Comercio Local

La lencería de Pamplona con más de 50 años de vida que busca relevo: “Llevo aquí desde los 17 años”

Mari Carmen y Mirian en la lencería Cachemir en el barrio de San Juan en Pamplona. Navarra.com
“Nosotras vamos a continuar esta temporada normal y si alguien se interesa seguirá y si no habrá que cerrar”, ha añadido.

A Mari Carmen Leoz Echenique se le nota en la voz que la decisión está tomada, pero también que no le resulta fácil. Este verano se jubila en agosto, cuando cumple 65 años, y el calendario ya marca una fecha que pesa: si no aparece un traspaso, su negocio de toda la vida cerrará en Pamplona.Llevo aquí desde los 17 años”, ha recordado, mirando a un local que conoce “hasta el último rincón”.

Ese local es la lencería Cachemir, en el barrio de San Juan. Está en la travesía de la calle Monasterio de Urdax, y ahora mismo funciona como siempre, con el mismo ritmo de mostrador, probadores y clientas fieles, pero con una cuenta atrás encima. “Yo me jubilo en agosto y estamos intentando hacer un traspaso porque no queremos que se pierda otro negocio más”, ha explicado Mari Carmen.

La idea es apurar hasta el final. El anuncio lo hicieron público el 7 de enero y, desde entonces, se han movido cosas. “Ha habido tres personas interesadas pero todavía no hay nada fijo”, ha señalado. Mientras tanto, seguirán atendiendo con normalidad durante la temporada de primavera–verano. “Nosotras vamos a continuar esta temporada normal y si alguien se interesa seguirá y si no habrá que cerrar”, ha añadido, sin dramatismos, pero con la realidad bien clara.

En la tienda trabaja junto a ella Marian Gironés, su empleada de confianza. Tiene 59 años y lleva nada menos que 32 años en Cachemir. “Yo también empecé jovencita con Mari Carmen y con su madre. Estábamos las tres y ahora estamos las dos mano a mano”, ha contado. Ella también vive el momento como un cambio de época: “Llevo también casi media vida”. Y, pese a la experiencia, descarta ponerse al frente: “No cojo el relevo por mi edad. No me animo. Lo dejo a otras generaciones y a ver si hay suerte”.

La historia de Cachemir viene de lejos y en el barrio la conocen de sobra. La tienda la abrió en 1977 la madre de Mari Carmen, Carmen Echenique Oscoz, “hace casi 50 años”. En sus inicios ni siquiera era una lencería: empezó como una tienda de lanas Phildar, y aún hay clientas que la recuerdan por ese nombre. “Ella era tejedora en casa”, ha explicado Mari Carmen, que también ha repasado cómo fueron aquellos primeros pasos.

El negocio arrancó en “el rincón de la aduana”, donde vivían, y después se trasladaron a Sancho el Fuerte, con Carmen Echenique Oscoz tejiendo para clientas desde casa. Madre e hija compartían faena: “Yo estaba aquí vendiendo las lanas y ella era la que entendía”, ha relatado Mari Carmen, que se curtió allí desde adolescente.

El giro llegó “hacia el año 1985 o 1986”, cuando cambiaron a la lencería y empezó la etapa que hoy sigue viva. “En esas estamos con la segunda generación”, ha resumido. Pero no habrá tercera. “Nadie va a seguir el negocio. Ni sobrinos ni sobrinas. Mi hijo, Borja Montero, se dedica a otra cosa y ha llegado la hora de jubilarme”, ha explicado.

Mari Carmen también ha recordado que coincidió trabajando con su madre durante años y que ella se jubiló con 72 años, después de una vida larga de actividad. “Estuvo mucho tiempo activa. Es toda una vida”, ha señalado, antes de insistir en que el cierre no sería solo bajar una persiana: sería despedirse de algo que empezó en familia.

El anuncio del posible adiós lo están llevando “con bastante pena”. “Es cerrar algo que lo inició mi madre y eso me da más pena todavía”, ha confesado. En parte, por lo que representa el comercio en el barrio, y en parte por la relación con la clientela. “Tenemos amistades de muchos años con clientas, con hijas y hasta nietas de las primeras clientas”, ha destacado.

Además, las dos miran alrededor y entienden el contexto: en San Juan “todas las lencerías han ido cerrando estos años” y ellas se han quedado “prácticamente” como las únicas. Por eso siguen viendo posible el traspaso. “No es comenzar desde cero. Tenemos el producto y también los clientes”, han defendido.

Si aparece alguien decidido, Mari Carmen tiene claro que no se desentenderá de un día para otro. “Yo desde luego le ayudaría. Estaría totalmente disponible un tiempo para presentarles a los proveedores y a los clientes. Sería una continuación”, ha asegurado, con la esperanza de que Cachemir no sea “otro comercio menos” en el barrio.