Comercio Local

El conocido bar de Pamplona que reabre tras cambiar de imagen: “Ha quedado mucho mejor”

Jesús Izquierdo junto a una de sus empleadas en el bar Bel-Din de Pamplona. Navarra.com
"Lo cogí hace 13 años. Le hice muy poca cosa y todo va envejeciendo. Hay que renovarse o morir", asegura el dueño.

Un bar de Pamplona ha reabierto sus puertas después de apenas un mes de obras y lo ha hecho con una imagen completamente renovada. El establecimiento, muy conocido por su barra de pinchos y por el continuo ir y venir de clientes, vuelve a la actividad con el objetivo de mantener su esencia de siempre, pero con un aspecto mucho más actual.

Ubicado en la avenida de Conde Oliveto, en la esquina con la calle Tudela, en pleno Segundo Ensanche, el local se encuentra en una de las zonas más transitadas y comerciales de la ciudad.

Está, además, a escasos metros de la centenaria pastelería Manterola, de El Corte Inglés y de la antigua estación de autobuses, muy cerca también del casco viejo de la capital navarra.

La reforma del bar Bel-Din ha corrido a cargo de la empresa pamplonesa Zonaquatro Diseño Interior, que se ha encargado de dar un nuevo aire a un negocio con una larga trayectoria en este punto de la ciudad. La intervención ha servido para actualizar la imagen del bar sin tocar aquello que le ha permitido seguir siendo una referencia para muchos clientes de paso y también para quienes lo frecuentan casi a diario.

Al frente del negocio continúa Jesús Izquierdo Pascual, un hostelero vinculado a la hostelería desde que cumplió la mayoría de edad. Nació en Sevilla, aunque se trasladó a Pamplona con su familia cuando tenía 7 años. Tras pasar la mayor parte de su vida trabajando por cuenta ajena, decidió dar el paso y abrir su propio establecimiento.

Ahora, después de 13 años al frente del bar, reconoce que el cambio era necesario. “Es una nueva ilusión. Cambio de imagen. Todo ha quedado mucho mejor y más bonito”, afirma. El propietario admite que apenas había hecho cambios desde que se hizo con el local y que el paso del tiempo ya se notaba. “Soy nacido en Sevilla pero me considero de Pamplona. Hacía falta un cambio de imagen. Lo cogí hace 13 años y le hice muy poca cosa y todo va envejeciendo. Hay que renovarse o morir. Estoy muy contento de cómo ha quedado”, relata.

Pese a la reforma, Jesús deja claro que no se trataba de romper con lo que ya funcionaba. “Siempre hay alguna cosita nueva pero hay que mantener lo que funciona con la gente fiel, con la gente que viene de paso e intentar captar clientes”, explica. Esa es, precisamente, la idea con la que afronta esta nueva etapa en un bar que vive mucho del movimiento constante de una zona llena de oficinas, comercios y gestiones.

La identidad del Bel-Din sigue estando muy ligada a su barra. “Nos caracterizamos por la barra con todo tipo de montaditos, tortillas, fritos y bocatas. Las tortillas de patatas nunca faltan, siempre bien presentadas. Espectaculares”, destaca. Esa oferta sigue siendo el gran reclamo de un local que ha hecho de los pinchos rápidos, del desayuno temprano y del almuerzo informal una de sus señas más reconocibles.

Fachada del bar Bel-Din en la esquina de la calle Tudela con la avenida Conde Oliveto en Pamplona. Navarra.com

El establecimiento no ofrece comidas y concentra toda su actividad en ese formato de barra. “Todo lo que quieras pedir hay. No damos comidas, solo barra”, precisa Jesús. El horario también explica buena parte de su tirón: abre a las 7,15 horas de la mañana y baja la persiana a las 21,30 horas de la noche. En el día a día trabajan el propio Jesús y tres empleados más.

Por el bar pasa una clientela muy variada. Lo frecuentan trabajadores de oficinas y comercios de alrededor, personas que se acercan a la zona para hacer compras o trámites y vecinos del entorno. Su responsable apunta que, en buena medida, se trata de un bar de paso, algo lógico por su ubicación en una esquina muy visible, justo frente al paso de peatones que conduce a la Tesorería General de la Seguridad Social.

A sus 54 años, Jesús afronta esta reapertura con energía y con ganas de seguir empujando el negocio. “Tengo 54 años y aún me queda mucho por trabajar todavía, pero relevo ya sé que no voy a tener. De la familia no. Y de fuera de la familia ya no se sabe, pero al final siempre se encuentra algo con gente que quiera trabajar. Yo estoy contento. Por supuesto. Hay que seguir para adelante con buena cara y a captar más clientes como se pueda”, sostiene.