Comercio Local

La tienda que se ha convertido en imprescindible después de 92 años en un pueblo de Navarra

Cristina Arana en su tienda La Mañueta en Burlada. Navarra.com
Cristina Arana lleva 31 años trabajando, primero en la tienda del mismo nombre en el barrio de San Juan y ahora en la de Burlada.

Cristina Arana Cortina lleva años al frente de un negocio de los que cada vez quedan menos en un pueblo de Navarra: una tienda especializada en arreglos de cremalleras, ropa y complementos que ha sobrevivido al paso del tiempo, a los cambios de hábitos y hasta al empuje de internet gracias a un oficio que sigue dependiendo de lo mismo que hace décadas: manos, tijeras y máquina de coser.

La tienda es La Mañueta y está en Burlada, en el número 8 de la calle Merindad de Sangüesa, muy cerca de otros comercios conocidos de la localidad como la carnicería Fermín Gil, la carnicería de los hermanos Larragueta o el bar Zubizarra, que cerró hace poco. Es la única que sigue abierta con ese nombre, el mismo con el que nació en 1934 en la calle de la Mañueta del casco viejo de Pamplona.

Al frente del local está Cristina Arana, de 51 años, nacida en Cataluña, aunque ella misma deja claro que su vida ha transcurrido aquí: “Llevo toda la vida en Pamplona”. Empezó a trabajar en 1995 en la tienda del mismo nombre que había en el barrio de San Juan y, cuatro años después, en 1999, pasó al establecimiento de Burlada, que es el último de una saga comercial con varias generaciones a sus espaldas.

La historia de La Mañueta arrancó en un comercio muy pequeño, de apenas 20 metros cuadrados, en el casco viejo pamplonés. “Empezó en la calle de la Mañueta de Pamplona en un comercio muy pequeño de apenas 20 metros cuadrados, sobre todo con arreglos de cremalleras, que es lo nuestro”, relata Cristina. Más adelante, los dueños abrieron otra tienda en San Juan y una tercera en Burlada, aunque hoy solo se mantiene esta última con el nombre original.

Cristina cuenta que llegó al oficio casi por casualidad, de la mano de su jefe, Fermín Ruiz Merino. Tras pasar cuatro años en la tienda de San Juan, se trasladó a la de Burlada cuando abrió sus puertas. Con el tiempo, la del casco viejo cerró y también la de San Juan, que bajó la persiana el año pasado con Fermín al frente por jubilación. “No hay siguiente generación. Esta es la última de las tiendas”, explica.

Esa continuidad convierte al negocio en una rareza en un momento en el que muchos comercios de barrio han desaparecido. Y también en un pequeño referente para quienes necesitan algo que no siempre resulta fácil encontrar: alguien capaz de arreglar una cremallera sin dar por perdida una prenda, una maleta o un bolso. “Todo lo intentamos arreglar sin cambiar”, señala Cristina, que resume así una filosofía de trabajo muy concreta. “Hay que tener mucha habilidad, mucha manualidad, muchas ganas de trabajar”, añade.

En ese terreno, La Mañueta se ha ganado un nombre propio. “Somos pioneros en cambiar cremalleras. Es un negocio de los que ya no quedan”, asegura. Esa especialización ha hecho que mucha gente llegue recomendada por otros comercios o por antiguos clientes. “En cremalleras somos especialistas y todos nos derivan aquí, como gente de la antigua tienda de San Juan”, comenta.

Junto a Cristina trabaja Ana, que se encarga de los arreglos de la ropa en el taller. Entre las dos sostienen un negocio que, según reconoce la propia responsable, “da para sobrevivir”. Aun así, reivindica que los arreglos siguen teniendo salida. “Los arreglos siguen funcionando y lo hacemos con la mayor calidad y al mejor precio posible”, afirma. La venta, además, completa la actividad del local y “funciona muy bien”.

Porque La Mañueta no vive solo de coser o cambiar cremalleras. En la tienda también venden cinturones, maletas, bolsos, carteras y billeteros, con la idea de ampliar la oferta y atraer a una clientela más variada. Según Cristina, el comercio se mueve bien y recibe no solo a vecinos de Burlada, sino también a personas llegadas desde barrios cercanos y de localidades como Villava o Huarte.

La dependienta destaca, además, el respaldo de la clientela local. “Estoy encantada con la gente de Burlada, que son muy de Burlada para comprar”, subraya. Ese vínculo con el municipio ha ayudado a consolidar una tienda que combina el trato cercano de siempre con un trabajo muy especializado.

A diferencia de otros sectores, aquí internet apenas ha cambiado el día a día del negocio. Cristina sostiene que, de hecho, cada vez más gente busca arreglar antes que tirar. “Cada vez la gente quiere arreglar más porque las cosas no están para tirar”, afirma. Y lo resume con una frase que explica muy bien qué tipo de comercio es La Mañueta: “Aquí no hay internet como solución, sino manos, tijeras y máquina de coser. La gente prefiere arreglar en lugar de comprar”.

Eso no impide que también entren jóvenes que compran ropa o complementos por internet y luego necesitan adaptarlos o repararlos. Cristina no hace distinciones. “Hay también gente joven que compra en internet, pero si luego necesitan arreglarlo buscan al artesano. No me importan que vengan ni dónde lo compren. Me da igual. Mi trabajo es arreglar”, sostiene.

El negocio le ha permitido sacar adelante su vida familiar. “Mi familia está contenta. Tengo una hija en la universidad y vivimos y comemos de esto. Pagamos el alquiler”, cuenta. A esa estabilidad suma otro aspecto que considera esencial: le gusta lo que hace. “La gente se va encantada y me piden consejo y repiten. Lo haces en el momento y es muy agradable arreglarles cosas”, explica.

Por la tienda pasan encargos muy distintos. Desde el cambio de una cremallera hasta agujeros en un cinturón, prendas que coser o incluso tiendas de campaña para campamentos juveniles. También trabajan para entidades como Ubarmin o para el Gobierno de Navarra, dos nombres que reflejan la confianza que han conseguido ganar con los años.

Esa buena fama también aparece en las reseñas que dejan los clientes en redes sociales. Una de ellas destaca: “Cristina es una gran profesional, te aconseja y se nota que es una experta con mucha experiencia. Los arreglos están fantásticos y rápidos, te cambia una cremallera en un momento, o hace unos agujeros en un cinturón, cose cosas nuevas y arregla un montón de prendas”.

Otra valoración incide en el trato cercano que ofrece el negocio: “Cristina es un amor. Te ayuda y aconseja estupendamente. Los arreglos, cosidos de 10. En mí y mis perritos tienen a unos clientes felices y satisfechos”.