Comercio Local

Los hermanos que buscan relevo en un bar muy conocido del centro de Pamplona: “Tenemos reservas para meses”

Tereta y José Castells Archanco en la Fogoneta Culibar de Pamplona. Navarra.com
"No tenemos relevo generacional y esto tiene que seguir abierto, así que estamos en la búsqueda de un heredero que siga nuestra línea”, aseguran.

La jubilación ha puesto en venta uno de esos bares de toda la vida que hacen barrio en el centro de Pamplona. No es un cierre por falta de clientes ni por problemas de negocio. Al contrario. Sus responsables buscan a alguien que recoja el testigo de un local que funciona, tiene reservas cerradas para los próximos meses y conserva una clientela fiel de las que no se improvisan.

Ese bar es Fogoneta Culibar, situado en la calle Bergamín 31, en pleno Segundo Ensanche. Allí llevan años al frente los hermanos José y Tereta Castells Archanco, de 68 y 66 años, que han convertido el local en una referencia de la zona gracias a una receta sencilla, pero muy eficaz: comida casera, buenos fritos, trato cercano y un ambiente de confianza que ha acabado haciendo familia con muchos clientes.

El establecimiento abrió en 2015 y, después de 11 años, ha llegado el momento de pasar página. La razón no es otra que la edad. “Nos jubilamos y cerramos. No tenemos relevo generacional y esto tiene que seguir abierto, así que estamos en la búsqueda de un heredero que siga nuestra línea”, explica José, que insiste en que la intención de ambos no es echar la persiana sin más, sino dejar el negocio en manos de alguien que mantenga su esencia.

La idea del relevo, de hecho, va mucho más allá de un simple traspaso. Los hermanos quieren que quien entre encuentre un bar rodado y con una identidad muy marcada. “Tenemos aquí una trilogía entre los bares Faris, Fogoneta y Savoy y esa clientela que se ha fidelizado mucho queremos que siga adelante con el mismo trato, producto y decoración”, relata José sobre una zona comercial de mucho paso donde el pincho y el café con leche de media mañana siguen siendo casi sagrados para muchos vecinos.

Su objetivo es claro: que el cambio apenas se note. “Es un local acogedor y no queremos que se note que nos hemos ido. Esa es nuestra intención”, señala. Por eso, además de buscar a la persona adecuada, están dispuestos a acompañarla en los primeros pasos para que la transición no altere la dinámica del negocio ni la confianza de quienes acuden a diario.

Interesados ya ha habido. Según cuenta José, han recibido llamadas y también consultas de profesionales que han puesto sus ojos en el local. Y si el acuerdo sale adelante, los actuales propietarios no piensan desentenderse de un día para otro. “Les ayudaremos con las comidas y los postres, les daremos recetas durante el tiempo que haga falta, trucos de compra y toda la información y ayuda que necesiten”, asegura. La intención es dejar atado no solo el bar, sino también parte del saber hacer que les ha permitido consolidarse.

Los dos hermanos defienden que el negocio es perfectamente viable para quien quiera continuarlo. “Un matrimonio con un empleado lo pueden llevar perfectamente porque es un bar pequeño”, apunta José. No habla de una aventura incierta, sino de un bar con clientela fija, funcionamiento probado y números que se pueden enseñar. “Tienen un bar con clientela fija y una facturación demostrable”, remarca.

Esa buena salud del local se nota incluso en la agenda. “Tenemos reservas para meses”, subraya. Una de ellas, por ejemplo, está cerrada para el 18 de julio, y ya han tenido que explicar a esos clientes cuál es la situación actual del negocio. El calendario sigue adelante mientras los propietarios intentan encontrar cuanto antes a la persona que recoja el testigo.

El margen que se han dado no es demasiado largo. “En dos o tres meses queremos cerrar el asunto”, afirma José. La idea, además, es que el relevo se haga con rapidez para no romper el ritmo del bar. “Yo espero que a los tres días de hacer el relevo esté abierto”, añade, convencido de que el local puede seguir funcionando con normalidad casi desde el primer momento.

Durante estos once años, reconocen, ha habido de todo: épocas mejores, momentos más flojos y también el desgaste lógico de un negocio de hostelería llevado con implicación diaria. Pero el balance emocional pesa más que las dificultades. “Te lo pasas bien porque nos conocemos todos como la serie del bar de Cheers en televisión”, comenta José al hablar del ambiente que se ha creado dentro del local. Muchos de sus clientes son vecinos y amigos del barrio a los que conocen desde hace años, también porque viven muy cerca.

Ese vínculo con la clientela se ha dejado ver también fuera del bar. Los hermanos presumen de contar con cinco estrellas en TripAdvisor y con reseñas muy favorables en redes sociales, algo que consideran una prueba del trabajo hecho y de la respuesta que han encontrado entre quienes se sientan a su mesa.

Una de esas valoraciones resume así la experiencia en el local: “La comida, espectacular: platos típicos de Navarra preparados con cariño, sabores reales y sazones que evocan la cocina de hogar, pero con un toque cuidado y contemporáneo. Cada bocado transmite respeto por el producto y por la tradición”.

Otra reseña va en la misma línea: “Me gustaría vivir en Pamplona solo por ir a comer ahí. Qué espectáculo de comida. En los tiempos que corren con tanta comida fusión a veces olvidamos la tradición y las materias primas, siempre sienta bien encontrar un sitio que te recuerde las bases. Todo de 10. Y además, barato!”.