Edurne, la joven que trabaja los 7 días de la semana para salvar el último estanco de un pueblo de Navarra
Edurne Ruiz Arana ha dado un giro completo a su vida laboral y personal. A sus 37 años, esta vecina de Sesma decidió asumir en noviembre de 2025 el relevo de la librería estanco que durante años llevó José Cruz García Villoslada en otro pueblo cercano de Navarra. Desde entonces, su rutina se ha vuelto mucho más exigente, con jornadas largas, apenas descanso y un negocio abierto de lunes a domingo, pero ella lo tiene claro: “Estoy encantada. No me arrepiento”.
Ahora trabaja en Los Arcos, a apenas 20 minutos de Estella y 10 minutos de su casa, y reconoce que el cambio ha sido enorme. Antes estaba unos días en la panadería Pastas Bea de Sesma. Ahora ha pasado a vivir prácticamente entregada por completo a un comercio que exige presencia constante, atención a los vecinos y muchas horas de persiana levantada. “Estoy contenta. Jodida, pero contenta, como dice mi padre, porque al final son muchas horas. Es mucho tiempo. Abro de lunes a domingo, pero bien, se ven resultados”, explica.
La oportunidad le llegó casi por casualidad. Un verano le tocó limpiar el colegio por un fin de obra y fue entonces cuando escuchó que el anterior responsable del establecimiento se jubilaba. Decidió acercarse a hablar con él. En aquel momento, según recuerda, ya estaba tratando el asunto con otra persona, pero Edurne le dejó su teléfono. Poco después recibió la llamada definitiva. “Me dijeron que se jubilaba el hombre que lo llevaba, José Cruz García Villoslada. Me acerqué a decírselo y me dijo que estaba hablando con otra persona, le dejé mi teléfono y al tiempo me llamó y ya está. Nos costó poco llegar a un acuerdo. Las cosas salieron rodadas”, relata.
Desde ese momento, el trabajo le ha cambiado el día a día por completo. La carga es intensa y no lo oculta. Ha pasado de trabajar dos días a hacerlo los siete de la semana, con todo lo que eso implica en un pequeño comercio de pueblo, donde casi nunca hay pausa y donde el negocio depende también del trato, de la cercanía y de estar siempre disponible. Aun así, asegura que la experiencia está mereciendo la pena. “Me han acogido bien en Los Arcos y muy a gusto”, señala.
Y es que el establecimiento no es solo un estanco. El local se ha convertido en un pequeño centro de servicios para el pueblo. Además de vender tabaco, ofrece papelería, algo de ferretería, un poco de alimentación, bebidas, fotocopias, recargas de móvil, loterías, quinielas y hasta punto de recogida de Amazon y UPS. “Damos mucho servicio al pueblo porque tiene un movimiento de la leche. Tenemos hasta loterías y quinielas y punto de recogida de Amazon, de UPS. No paramos. No me he arrepentido para nada”, afirma.
Esa carga de trabajo también la obliga a estar pendiente de lo que pide cada cliente y de ir adaptando el negocio sobre la marcha. Edurne explica que una parte de su esfuerzo diario consiste precisamente en detectar necesidades y responder rápido. Recuerda, por ejemplo, que en la localidad hubo una ferretería que cerró hace años, así que ha tratado de cubrir también ese hueco.
“Antes había una ferretería que se cerró hace años y hay que tener un poco de todo. Voy retocando. Ahora he traído sartenes, aceiteras, a ver cromos para los críos. A la gente mayor le viene muy bien. Te vas adaptando a lo que pide la gente”, comenta. En el local se puede encontrar también chuches, cargadores de móvil, pilas, tarjetas de memoria, material de papelería, periódicos y revistas.
Detrás de esa actividad constante hay también un esfuerzo económico importante. Edurne reconoce que el negocio da para vivir, pero que esta primera etapa está muy marcada por los pagos y la inversión. “Trabajo para mí. Esto da para vivir y luego dará mejor cuando me quite todos los préstamos. Ahora hay mucho que pagar, pero contenta”, explica, resumiendo en pocas palabras la mezcla de cansancio e ilusión con la que afronta esta nueva etapa.
El relevo del estanco también ha cambiado por completo su vida familiar. Tiene marido y tres hijos, y admite que ahora pasa mucho menos tiempo con ellos. “En mi casa me apoyan mi marido y mi madre. Últimamente veo poco a los hijos. He pasado de un extremo al otro”, reconoce. Su rutina diaria la obliga a ir y venir entre Sesma y el negocio. Cierra al mediodía a las 13.30 horas, va a comer a casa y vuelve después para abrir otra vez a las 17.00 horas. “En Sesma solo estoy comiendo o durmiendo. Estoy poco tiempo”, asegura.
Pese a eso, cuenta que en casa la ven feliz y que ese respaldo le ayuda a seguir adelante. “Su familia está encantada. Me ven a mí contenta y eso a ellos les vale”, explica. Esa misma sensación, añade, también se la transmiten muchos clientes. Para Edurne, una parte fundamental del trabajo está en el trato diario con la gente. “Todo el mundo necesita un poco de cariño y al final es lo que intentamos, que se sientan muy a gusto. Me han recibido muy bien. Lo que más me ha sorprendido es que esto es dar un servicio a todo el pueblo”, destaca.
Además, cree que los meses de más movimiento todavía están por llegar. En primavera y verano, explica, la actividad sube en la zona y eso puede dar todavía más empuje al negocio. “En primavera y verano la gente sube mucho en Los Arcos. Llegan los esparragueros, los peregrinos y en esta zona tenemos mucho turista vasco. Así que lo fuerte vendrá después, cuando lleguen esos meses”, avanza. Ya sabe, además, que este primer año no tendrá descanso. “Ya cuento con que este primer año no voy a tener vacaciones, pero es algo que ya sabes de antemano y que yo he elegido”, asume.
Las reseñas de los clientes en redes sociales también están acompañando este arranque. Los comentarios valoran tanto la atención como el aire nuevo que ha dado al local desde que tomó el relevo. “Un buen servicio. Majos y agradables. Traen libros por encargo y le han dado un aire moderno al local”, destacan quienes ya han pasado por esta librería estanco convertida en uno de esos negocios que, más allá de vender productos, sostienen buena parte de la vida cotidiana de un pueblo.