Cambiar de local, seguir levantando la persiana sola y pelear cada mes para que las cuentas cuadren no es precisamente un trámite menor. En el Casco Viejo de Pamplona, una comerciante ha decidido dar ese paso para ganar luz, visibilidad y una nueva oportunidad para un negocio con décadas de historia, mientras lidia con la cara menos amable del pequeño comercio: alquileres, impuestos y meses en los que el esfuerzo apenas deja margen.
Esa nueva etapa la ha arrancado Ébano, que ha abierto hace muy poco en el número 6 de la calle Mayor, después de trasladarse desde Mercaderes 25. La tienda, muy cerca de comercios clásicos como Deportes Zariquiegui, La Zapatillera o la mercería Ferrán, mantiene intacta su esencia tras el cambio de ubicación en pleno centro histórico de la ciudad.
El establecimiento está especializado en artesanía de todo el mundo, juegos, circo, magia, ropa y una cuidada selección de minerales, fósiles, lámparas de sal, cuencos tibetanos y gemas. En sus estanterías también hay inciensos, guitarras, calzado de invierno, juegos de parchís para toda la familia y mochilas de cáñamo y algodón. Todo ello forma parte de una tienda que acumula ya 40 años de historia en Pamplona y que ha hecho de los artículos singulares su seña de identidad.
Al frente del negocio está Natalia Moreno Ruiz, una pamplonesa de 44 años que lleva 11 años en la tienda y que ha vivido en primera persona todo el proceso del traslado. “Abrimos hace cuatro semanas y antes estábamos en la calle Mercaderes 25. No llegamos a un acuerdo con el tema del alquiler y me interesaba salir. Quería dar más visibilidad al comercio, más luz natural”, explica sobre una decisión que no solo ha supuesto cambiar de dirección, sino también volver a empezar en otro punto del Casco Viejo.
La comerciante reconoce que el arranque en el nuevo local está siendo positivo, aunque sin acelerones. “Estoy muy contenta. Estamos especializados en minerales, plata, inciensos, juegos de mesa, juegos de hojalata antiguos, el tema de malabares, el tema medieval y de partes del mundo. Lo que más vendo son los minerales, el incienso y los malabares”, detalla Natalia, que sigue atendiendo ella sola cada día.
Ese trabajo diario también le ha permitido detectar enseguida que no todas las calles funcionan igual. “Desde que abrimos el cambio ha sido para bien aunque va despacio. La gente ha reaccionado bien y tengo clientes nuevos. Esta calle es más comercial, más de paso, es más empática, más amable. Aquí entran al comercio con más respeto y me ha llamado mucho la atención el cambio de una calle a otra. Mercaderes también es comercial pero de bares. Aquí es de otro tipo y la gente se comporta de otra manera”, relata.
Entre los productos que mejor salida tienen están los malabares, un artículo muy ligado a la actividad de muchos colegios de la ciudad. Natalia cuenta que en Pamplona hay centros educativos que trabajan los malabares en educación física y también equipos de gimnasia rítmica que recurren a este material. Aun así, admite que la oferta de internet ha hecho daño en este campo. Con todo, también deja claro que sigue habiendo un cliente fiel que busca calidad y prefiere ver el producto de cerca antes de comprarlo.
El cambio de ubicación también se ha notado en el perfil de la clientela. Ahora, según explica, entra más gente mayor, algo que relaciona con la proximidad del edificio del Condestable y con el ambiente de la zona. “Es una calle donde hay más paz y tranquilidad”, señala. La tienda abre en horario normal, cierra los sábados por la tarde y los domingos, y todo el peso del negocio recae sobre ella.
El local en el que se ha instalado antes albergaba la tienda García de ropa. Natalia lo ha ido adaptando a su gusto para que el espacio respire la misma personalidad que los objetos que vende. “He puesto el mobiliario que me gustaba y la tienda transmite mucha paz. Invita a entrar y a mirar dentro. Llaman la atención desde la calle los minerales”, comenta.
Detrás de esa imagen cuidada y de ese nuevo escaparate hay también una realidad mucho menos vistosa. La dueña de Ébano habla sin rodeos de la dificultad de vivir de un comercio pequeño en pleno centro. “Se puede vivir entre comillas. Para más gente que yo no da. Solo te da para una persona y muy justo. Con impuestos nos machacan y solo sacas para pagar. Hay meses que te sacas un sueldo a casa y otros no, y el que diga lo contrario miente”, afirma.
Natalia insiste en que los gastos van mucho más allá de lo que se ve desde fuera y subraya que, pese a todo, no ha optado por subir precios. “Hay que pagar muchas más cosas de las que nos imaginamos y eso que no hemos subido precios. Intentamos mantener para mantenerme, no para hacerme millonaria”.