Comercio Local

Cierra la tienda de antigüedades con más encanto de Pamplona: “Te cobran por todo y he decidido dejarlo"

Lucía Pérez en la tienda de antigüedades El Desván en la calle Curia de Pamplona. Navarra.com
“Me da mucha pena porque era una tienda muy bonita. Además, me gustaba lo que hacía”, ha confesado Lucía tras el cierre.

Lucía Pérez Barco ha cerrado una de esas tiendas de antigüedades en las que siempre apetece entrar “solo a mirar” y se acaba descubriendo media vida en forma de objetos. Durante años, su local en Pamplona ha sido un imán para curiosos, coleccionistas y gente que paseaba sin prisa, atraída por ese caos ordenado que convertía la visita en una pequeña expedición.

La persiana ha bajado en la calle Curia 26, en el casco viejo de la ciudad, junto a la Catedral. 'El Desván' era uno de esos comercios con encanto en los que entraba mucha gente a ver un poco de todo. Por dentro parecía un museo: piezas antiguas, recuerdos, carteles, muebles y mil detalles que obligaban a detenerse y mirar dos veces.

Lucía, natural de San Adrián, lleva 17 años instalada en Pamplona y ha sido la cara visible de un negocio muy personal. Antes de llegar a la calle Curia, El Desván estuvo nueve años en la calle Bajada de Javier 5, y hace menos de tres años se trasladó al nuevo local, dentro del mismo casco antiguo. Según ha contado, el cambio de ubicación le salió bien: “Me fue muy bien y la tienda funciona…”, ha recordado.

Aun así, el cierre ha llegado. “He liquidado todo el material hasta finales de diciembre y ya está cerrada. Aún tengo que recoger algunas cosas”, ha explicado a Navarra.com. La propietaria ha detallado que se ha acogido a la jubilación anticipada con 63 años, tras haber cotizado 40 años, y que estaba a la espera de recibir la carta que lo confirme oficialmente. “Ha sido casi repentino. Lo miré con la asesoría”, ha añadido.

La decisión, sin embargo, no ha sido fría ni automática. Lucía ha reconocido que le ha costado. “Me da mucha pena porque era una tienda muy bonita. Además, me gustaba lo que hacía”, ha confesado. Y en las últimas semanas, el adiós ha tenido momentos de esos que se quedan grabados: “Los clientes me han traído bombones, flores y me han hecho llorar de emoción”, ha contado, todavía con la emoción reciente.

También ha puesto sobre la mesa un motivo muy claro: el coste del día a día. “Se paga por todo. Te cobran por todo y he decidido dejarlo”, ha explicado. Aunque el negocio marchaba, mantenerlo abierto implicaba gastos constantes, y eso ha terminado pesando en la balanza.

Su historia laboral venía de otro mundo. Lucía trabajaba antes en una empresa multinacional de droguería y perfumería que llevaba treinta tiendas con cien empleados. Terminó “un poco saturada” y decidió cambiar de vida. Las antigüedades y las manualidades le habían gustado desde niña, y ese gusto acabó convertido en oficio y en tienda.

Quien entraba en El Desván se encontraba con una sorpresa inmediata: la cantidad de cosas y la variedad. “Se vende un poco de todo, desde muy rústico hasta cosas modernistas”, indicaba Lucía Pérez en una entrevista a Navarra.com hace dos años. Había fotografías, y también un tesoro muy local para coleccionistas: “Muchos programas de San Fermín hasta de principios del siglo pasado”, incluía, “incluso de San Fermín de Aldapa del año 1962”. “Siempre es un bonito detalle algo de San Fermín”, subrayaba.

No faltaban tampoco chapas, carteles —“que se venden muy bien”—, calendarios, discos y piezas pensadas para dar carácter a un rincón. “Las cosas de aquí de Pamplona se venden bastante para decoración de algún bar”, explicaba. Y buena parte del material llegaba de caseríos o de casas que se reformaban: “Yo traigo muchas cosas de caseríos, de gente que los ha comprado y lo quieren reformar. Antes lo tiraban todo y ahora lo venden”, relataba.

El inventario era de los que se recuerdan: espejos de todo tipo, muebles, cosas de farmacia, estuches, cámaras de fotos antiguas, juguetes antiguos, planchas, botellas de sifón, teléfonos, cencerros, aperos agrícolas, máquinas de escribir… y esa sensación de que, si mirabas bien, siempre aparecía algo nuevo.

Las reseñas de clientes en redes sociales han ido en la misma línea: elogios al orden dentro del “barullo”, al trato y a los precios. “Me encanta este lugar!!. Todo muy bien ordenado y la dependienta muy amable”, decía una. “Tiene cosas muy curiosas. Muy simpática la vendedora, le mando un abrazo!”, apuntaba otra.

Un tercero incluso detallaba su compra: “He comprado un despertador de viaje de cuerda… por un precio muy razonable. Estoy muy contento y volveré a comprar ahí… el trato de la dueña es muy bueno”.