cansancio de quien no ha tenido horarios suaves. “Hay ratos muy buenos, otros ratos que baja, y en invierno es una época muy baja con el pueblo vacío”, detalla.
Ese cansancio tiene nombres y apellidos: la rutina. “Esto es muy esclavo tal y como yo lo llevo. Trabajo de lunes a domingo”, comenta. Incluso cuando decidió cerrar un mes completo en noviembre, por ser una época de poco movimiento, no se libró de las quejas: “Aun y todo la gente protesta”, cuenta.
La historia del colmado también tiene un motor en casa. Patxi recuerda que fue su mujer, Ana Dolores Fernández Velázquez, sevillana de Dos Hermanas, quien se empeñó en que el pueblo tuviera tienda. “Hay días que va muy bien y otros donde me desespero yo solo. Yo estoy contento”, relata. Y después de “aguantar doce años” con la persiana subida, ya mira el calendario con intención clara: “Lo que quiero es jubilarme. Me apetece descansar”.
Su plan, dice, es colgar el delantal en un año y un mes, si todo va como espera. Y al mismo tiempo lanza un deseo que en Sansol suena casi a necesidad: “Espero que haya relevo. Espero que siga y creo que habrá”. No es solo un negocio; es un servicio que, si desaparece, deja un hueco difícil de llenar.
Cuando el tiempo mejora, el ánimo también sube. “Con buen tiempo esto se anima y el Camino de Santiago lo mueve mucho”, señala. Aunque no oculta que más de una vez le ha pasado por la cabeza tirar la toalla: “Me he arrepentido muchas veces, pero para lo que me queda tengo que aguantar”. Antes de ponerse al frente del colmado trabajó “haciendo chorizos y en la construcción”, dos oficios que, dice, quedaron atrás cuando decidió apostar por la tienda.
En el mostrador sigue la filosofía de tener un poco de todo. “Hay desde guantes de fregar, peines, abrelatas, brochas, pilas… además de fruta, verdura, pan, conservas…”, enumera. Y suelta una anécdota que resume bien hasta dónde llegaba su afán por cubrir necesidades: “Antes tenía hasta condones”. Cuando los clientes se enteran de que quiere jubilarse, muchos le piden que no cierre. Él lo aterriza con una pregunta directa: “¿Qué quieren que haga?”.
Patxi, además, no es un desconocido en el pueblo. Fue alcalde de 2007 a 2023, “hasta hace nada”, recuerda. Y aunque se lo toma con humor, deja claro que esa etapa ya es pasado: “No quiero volver a esa época que ya se pasó. Ya solo me falta ser el cura”, dice con una sonrisa.
Las reseñas de quienes han pasado por la tienda refuerzan esa mezcla de servicio y buen trato que se respira dentro. Un cliente lo resume así: “Super bien!. Un señor súper agradable. Añadir que tenían leche de avena y en muchos sitios por la zona no tienen. Lo he agradecido mil veces. Por cierto el café riquísimo”. Otra opinión destaca: “Tiene de todo y muy buena atención. El café es muy bueno y los croissants espectaculares. El dueño, Patxi, una bella persona y un auténtico profesional”.