Olga y José Mari, la pareja que mantiene vivo su negocio centenario de pastas en un pueblo de Navarra
José Mari Vidaurre Escalera y su pareja, Olga Garde Yoldi, representan la cuarta generación de un negocio familiar en Olite, una de las localidades navarras más turísticas, que ha superado el siglo de historia. Entre hornos, chocolate y recetas heredadas, mantienen una elaboración artesanal que ha convertido sus dulces en todo un clásico de la localidad.
Se trata de Pastas Vidaurre, una empresa cuyos orígenes se remontan a 1910 con el abuelo Agapito y que comenzó dedicada a la elaboración de pan. Con el paso de los años, la familia dejó atrás la panadería para especializarse en pastas, repostería y otros productos dulces.
Entre sus especialidades destacan las trenzas artesanas, las tortas de txantxigorri, las mantecadas, las rosquillas y las tartas artesanas. A ellas se han sumado con el tiempo los chocolates, las pastas de té, las tejas, las magdalenas y los helados artesanos durante los meses de verano.
José Mari Vidaurre, de 55 años, tiene muy claro cuáles son los productos que mejor representan la historia familiar. “Lo más característico, lo que nos viene de cuna de la generación de los abuelos y de mis padres, fue que dejaron la panadería y se dedicaron a las pastas”, explica.
Fue entonces cuando comenzaron a comercializar algunos de los dulces que todavía siguen preparando. “Hacían el txantxigorri, las mantecadas caseras y una rosquilla fresca casera. Lo que mantenemos es la rosquilla frita y la torta de txantxigorri”, señala.
La apuesta por la elaboración artesanal se puede comprobar nada más entrar en el establecimiento. Una gran cristalera situada detrás del mostrador permite contemplar el obrador y observar cómo trabajan quienes elaboran diariamente los productos.
“La idea es que la gente que entra en la cafetería vea que estamos trabajando. Se trata de transmitir la artesanía”, asegura José Mari. Una filosofía que también se refleja en los ingredientes. “Utilizamos limón, canela de verdad, naranja... No hay conservantes ni aromas. Comes lo que ves y por eso las caducidades son más cortas”.
Olga Garde Yoldi, de 60 años y vinculada al negocio desde hace cerca de tres décadas, recuerda que la historia de Pastas Vidaurre está estrechamente ligada a la propia vida de Olite. “Somos una empresa familiar y los orígenes se remontan a 1910. Empezaron como panaderos y hacia 1960 comenzaron a hacer pastas”.
Aquellos primeros años dejaron también una curiosa tradición. “Las mujeres del pueblo tenían un montón de recetas y venían a un pequeño obrador a Casa Vidaurre para elaborar lo que necesitaban”, recuerda Olga. Algunas de aquellas recetas han sobrevivido hasta la actualidad, como la tradicional torta de txantxigorri.
La oferta se ha ampliado notablemente desde entonces. “Hoy tenemos pastelería, chocolates, pastas de té que vuelan, mantecadas, rosquillas artesanales, tejas y magdalenas. Son productos que no llevan conservantes. La gente quiere producto de calidad y recién hecho”, explica.
Durante el verano, uno de sus grandes reclamos es también el helado artesano, coincidiendo con los meses en los que Olite recibe a miles de visitantes. La actividad turística tiene un peso especial para un establecimiento que lleva casi un cuarto de siglo en su ubicación actual después de haber estado anteriormente en el centro de la localidad.
Y la historia familiar puede tener todavía muchos capítulos por delante. Su hijo Ion ya trabaja junto a José Mari y Olga y continúa formándose y perfeccionando elaboraciones. De consolidarse ese relevo, se convertiría en la quinta generación de Pastas Vidaurre. Para sus padres, poder mantener así un negocio que comenzó en 1910 sería, sencillamente, “un orgullo”.