Una persiana de las de siempre, de las que suenan a comercio de barrio y a trato de tú a tú, ha seguido marcando el ritmo del día en el valle del Baztán, situado en el norte de Navarra a 50 kilómetros de Pamplona. No ha sido un local de paso: ha sido de esos sitios donde se entra a por unos zapatos y se sale con una charla, un consejo y, muchas veces, con la sensación de haber acertado.
Esa persiana es la de Calzados Virgilio, en Elizondo. La zapatería permanece abierta desde 1922 en la calle Santiago 36, en pleno centro del pueblo, y ha superado el siglo de vida con una historia familiar detrás y muchas horas de mostrador.
Ahora están al frente Isabel González Arrijuría y su marido, Paco Alzugaray. Isabel representa la tercera generación de la saga, después de su abuelo Virgilio González Lacabe y de su padre Eusebio González López, dos nombres que han quedado ligados a la tienda desde sus inicios.
“Tengo 59 años y soy la tercera generación de la familia en la tienda. Vivimos aquí en el pueblo”, ha contado Isabel, poniendo cifras y raíces a un negocio que ha crecido con Elizondo. Y al tirar del hilo, explica cómo arrancó todo: “Empezó el aitatxi (abuelo) cuando todo era manual y los zapatos se hacían en talleres a medida. Luego se trajo de fábrica…”.
En su caso, la continuidad ha sido también aprendizaje a pie de calle. “Yo llevo aquí 36 años. Coincidí muchos años con mi padre en la tienda”, ha recordado, situando una etapa compartida que ha servido de puente entre generaciones.
Dentro del local, la oferta es amplia y muy de “resolver”. Tienen calzado para hombre, mujer y niños, y han completado el surtido con complementos: bolsos, mochilas, mochilas de monte, cinturones, paraguas, carteras y hasta palas de madera para jugar a pelota en el frontón.
También conviven varios estilos bajo el mismo techo: calzado deportivo, de tiempo libre y de monte, además de modelos para folklore vasco, una línea muy ligada a la tradición de la zona y a lo que suele pedir la gente que vive —o visita— el valle.
Isabel reconoce que vender ya no es como antes y que el comercio pequeño ha tenido que apretar los dientes. “Los comercios pequeños tenemos que luchar mucho y han cambiado las formas de vender. Está internet y hay que adaptarse”, ha señalado, describiendo un terreno que ha cambiado de golpe en pocos años.
Esa adaptación, cuenta, ha llegado con rachas. “Aquí estamos con temporadas peores y mejores pero se sale adelante. Es lo que nos toca”, ha afirmado, con el mismo tono realista con el que suele hablar quien lleva décadas viendo pasar inviernos y veranos tras el escaparate.
El día a día lo sacan adelante con un equipo corto. “Estamos tres personas trabajando a jornada completa y da para vivir, a veces más y a veces menos”, ha explicado. Y añaden que han mantenido lo esencial: “Tenemos zapato de hombre, mujer, de deporte, de monte y complementos y seguimos vendiendo palas y pelotas de siempre para el frontón”.
La gran pregunta, como en tantos negocios históricos, ha sido qué pasará después. El posible relevo generacional ha seguido en el aire: “El hijo mayor está estudiando aquí y aún no sabemos lo que va a decidir. Él decidirá, pero mantener esta tienda de más de cien años es algo muy bonito”.
En ese mismo punto, Isabel pone el foco en lo que cuesta sostener un comercio así. Ha recordado que en el pueblo han existido muchas tiendas antiguas, pero que cada vez es más difícil que alguien dé el paso. “Tenemos horario partido y es todo el día. Llegó a haber cuatro zapaterías y ahora quedamos dos”, ha explicado, marcando el cambio con una cifra clara.
Sobre la jubilación, mantiene el listón en el “cuando toque”, sin dramatizar. “Se decidirá cuando toque y cuando llegue a disfrutar de la jubilación tras atender a la gente lo mejor posible y solucionar sus necesidades”. Y deja abierta la posibilidad del cierre si no hay continuidad: “Si no hay nadie que siga el negocio se cerrará y no pasará nada”.
El entorno también ha cambiado. “Ahora hay más turismo que antes y más visitas”, ha comentado, y lo ha ligado al tirón natural del valle: “Se nota que viene mucha gente y el Baztán es bonito. Al que le gusta un poco de monte hay lugares preciosos y la gente saborea mucho eso”. Además, ha apuntado otro detalle: “Hay un clima suave en general que ayuda mucho”.
En lo personal, Isabel habla con cariño del oficio, aunque sin venderlo como un camino fácil. “A mi me encanta mi trabajo. Hay días que te vas contenta a casa y otros en los que sufres un poco”, ha confesado. Y describe por qué tantos jóvenes se lo piensan: “La gente quiere trabajar en otras cosas. Esto es muy atado y hay jóvenes que no quieren seguir el trabajo de los padres y aquí hay que estar toda la semana”.
Las opiniones de clientes en redes sociales han reforzado esa imagen de tienda con género y trato cercano. Una reseña ha destacado: “Tienen mucho calzado, muy bonito, relación calidad muy bueno. Y la atención de su dueño muy buena, da gusto el trato del comercio local. Recomendable”. Otra ha escrito: “Calzado súper original y a buen precio. ¡Dueños muy amables!. Gran descubrimiento de esta zapatería en el corazón de Elizondo”, y un tercer comentario ha resumido: “excelente trato y precios”.