80 años dando pedales: el secreto de la tienda de bicicletas más antigua de Navarra para seguir triunfando
Rufino Hernaiz Goicoechea lleva 48 años con las manos metidas en el mundo de la bicicleta y, a sus 65, no piensa bajarse del sillín. Este navarro, natural de Alsasua y vecino de Mutilva, mantiene muy viva su tienda de venta y arreglo de bicicletas en Pamplona y lo dice sin rodeos: “No me quiero jubilar”. “Me gusta lo que hago y estoy bien físicamente. Quiero seguir”, sostiene.
Su negocio, la tienda de bicicletas Goi Contini, está en la calle Monasterio de Urdax 23, en pleno barrio de San Juan en Pamplona, a un paso de locales conocidos como el bar Danubio y el bar Le Mans. Allí, entre herramientas, cámaras y repuestos, Rufino sigue atendiendo a diario a una clientela que valora, sobre todo, la rapidez y las soluciones.
La historia familiar viene de lejos. Su padre, Jesús Hernaiz Colmenero, arrancó en 1944 en Alsasua junto a un socio, Julián Letona. Más tarde, en 1955, se separaron. Y en 1968 llegó el golpe: la moto y el coche ganaron terreno, el sector se resintió y el negocio tuvo que cerrar. Aun así, la familia no tiró la toalla. Nueve años después, ya en Pamplona, retomaron la actividad y volvieron a levantar el proyecto.
Rufino empezó a trabajar con sus padres y continuó hasta que ellos se jubilaron. Su padre lo hizo en 2000 y su madre, Gregoria Bibiana Goicoechea, en 2003. Fue entonces cuando decidió seguir por su cuenta. “He continuado porque me gusta el sector y lo conozco y me desenvuelvo bien”, explica. En esa etapa contrató a su hermano y a sus hermanas. También se incorporó su hija, Sandra, que entró en 2014 y estuvo hasta 2018.
En ese camino llegó un cambio importante. Cuando cerró Deportes Albero, Rufino dejó la tienda de Mutilva para que la gestionaran su hermano y su hija, y él se trasladó a la actual ubicación en San Juan. Desde allí, insiste, no se ha planteado poner punto final.
“Yo tengo ahora 65 años y no me jubilo”, recalca. Se ve con fuerzas y asegura que sigue afrontando reparaciones de todo tipo: “Me puedo enfrentar a cualquier bici siempre que haya repuestos”. También subraya que ha sabido adaptarse a lo nuevo.
“Soy capaz de evolucionar hacia nuevas técnicas, me siento bien físicamente y, sobre todo, me encuentro muy a gusto con la clientela que tengo y en el lugar donde estoy”, afirma. Y añade: “No sé lo que aguantaré. Me atrevo con todo tipo de bicis que no son tan distintas a las de antes”.
Rufino sostiene que el negocio tiene historia suficiente como para figurar entre los veteranos del sector. “En origen, desde hace 80 años, creo que somos la tienda más antigua de bicis en Navarra”, señala. Y, aunque defiende que se puede vivir de este oficio, matiza dónde está la clave. “Se puede seguir viviendo de este negocio. Por supuesto. De lo que no se puede vivir es de la venta de bicicletas. El arreglo es lo que te deja dinero”, apunta.
Por eso, en los últimos años ha asumido una filosofía muy práctica. “Desde hace unos años considero que compren la bici donde quieran y yo se la arreglo, que es ingreso desde que entran en la tienda”, explica. Sus números lo avalan: hace al año entre 2.000 y 2.500 reparaciones y, como resume, “me saco el jornal bien”.
Las reseñas de clientes en redes sociales refuerzan esa imagen. Una de ellas destaca: “Un sitio muy profesional y rápido. Gente super amable y te solucionan los problemas muy rápido!!!. Muy recomendable!!”.
Otra va más allá y pone nombre propio: “Rufino, el dueño, es un gran profesional y una gran persona. Intenta dar soluciones a los problemas. Busca que el cliente aproveche al máximo su bici en óptimas condiciones. En otros talleres he visto ansia viva por cambiarte piezas carísimas o bici nueva de trepicientos mil euros”.