• viernes, 23 de enero de 2026
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COMERCIO LOCAL

Aurelio anuncia el cierre de su tienda de alimentación en Pamplona: "No entiendo que no la coja gente de aquí"

No está hablando de una aventura a ciegas. “Es muy rentable porque yo vivo de esto y tengo una empleada”, ha indicado. 

Aurelio Pérez en la tienda alimentación Garijo en la calle Padre Calatayud 7 de Pamplona. Navarra.com
Aurelio Pérez en la tienda alimentación Garijo en la calle Padre Calatayud 7 de Pamplona. Navarra.com

El pamplonés Aurelio Pérez Ramos ha empezado a buscar relevo para su negocio, la tienda de alimentación Garijo, después de 42 años dedicados a la fruta y la verdura en Navarra. “Es ideal para una pareja”, ha señalado sobre un traspaso que quiere hacer con calma y con tiempo para enseñar el oficio.

La tienda Alimentación Garijo lleva 60 años abierta en el mismo sitio: calle Padre Calatayud 7, en el segundo Ensanche de Pamplona. La abrió María Marijo y la continuaron sus hijos, Míkel y Lucía, hasta que se jubilaron hace diez años. En ese momento entró Aurelio como una especie de “tercera generación”, aunque no sea de la familia. Está pegada al bar Besos Robados dedicado al cantante Loquillo.

Él mismo ha puesto en contexto su historia: “Llevo diez años, pero ya son 42 años desde que empecé a bajar a comprar fruta a Mercairuña”. Ha recordado que empezó en Irunlarrea en 1984 junto a su mujer, María José Ruiz. Después han pasado por Abejeras durante 15 años, más tarde han trabajado 17 años en Sancho el Mayor, y desde hace diez años ha mantenido el negocio en Padre Calatayud.

Ahora, el calendario le aprieta. “En septiembre cumplo los 65 años y ya estoy pensando en dejarlo cuando surja alguien”, ha explicado. Su idea ha sido que los nuevos dueños entren con margen: “La idea es que para abril o Semana Santa estar con los nuevos, ayudarles, enseñarles y luego dejárselo”.

Aurelio ha insistido en que no está hablando de una aventura a ciegas. “Es muy rentable porque yo vivo de esto y tengo una empleada”, ha indicado. Según ha explicado, el punto fuerte es una clientela hecha y “muy buena, que no mira precios”. En el mostrador, ha contado, manda la calidad: “Se trabaja mucho la verdura limpia al vacío. Hay todo tipo de conservas selectas de miel, aceite… es gourmet, de calidad”.

Al echar la vista atrás, ha descrito un oficio duro, pero agradecido. El balance de estos 42 años “es muy positivo. He trabajado mucho, una barbaridad. Siempre me ha gustado”. Aunque ya no baja tanto como antes a Mercairuña, ha explicado que mantiene el contacto con el mercado y los proveedores: “Ahora bajo algún día, pero ya tengo proveedores que me conocen”. También ha apuntado un cambio que se ha consolidado desde la pandemia: “A raíz de la pandemia casi todo se hace por reparto”.

En su relato aparece una preocupación que se repite en muchas calles: cada vez quedan menos comercios pequeños. “Cada vez quedamos menos fruterías pequeñas”, ha lamentado, y ha añadido que le cuesta entender por qué no aparece relevo local. “No entiendo que no lo coja gente de aquí. Además, es cómodo porque solo abrimos a las mañanas, de 8 a 14 horas. Hay que trabajar y madrugar como cualquier trabajo, pero con las tardes libres”.

El relevo tampoco ha llegado por casa. “Tengo tres hijos, Ibán y Carla que son profesores y Rebeca que es matrona”, ha detallado. “Ya cada uno se dedica a su trabajo. Tienen sus carreras. Aquí vienen de visita”. Ha contado que el mayor, Ibán, ha trabajado dos años con ellos, pero luego ha hecho Magisterio y lo ha dejado. “Tengo tres nietos y medio”, ha añadido.

Sobre los cambios en el sector, Aurelio ha puesto ejemplos concretos: “Gente nacional no se anima. Las fruterías que se han traspasado en los últimos años las han cogido gente de fuera, salvo excepciones como la frutería Kiko y la frutería Baratza”. Y ha repetido su oferta para quien entre:

“Es un negocio rentable donde estoy con ellos dos meses para que aprendan y les enseño las cuentas sin problema. Si una pareja se anima sale adelante sin problema”. Para él, el problema es la falta de continuidad: “Es una pena porque están cerrando muchas tiendas y no hay continuidad. Yo soy del 61, hice la mili y me lancé y llevo 42 años, y mal no me ha ido sacando adelante a los tres hijos con sus carreras”.

En la tienda trabaja también Estefanía García Arlegui, de 42 años, que lleva con Aurelio “desde que tuvo la tienda en Abejeras, igual hace 18 años”. Es de Obanos, vive en Larraga y ha explicado que hace el viaje a Pamplona cada día, pero que no quiere quedarse el negocio: “No quiero coger el relevo. No me conviene. No me viene bien. Ahora mismo no”. Ha añadido su motivo principal: “Son muchos kilómetros en carretera y prefiero buscar algo más cerca de casa en Tafalla o en Estella cuando venga el relevo en la tienda o cuando se cierre”.

Mientras Aurelio mueve el traspaso, el negocio ha seguido ganando buena fama entre los clientes. Las reseñas en redes sociales han sido muy positivas. Una destaca: “La mejor frutería del barrio, trato amable y cercano. Fruta y verdura de muy buena calidad y fresca. Venden verdura limpia que está exquisita”. Otra resume: “Productos de calidad. Trato muy amable”. Y una tercera remata: “Calidad, atención, limpieza, repetiré”.

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